Cookies Adictivas

 Lindas y ricas.

Ayer esperaba a mi primo Sergio y no tenía nada con qué convidarlo (o buscaba una excusa para cocinar) y encontré en un libro de cookies estas galletitas que me parecieron rápidas y fáciles de hacer. Lo único que pudiera complicarlas es el tener que usar una manga pero si no querés o no te animás, te sugiero humedecerte un poco los dedos, tomar una pequeña porción de la masa y sobre la placa darle forma.

Se cocinan en unos 10-15 minutos y estos son los ingredientes:

175g manteca blanda
50g azúcar
1 yema
175g harina común, no leudante
1 cucharada jugo de limón o naranja o de leche

Procedimiento

– Encender el horno a 190°C

– Batir la manteca con el azúcar hasta que se haga una crema.

– Agregarle la yema y el jugo o la leche y seguir batiendo.

– A continuación, agregar la harina de a poco.

– Queda una masa un tanto pegajosa y con la ayuda de una espátula, ponerla en una manga con boquilla grande.

 Yo usé boquilla tamaño 1M, de Wilton.

Para no enchastrarte las manos ni que se caiga nada mientras tratás de poner la masa en la manga, aquí va un truquito:

Ponés la manga adentro de un recipiente alto y sacás lo que sobra a los costados. 

Así es más fácil. Y comenzás del centro hacia afuera.

Hice unas de tamaño pequeño para comer de un bocado.

Y otras un poquito más grandes.

Como dije, se cocinan súper rápido y cuando están frías, son lo más rico que hay porque sentís que se derriten en tu boca.

Y probás una y no parás!

El Culto A La Carroza

Me enteré de que mañana se re estrena la película Esperando La Carroza en versión digitalizada, remasterizada… mejorada, bah. Es un film realizado en 1985 y en Argentina es de culto porque es reverenciada, aplaudida y disfrutada, no importa las veces que la veas.

No creo haber conocido a nadie que no le guste. Es que nos refleja tal cual somos a pesar de que ya no se ven tantas familias así. A lo mejor me equivoco pero eso sentí la última vez que la vi por enésima vez.

Por lo menos, de mi familia de cuando yo era chica, tiene muchas cosas, como hablar a los gritos, enojarse y decir lo que pensamos sin filtro… Me recuerda a mis tíos y tías, muchos de los cuales ya no están, a los primos, a conocidos y a las reuniones familiares.

Yo, por ejemplo, me identifico con Susana de Musicardi. Creo que si me hubiese tocado vivir la vida de esta chica, tendría las mismas reacciones.

Por ejemplo, acá. Cuando grita y cuando le ofrecen las masitas!

Pero AMO el personaje de China Zorrilla. AMO. Amo a la China y amo el personaje. A la actriz por haber desarrollado tal personaje (aunque viniendo de China Zorrilla no me sorprende, por su talento) y al personaje porque tiene tanta riqueza, por la forma de hablar, de arrastrar las palabras, de reaccionar, de mirar, de GRITAR!!!

Acá se ve la famosa frase “Yo hago puchero, ella hace puchero.”

La película es memorable no sólo por los actores que son excelentes y por lo bien que han compuesto los personajes sino por los diálogos y ciertas escenas.

La escena preferida de Ale, con su frase de cabecera. “Tres empanadas”

Muchos nos sabemos frases de memoria y si se te ocurre pausar la peli en un momento determinado, sabemos recitar lo que dice el personaje a continuación.

El sábado vi un un reportaje a algunos de los actores y comentaban que la película es graciosa, te hace reír pero a la vez muestra un costado desesperante, el de la vieja, Mamá Cora. Y que es interpretada por un hombre, Antonio Gasalla, porque si hubiese sido una viejita de verdad, daría mucha pena.

Es que la peli muestra reacciones, diálogos y actitudes que te dan vergüenza ajena y, lo queramos admitir o no, alguna vez hemos dicho, hecho o fuimos testigos de alguna reacción, diálogo o actitud similar.

De todas maneras, celebro que se vuelva a estrenar y espero que muchos vayan a verla.

Como escribí más arriba, hay frases y escenas memorables y estoy segura de que vos las tenés tambien. Cuáles son?

