Los Sueños, Sueños No Son

Nunca me hubiese imaginado ni me imaginé la vida que vivo, cómo la vivo, con quién la vivo y dónde la vivo. Cuando una es una niña y adolescente romántica, tiene sueños de cómo será su vida futura y todo está más o menos estructurado: una casa, un marido (ah, sí, siempre hay un marido) y unos niños. Una vida bastante previsible, parecida a la de los padres.

A los 18 años trabajaba y estudiaba y descubrí que había otras cosas para hacer, más allá de planear casarse: me enteré de que existían los viajes educativos a Londres. Lamentablemente, no podía pagarlos ni mis padres me podían ayudar y quedó como una ilusión, un sueño que no podría cumplir. De todas formas, yo seguí trabajando y estudiando.

Para los 23 años, trabajaba bien en mi casa, tenía muchos alumnos y si quería algún caprichito, me lo compraba pero la mayoría lo ahorraba para comprar libros y materiales para mi lugar de enseñanza. Pero me dí cuenta de que me alcanzaba para pagarme un viaje de estudios a Londres. Y comencé a averiguar.

Ahorré todo ese año y me lo pagué! Mi primer viaje al exterior! Primera vez que me subía a un avión a los 24 años!

Estuve un mes estudiando en un college en Saffron Walden, cerca de Cambridge. Me compraba lo que veía, más que nada material para la enseñanza; a mi hermana menor le compré un sinfín de regalos, al novio de turno también, a mi familia, a su familia… Era como poder acercarles un poquito del lugar maravilloso que estaba visitando y hacerles saber lo feliz que estaba.

1994 en Convent Garden. Allí compré mi primer sombrero.

Al poco tiempo de volver, hubo una fiesta familiar y hablando con el esposo de una prima que viajaba mucho, me preguntó cómo me había ido. Le comenté que genial, que estuvo todo bárbaro y me dijo “Vas a ver que a partir de ahora no vas a parar de viajar” “Noooooo,” respondí incrédula. “No, ya está, ya viajé, ya hice el viaje que quería, ya está…” “No, no. Vas a ver. Una vez que empezás…”

Cuál era mi idea de joven mujer con novio? Próximo paso, casarse. Ya está, ya viajé, ahora a casarse.

Pues no. El marido de la prima tuvo razón.

Ese mismo año la vida como la conocía cambió para siempre: falleció mi hermana, hice un viaje a Brasil con el novio al año siguiente y al otro, todo voló por los aires: chau novio, chau vida previsible, chau cordura.

Y me fui a Estados Unidos un mes,  a pasear. Qué más quedaba hacer si estaba sola, trabajaba y ahorraba y tenía el apoyo moral de mis padres? A viajar!

A partir de allí, se sucedieron los viajes, con novio si lo tuviera, si no, sola; sí, sola, por supuesto, quién lo hubiera imaginado, no? (Aunque sí, alguna vez me parece haberlo imaginado…)

Y cuando menos lo esperaba, conocí a Ale a quien también le gusta viajar y explorar. (Y por suerte no es de los hombres que prefieren estar panza arriba en una playa!)

And the rest is history…

Hay días como hoy en que recuerdo todo lo que yo soñaba y a pesar de que soy más bien pesimista con los pequeños acontecimientos del presente, siempre me imaginé contenta en el futuro.

Y mi presente, este presente que nunca fue un futuro imaginado, me encuentra contenta y satisfecha, a pesar de las pérdidas, a pesar de las ausencias.

(“Crucemos los dedos,” me susurra la fatalista)