Fin De Semana En Venecia

 Venecia y los dos.

Creo no haber estado en un lugar tan romántico y tan mágico. Habrá coincidido con que era nuestro décimo aniversario de casados que mis ojos veían belleza en cada rincón de Venecia?

Me parece que no, porque al ver las fotos una vez que llegamos, comprobé que Venecia es realmente hermosa, no importa si lo ves con ojos de enamorada o con ojos de viajera.

Llegamos el viernes a la noche muy tarde y en el aeropuerto Marco Polo tomamos un micro que en 20 minutos nos dejó en la terminal Piazzale Roma, donde nos tomamos un vaporetto que cual colectivo, tenía distintas paradas a lo largo del canal y en una bajamos nosotros solos y caminamos unos pocos metros en total soledad hasta dar con el hotel donde nos alojamos.

Porque Venecia es mágica de muchas formas y una de ellas es ésa: Caminás por una callejuela totalmente vacía, silenciosa, puede ser que te cruces a una persona, un niño en bicicleta o unas palomas y al doblar ves que cruza otra calle y esta vez bulliciosa, con turistas que caminan de un lado a otro, con negocios que ofrecen souvenirs y restaurants promocionando menúes de turistas.

“Perdeos por las calles de Venecia,” me sugirió Pity y éso fue lo que hicimos. Hay muchas pequeñas galerías de arte, museos, iglesias pero preferimos aprovechar los dos días de paseo para caminar y conocer la ciudad desde afuera.

Habíamos comprado una guía que sugería tres itinerarios, Venecia en 1 día, Venecia en 2 días, Venecia en 3 días. Nos alcanzó el tiempo para hacer los tres y hasta para una siesta reparadora el sábado porque el calor y el sol que hacía era, para nosotros, muy fuerte.

Después de desayunar, emprendimos la marcha cruzando el Ponte dell’Accademia.

Desde donde tenés esta vista.

Y del otro lado.

De allí caminamos maravillándonos con los diversos puentes que cruzábamos, todos bonitos, todos originales, todos distintos.

 Algunos de los tantos preciosos puentes.

Llegamos a la iglesia Santa Maria della Salute, construida en 1630 como agradecimiento a la Virgen María luego de que una plaga que azotó la ciudad haya terminado con un tercio de la población.

Santa Maria della Salute.

Es toda de mármol, por adentro es hermosa e incluso tiene un cuadro pintado por Tintoretto.

A unos pasitos se encuentra La Dogana da Mar, antigua aduana del siglo XVII y hoy es un centro de arte.

Este edificio se encuentra el la punta más extrema de Venecia y casi llegando al vértice hay una bella estatua de un niño llamada “Niño con rana”.

 Atrás se ve el edificio La Dogana Da Mar.

Está permanentemente custodiada por un policía para cuidar que nadie se apoye o toque esta hermosa obra de arte de 2.5m de altura, de hierro blanco, construida en 2009.

El policía cuidando.

De allí fuimos al Peggy Guggenheim Collection, antigua casa de la heredera americana quien murió en 1979 dejando a la ciudad su vasta colección de arte y la de su esposo Max Ernst. Se entra como quien entra a un hermoso jardín privado y hay algunas obras afuera pero lo bueno está adentro pero para eso hay que desembolsar €14.

Pero con este día? Y después de haber almorzado!?!?

Habíamos almorzado un rato antes en un restaurant literalmente sobre el canal. Comer afuera, comprobamos, es muy caro. El hecho nomás de sentarte y que te sirvan encarece lo que en otro lado podés comprar y comer mientras caminás.

Bueno, casi. Lo que sucede es que comida para llevar podés comprar pizza, sandwiches de milanesa (sí! milanesas!), pizza arrollada, helados… Si querés comer alguna ensalada, pues al restaurant.

Por supuesto que la calidad es de lo mejor pero no vale lo mucho que cobran.

Oh, y en un lugar así no puede faltar el señor que toca música. El señor tocaba afuera del sector del restaurant y entró para pasar su gorra. Había estado tocando un popurrí turístico: unos cuantos tangos, That’s Amore, esa canción que dice “Brasil, Brasil” que bailamos los argentinos en toda fiesta haciendo el trencito y alguna otra más.

Pensamos que el señor era argentino o de otro país de América y cuando se acercó a nosotros y mientras le dábamos unas monedas, le dijimos que nos habíamos dado cuenta que había tocado muchos tangos y no nos entendió o entendió mal: creyó que le estábamos pidiendo que tocara un tango y ahí se despachó SOLO PARA MI, con La Cumparsita.

Exclusivo! Mi pequeño recital privado!

Claro que después tuvimos que pagarle otra vez!!