Acá hay una lista completísima de las frases más famosas por personaje.

La Ropa Interior

Concatenando con el Día de la Madre y a raíz de haber pasado un poco de la mañana acomodando y doblando ropa, aquí me pongo a escribir sobre la ropa interior.

Hacía varios días que no ponía las cosas en su lugar. Yo tengo la costumbre de lavar la ropa, colgarla y cuando se seca, la doblo y la dejo sobre una silla y ahora que leo esto, me doy cuenta lo fiaca que soy: Qué me cuesta guardar todo inmediatamente después, en un cajón? Bueno, pues, me cuesta.

Como la pila sobre la silla amenazaba con caerse, hoy resolví guardar todo y entre la ropa doblada, encontré una pila de bombachas y corpiños limpios. Los guardé y me pregunté por qué tengo taaaaaanta ropa interior.

Ok, sí, una se cambia todos los días y acá no es tan caro comprar pero por qué esta costumbre de que cada vez que estoy por hacer un viaje más o menos largo, voy y me compro ropa interior?

Haciendo click acá verás qué talle tenés según el país.

Creo que viene de la costumbre de mi mamá (que estoy segura que tienen todas las madres y me pregunto por qué) de decir siempre que antes de salir, hay que bañarse y cambiarse la ropa interior “por si uno llegara  a tener un accidente, uno no puede tener la ropa interior sucia”).

Me acuerdo que cuando me preparaba para ir a Bariloche de viaje de fin de curso, no teníamos un mango pero mi mamá se las ingenió para comprarme un montón de bombachas, corpiños y dos piyamas y yo me preguntaba para qué tanto gasto en eso, “yo me quiero comprar un buzo, un jean, una campera…” Pobre, pero limpita!

Y se ve que algo me marcó!

Pero he notado que hay gente que adora comprarse ropa interior, ya sea para darse un gusto, un regalo, un mimo. Y disfrutan verdaderamente buscar diseños en particular, algún color, etc. Sé también de muchas que enfermizamente se ponen el corpiño y la bombacha del mismo color o del mismo diseño. A mí particularmente me gusta la de color blanco y de algodón. No te salgo de ahí. Si tengo de color es porque me la han regalado.

A pesar de que no soy muy ordenada, soy medio obsesiva con una pequeña cajonera de tres cajones donde en el primero guardo los corpiños, en el segundo, las bombachas y en el tercero, las medias. Y este cajón es el más ordenado. Las tengo mononamente dobladas, nada de hacerlas un bollo. No he llegado al extremo (todavía) de guardarlas con almohadillas perfumadas, en cajitas, en bolsitas…

Y en tu caso, cómo es tu actitud con la ropa interior?

La Madre No-Madre

Acabo de leer algo muy lindo que escribió mi amiga Fabiola sobre el Día de la Madre.

Ella escribió sobre aquellas muchas mujeres que conoció en su vida, nos sólo su mamá sino su abuela, la madre de una amiga, sus amigas que son mamás y también incluyó a aquellas que no somos madres porque no hemos tenido hijos pero que ella considera que somos madres lo mismo.

Me puso una sonrisa en la cara porque yo no seré madre-que-ha-parido pero me siento y me he sentido mamá de muchos niños: mis sobrinos, (los más chicos por la diferencia de edad), los hijos de mis sobrinos mis vecinos, mis alumnos, mis primos más pequeños, los hijos de mis vecinos, los hijos de mis primos, los hijos de amigos, los hijos de cualquiera, de cualquier niño que me he cruzado en el mundo y se ha acercado a mí  a hablarme en su idioma, a  darme un poquito de atención o una flor.

Obviamente nada se compara con ser madre pero creo que ser y sentirse madre va más allá de parir o adoptar o no parir o no adoptar un niño.

Desde que fui más o menos grande, cada vez que saludaba a mi mamá con un Feliz Día de la Madre, mi mamá también me saludaba igual, a pesar de que nunca me preguntó ni me pidió un nieto. Mamá me dejó ser.

Ser así como soy: Madre no-madre pero con mucho cariño para dar.

Feliz Día para todas.

Tú me acostumbraste

Londres, tú me acostumbraste…

– a que nada se pospone por la lluvia.

