“El Señor Es…”

Provengo de una familia clase media-baja, más baja que media, nieta de abuelo italiano llegado a Argentina después de la Primera Guerra Mundial, hija de padres honestos y trabajadores. Mamá ama de casa, papá laburante bohemio.

En casa siempre se le dio mucha importancia al estudio y, paradójicamente, jamás me controlaban si hacía los deberes o si estudiaba y tuve mucha libertad en ese sentido así que yo estudiaba si/cuando tenía ganas y nunca se me impartió o sugirió qué carrera debía seguir.

Sin embargo, en algunas familias suele haber cierta presión para que el hijo siga alguna carrera universitaria y a veces el énfasis está puesto en obtener un título para ser llamado por tal.

“Doctor” “Doctora”, “Licenciado” “Licenciada”, mis respetos.

Pero al crecer y salir al mundo y empezar a conocer gente fuera del protector ámbito del colegio, empezás  a notar muchas veces que tener cultura, tener educación y tener estudios no es garantía de que una persona sea respetable.

He conocido algunos “doctores”, “licenciados” de toda índole (de leyes, de medicina), que eran casos increíbles. Hasta el día de hoy a mí no me entra en la cabeza cómo una persona que ha estudiado en una universidad, donde se requiere no sólo inteligencia sino también disciplina, sean capaces de ser crueles y desalmados con su exterior, con su familia o con la gente con la que trabaja.

Personas que son ventajeras, que denostan a su prójimo para sentirse unos encumbrados pero que ponen en evidencia lo pequeño que son como seres humanos.

No puedo entender cómo hay gente que no le da importancia a su nombre sino a su título, a la forma de llamarlos. Más que imponer respeto, eso es imponer una distancia no horizontal sino vertical: el poseedor del título arriba en un pedestal; vos, persona que sólo tenés un nombre, abajo.

Tampoco puedo entender que una persona con estudios sea a veces el ejemplo de cómo no comportarse socialmente: gente que grita, que insulta, que molesta, que no deja vivir.

Qué tremendo, de qué te sirvió estudiar? Entre los muchos libros que leíste, nunca leíste por casualidad algún libro de urbanidad o de buenos modales? O de cómo tratar a los demás?

Sé jugar el juego de los títulos, de todas formas. Si uno está en un ambiente donde sí valen porque te da cierta jerarquía o porque es un puesto que te ganaste, juguemos al juego de llamarte por lo que lograste ser gracias a la universidad.

Pero si se falta el respeto, ahí no hay título que te inmunice. Mostraste la hilacha: tendrás el diploma más lindo y el promedio más alto pero como persona, tenés un aplazo.

 Siempre que voy a la playa, me acuerdo de este ¿chiste?