– a no tener tanto frío.

– a olvidarme de buscar monedas para viajar.

– a sonreír a extraños si se cruzan las miradas.

– a hablar bajito en público.

– a entender que no es un drama que llueva.

– a no saludar con besos a extraños.

– a pagar cualquier monto con tarjeta de crédito.

– a disfrutar del invierno.

– a dejarme la mochila en la espalda.

– a disfrutar de un día nublado.

– a ver las estrellas a las 5 de la tarde en invierno.

– a salir de noche sin mirar para los costados.

– a tomar café.

– a ser menos tolerante con el sol.

– a entender y respetar a la monarquía.

– a entender y respetar a todos.

– a no desconfiar del diferente.

– a disfrutarte.

Aprender A Desprenderse

A los meses de fallecer mi suegra, estuvimos nuevamente en Argentina y acompañé a Ale en el proceso de desarmar la casa. Ya casi todo estaba organizado, sólo faltaba clasificar, guardar, donar o regalar objetos. Muchos objetos. Muchísimos objetos.

Ale siempre protestó sobre la costumbre de su mamá de comprar, acumular y guardar. La baulera explotaba de valijas llenas de perfumes, jabones, regalos, carteras, ropa, zapatos, vajilla, adornos y la casa de mi suegra era un mini museo por la cantidad de objetos con más de 100 años de historia.

Cuando terminaron con todo el proceso, Ale me hizo ver el por qué de su reparo al cúmulo de cosas y a que yo, salvando las distancias, tenga la misma costumbre: comprar algo y/o guardarlo para más adelante. Ale me explicaba que no sirve de nada llenarse de objetos que ocupan lugar y que, en definitiva, no los terminás de disfrutar.

Yo siempre entendí lo que me decía pero ante la evidencia, lo sentí. Sentí que realmente es esclavizarse más. Por lo menos, yo sentí que para mí es esclavizarme más.

Sin embargo, no sé si he cambiado de parecer tan radicalmente. Sí me ayudó a reflexionar sobre mi relación con los objetos y a replantear aquello que tenía como un sueño o un objetivo: una gran y hermosa biblioteca de libros leídos.

Porque mis objetos más preciados siempre han sido los libros que he leído, no por el hecho de lo costoso del libro en sí (que ninguno lo es) sino porque me dan identidad. Y ahí es está la cuestión: los objetos que te dan identidad. Uno se aferra o retiene o atesora aquello que le da identidad, ya sea porque le pertenecieron a alguien de tu familia o porque te lo regalaron o porque significó mucho para vos por tal o cual motivo.

En mi caso, me dí cuenta que endilgarle a un objeto una historia o identidad propia era esclavizarme a algo que ocupa lugar, que hay que cuidar so riesgo de sufrir si se llegara a perder.

Entonces un día, tomé unas tres cajas llenas de libros, me anoté sus nombres y me desprendí de ellos. Los llevé al subsuelo donde está el sitio de reciclaje y los apilé y los dejé, deseándoles en silencio una segunda vida con alguien que los disfrute como yo los disfruté.

Así los dejé.

Subí y al rato tuvimos que bajar con Ale a tirar la basura y me asomé a ver cómo estaban:

 Ya había pasado alguno, se ve…

Y sentí que estaba observando algo mío ahí como abandonado pero al mismo tiempo sentía que estaba bien, fue una etapa cumplida y era hora de seguir.

Al día siguiente bajé y miré otra vez y ya no estaban.

Desde ese día es que estoy intentando leer algo en el Kindle y no lo logro. Tengo que acostumbrarme a la idea de leer una tablita, una cosa. Es difícil. Es todo un proceso. Me parece que le voy a comprar una cubierta así por lo menos descansa entre mis manos como si fuera un libro.

Es un gran cambio y a pesar de que todavía ando bloqueada para la lectura, no pierdo las esperanzas. Para empezar, me siento un poco más liberada y más liviana. No siento que me faltara algo y yo sigo siendo yo, más allá de una parte material que ya no poseo.

Esqueletos De Chocolate

 Para comer sin miedo!

A mí me encanta Halloween. Me encantaba celebrarlo con mis alumnos (hacíamos una fiesta en un salón y nos disfrazábamos y organizaba juegos) y me encantó aquella única vez que vinieron niños a mi puerta, aquí, a pedir golosinas. Después me mudé y como vivo en departamento, no viene nadie!

Me da pena que sólo sea un día y encima, como yo no tengo chicos, no tengo a quien malcriar!

Sin embargo, eso no quita que me guste la celebración y para esta época siempre me doy un gusto Halloween.

No lo pensé dos veces cuando vi este cortador de galletitas:

Es un Hombrecito de Jengibre pero con el esqueleto marcado.

El reverso.

No quise hacer la receta típica de la masa del Hombrecito de Jengibre. Quise hacerla de chocolate para que el contraste con la decoración sea más notorio

Elegí esta receta pero les recomiendo otra que contenga menos manteca si van a hornear con niños. Esta masa es muy delicada, hay que dejarla más de media hora en la heladera y amasarla cuesta si toma temperatura ambiente.

Ingredientes

170g de harina común
85g de cacao en polvo
1 cucharadita de canela en polvo
170g de manteca a temperatura ambiente
170g de azúcar fino
1 huevo grande, batido

Procedimiento

– Prender el horno a 180°C

– Mezclar y tamizar los ingredientes secos.

– Batir la manteca con el azúcar hasta que se incorporen ambos ingredientes.

– Agregar el huevo batido.

– Agregar de a poco, los ingredientes secos.

– Cubrir la masa con plástico adherente o meter en una bolsa de nylon y enfriar por media hora o un poco más hasta que esté firme.

Recomiendo amasar la masa con un grosor de unos 5mm o un poquitín más.

Una vez que están cortadas, apoyar sobre una fuente.

Recién ahí hay que marcar el esqueleto porque al tener que presionar, la masa se expande

Como la masa tiene mucha manteca, se puede llegar a pegar al dibujo del esqueleto así es mejor espolvorear con harina el molde.

Hornear unos 6 minutos y dejar enfriar.

Cuando los esqueletitos estén fríos, hacer un glas con azúcar impalpable con jugo de limón o agua.

Elegí hacer un glas con jugo de limón para un buen contraste de sabores.

 No sé si se aprecia, pero son galletitas grandes!

 Me dicen quienes los comieron que salieron ricos. Yo como me estoy cuidando, miré y olí.

Pero quedé contenta con este primer resultado!

5 Días En Lanzarote

All of nature, wild and free,
This is where I long to be.

(La Isla Bonita – Madonna)

El rojo de la tierra. El negro de la lava petrificada. El blanco de la espuma de mar. La isla de  Lanzarote puede resumirse en estos tres colores.

Pasamos 5 días en esta isla que forma parte de las Islas Canarias, archipiélago que se caracteriza por su temperatura anual promedio de 23°C y muy pocas lluvias pero no bien pusimos un pie en tierra, empezó una tormenta tremenda, que nos acompañó durante el trayecto que hicimos desde el aeropuerto hasta el hotel!

Los días siguientes fueron cálidos, unos 27°C o un poquito más y algo nublados, lo cual para nosotros estuvo bien pero pensábamos que si nos gustara pasar días enteros en el mar tomando sol, nos hubiese agarrado una rabieta de aquéllas.

Así que estuvo bueno para explorarla bastante y disfrutar del paisaje alrededor.

Alquilamos un Mini descapotable, mi primera vez en un auto sin techo!

Llegamos a Costa Teguise y nos alojamos en el Hotel Meliá Salinas, un hotel blanco con mucha naturaleza interior. Al hacer el check-in con el recepcionista, pensábamos que él era chileno pero al hablar con otras personas, comprobamos  que todos hablaban así y notamos que el acento español de aquí no es tan marcado como el que escuchás en Barcelona o Madrid, aquí se pronuncia suavecito.

La entrada al hotel.

 Un cartel para recibirme.

Jardines y murales por César Manrique.

Cuando paró un poco la lluvia, salimos a almorzar y luego sí dormimos algo porque nos habíamos levantado a las 4 de la mañana en Londres ya que el vuelo partía a las 7 de la mañana, más o menos.

Comí  calamar a la plancha, mi plato favorito español con patatas rotas, típicas canarias.

Después de la siesta fuimos a ver la pileta del hotel, que tiene agua salada, no porque lo experimentara, sino porque me lo dijeron.

La pileta o piscina.

Y luego, a cenar.

Qué tramposas son las tapas: uno las ve ahí, en inocentes pequeños platos y poca cantidad y uno pide y pide pensando que no será suficiente pero llenan mucho! Después no sabés cómo terminarlas!

 Perdón Laurita, pero una de esas tapas es conejo.

Al segundo día sí fuimos a conocer las playas de San Juan y Famara. Hacía mucho que no veía el mar azul. Me dí cuenta de que me gusta más mirar el mar que escucharlo. Aunque me mojé un poco los pies

La última foto la elegí porque parezco feliz pero me estoy quejando del frío!!!

Fue muy lindo surcar Lanzerote por sus rutas negras y lisitas. Por cualquier costado que miraras, veías los volcanes, mudos por suerte. La última vez que hubo actividad volcánica en Lanzarote fue en 1824 pero a los pies de ellos encontrás evidencia de los ríos de lava petrificados.

 Hermoso.

 Lo que termina de embellecer el paisaje son las casitas blancas que contrastan tan bien.

Al día siguiente decidimos conocer la obra del artista César Manrique, que es como conocer la isla. La muestra es en donde él vivía, su casa originalmente diseñada y decorada por él. Yo nunca vi algo tan lindo, tan ecológico, tan “naturaleza”, ya que él aprovechó el terreno natural como las cuevas y coladas de lava para construir su morada. Muchos de los ambientes se crearon aprovechando burbujas de lava.

 La entrada.

 Tiene piscina.

Además todos los ambientes tienen luz natural, ya sea por los grandes ventanales o por agujeros que hay en los techos.

Este ventanal se erigió sobre una “lengua” de lava petrificada.

Los livings.

Los pasillos.

Parilla, quincho y pileta: Me mudo hoy.

El patio próximo a la salida.

Todo Lanzarote respira la obra de Manrique. Hizo muchas obras para embellecer su lugar al que él denominaba la isla más linda del mundo. Son famosos sus “juguetes del viento”, esculturas con movimiento.

Los encontrás donde quiera que vayas! Hermosos!

Luego nos dirigimos a Mirador del Río, desde donde se tiene una hermosa vista de los atardeceres.

 Ahí se puede divisar la costa de la isla La Graciosa.

 Atardeceres plateados.

De allí, a los Jameos del Agua.

“Jameo” en Canarias es un nombre que se le da a unas cuevas naturales provocadas por la lava. Estos jameos fueron intervenidos por Manrique y te deja sin palabras, no se puede creer que haya un lugar tan bello!

Se puede tomar o comer algo. Se ve un espejo de agua.

Es un lugar de en-sue-ño!

Pasearlo fue un encanto porque además de estar muy bien ambientado con las luces, la música que se escucha en todo momento es esa música como la que pasan en los spas (no sé cómo se llama ese estilo, perdón!!).

Se suben y bajan muchas escaleras para acceder a diferentes terrazas donde hay restaurants o bares o una exposición de arte. Todo está apenas iluminado pero se siente muy bien.

Otro de los tantos bellos rincones.

Me dio pena ver poca gente. Pensé que a lo mejor es muy visitado durante el día; o que tal vez, como se trataba de un día de la semana, habría pocas… Pensaba que si acá hubiera un lugar así, estaría a full todos los días por la cantidad de eventos que se hacen en Londres!

Al día siguiente visitamos el mercadillo en Teguise. Si no fuera por las casas de alrededor y las callecitas (me recordaban un poco a Colonia, Uruguay), no se distingue mucho de otros mercadillos, a mi entender.

 Lindas callecitas y casas.

Salvo alguna que otra curiosidad:

 Una serenata invertida. 

Un señor que recortaba tu perfil en papel.

El paseo que siguió estuvo genial: Fuimos al Parque Nacional Timanfaya, un parque de origen volcánico. Estuvo muy bueno e interesante el paseo porque son kilómetros y kilómetros, muchas subidas, muchas bajadas y no hay acceso para los autos. Entonces cuando llegás, estacionás y te tomás un micro que te lleva a los lugares de interés.

Se ven los caminos cruzando este desierto de lava petrificada.

Me encantan los colores terrosos!

A la hora de la tarde teníamos hambre y fuimos a otra playa, Playa Blanca. Almorzamos sobre una terraza mirando el mar.

 La playa de Playa Blanca.

Nuestro último día en Lanzarote lo paseamos con más naturaleza: visitamos la Cueva de los Verdes, formada hace unos 5000 años. Aquí te acompaña un guía pero que te indica que la cueva es muy fácil de explorar y que uno la puede hacer a su ritmo pero obviamente tenés que entrar y salir con el mismo guía y nunca hay más de dos grupos visitándola simultáneamente.

 El paseo dura alrededor de una hora. Ni te das cuenta.

Es una cueva muy misteriosa y de allí partís con un secreto. Si quieren saber qué, vayan. Y partirán igual que nosotros, con un secreto…

Para terminar, nos quedaba de paso el pueblo muy apropiadamente llamado Charco del Palo: se trata de un pueblo nudista. Fuimos para la hora de la siesta, vimos el mar que es muy bonito, el día estaba muy ventoso. Es muy surrealista ver caminar por las calles gente desnuda pero, eso sí, con sombrero y anteojos de sol!!!

 Las calles y casas del pueblito.

Una especie de pileta natural.

Este ha sido entonces, nuestro viaje a Lanzarote, la isla bonita de verdad. Les recomiendo visitarla, sobre todo a las personas con inclinación artística, tanta belleza natural inspira verdaderamente.

“El Señor Es…”

Provengo de una familia clase media-baja, más baja que media, nieta de abuelo italiano llegado a Argentina después de la Primera Guerra Mundial, hija de padres honestos y trabajadores. Mamá ama de casa, papá laburante bohemio.

En casa siempre se le dio mucha importancia al estudio y, paradójicamente, jamás me controlaban si hacía los deberes o si estudiaba y tuve mucha libertad en ese sentido así que yo estudiaba si/cuando tenía ganas y nunca se me impartió o sugirió qué carrera debía seguir.

Sin embargo, en algunas familias suele haber cierta presión para que el hijo siga alguna carrera universitaria y a veces el énfasis está puesto en obtener un título para ser llamado por tal.

“Doctor” “Doctora”, “Licenciado” “Licenciada”, mis respetos.

Pero al crecer y salir al mundo y empezar a conocer gente fuera del protector ámbito del colegio, empezás  a notar muchas veces que tener cultura, tener educación y tener estudios no es garantía de que una persona sea respetable.

He conocido algunos “doctores”, “licenciados” de toda índole (de leyes, de medicina), que eran casos increíbles. Hasta el día de hoy a mí no me entra en la cabeza cómo una persona que ha estudiado en una universidad, donde se requiere no sólo inteligencia sino también disciplina, sean capaces de ser crueles y desalmados con su exterior, con su familia o con la gente con la que trabaja.

Personas que son ventajeras, que denostan a su prójimo para sentirse unos encumbrados pero que ponen en evidencia lo pequeño que son como seres humanos.

No puedo entender cómo hay gente que no le da importancia a su nombre sino a su título, a la forma de llamarlos. Más que imponer respeto, eso es imponer una distancia no horizontal sino vertical: el poseedor del título arriba en un pedestal; vos, persona que sólo tenés un nombre, abajo.

Tampoco puedo entender que una persona con estudios sea a veces el ejemplo de cómo no comportarse socialmente: gente que grita, que insulta, que molesta, que no deja vivir.

Qué tremendo, de qué te sirvió estudiar? Entre los muchos libros que leíste, nunca leíste por casualidad algún libro de urbanidad o de buenos modales? O de cómo tratar a los demás?

Sé jugar el juego de los títulos, de todas formas. Si uno está en un ambiente donde sí valen porque te da cierta jerarquía o porque es un puesto que te ganaste, juguemos al juego de llamarte por lo que lograste ser gracias a la universidad.

Pero si se falta el respeto, ahí no hay título que te inmunice. Mostraste la hilacha: tendrás el diploma más lindo y el promedio más alto pero como persona, tenés un aplazo.

 Siempre que voy a la playa, me acuerdo de este ¿chiste?

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