Pues después del Guggenheim dormimos una siesta reparadora que necesitábamos realmente. Nos hemos acostumbrado al clima templado y cuando hace mucho calor que para otros es normal, para nosotros es casi insoportable!

A la tarde decidimos ir a la famosa Plaza San Marco. A esta altura nos habíamos dado cuenta de que haber comprado un pase de 48 horas a €30 cada uno para viajar en vaporetto no servía para nada! A todos lados se llega caminando!

Entramos por la Piazzetta San Marco, donde se ven dos columnas sobre cuyas sendas cimas hay un león alado, símbolo de Venecia y la estatua de San Teodoro.

 Las columnas.

 Palazzo Ducale.

A la izquierda está la Biblioteca Marciana, del siglo XVI, que alberga manuscritos griegos y latinos. Y al final de este edificio está la Campanile, una torre a la cual se puede subir y se tiene una vista preciosa de la ciudad.

Biblioteca Marciana (adentro) y Campanile.

 Otra vista de la Biblioteca Marciana.

Domina la Piazza la famosa basílica San Marco que aunque en estos momentos estaba en reparaciones, se podía disfrutar de su exterior.

 Bellísima!

Y ahí nomás está la Torre dell’Orologio, preciosa torre con reloj que al marcar las horas salen unas estatuas que golpean una campana.

Torre dell’Orologio.

La Piazza San Marco propiamente dicha está rodeada por la Procuratie Nouve (siglo XVI) y la Procuratie  Vecchie (siglo XII) donde hoy en día, en estas hermosas galerías con arcadas, hay restaurantes, cafés y negocios de recuerdos pero también se encuentra el Museo Correr.

 Procuratie Vecchie.

Seguimos perdiéndonos por allí, estábamos siendo testigos del atardecer en Venecia, una vibrante combinación de naranjas y rosados que pintaban el cielo mientras nos acariciaban las brisas tranquilas del canal.

 El famoso Puente de Los Suspiros, que nada tiene que ver con lo romántico!

Según dice la leyenda, este puente conectaba la cárcel con el palacio donde los presos eran juzgados. Una vez que eran sentenciados, cruzaban el puente hacia la cárcel y en ese trayecto suspiraban al ver, por última vez, entrar el sol  por las pequeñas ventanas.
Y luego fuimos a cenar a un restaurant mono, para festejar nuestro aniversario. Durante la cena empezó a llover y a tronar como si se estuviese por acabar el mundo! Yo empecé a tener frío, estábamos cenando en una terraza con un techo muy bueno porque seguíamos secos pero eso sí, saqué mi saquito y fui feliz.

Restaurant La Terrazza.

Por suerte, para cuando terminamos de cenar, ya había dejado de llover y quisimos retornar a la Piazza para verla con las luces encendidas.

Bueno, algunas luces encendidas!

Así que caminamos un poco más y nos fuimos a dormir porque al otro día había que levantarse temprano para hacer el check-out.
Al día siguiente, tomamos por fin el vaporetto porque donde íbamos a ir estaba un poco alejado aunque podríamos haber accedido caminando sin problemas pero iba a  ser más rápido ir por agua.

Mientras sacaba fotos.

Caminamos primero por unas callecitas casi desiertas que dieron paso a una muchísimo más transitada y por esa zona llegamos al Campo di Ghetto Nuovo.
Este sector era donde antiguamente los judíos tenían permitido vivir. Se entra por una especie de túnel de los que hay muchos en Venecia.

 Sotoportego de Ghetto.

Y te encontrás con unas dos antiguas sinagogas que por afuera, si no mirás con atención, no te das cuenta que lo son, sólo si mirás arriba y ves los vitraux.

Una de las sinagogas.

Hay unos cuantos pequeños negocios donde mayormente se venden menorah y artículos para bat y bar mitzvah.

Oficina de turismo.

También está el museo al lado de otra sinagoga y por la hora que era no pudimos esperar al siguiente tour que empezaba en una hora.
Estuvimos en la plaza sacando algunas fotos.

También nos metimos en una calle tan angosta como una persona, donde se podía ver el hacinamiento en que se vivía: las puertas muy bajas (más bajas que nosotros!) y ventanas muy pequeñas.

 
La calle.  Ahora está linda y limpita.

Con qué nombre, verdaderamente!

La plaza.

Y mientras estábamos en eso, un chico, en inglés, lo llama a Ale y le pregunta si es judío. Cuando Ale dice que sí, se acerca y nos pregunta de dónde somos y cuando supo que éramos de Argentina, llamó a otro chico que era argentino y se nos acercó, le dio la mano a Ale y se excusó conmigo porque él es ortodoxo. Para mí estaba todo bien pero a Ale no le cayó bien pero como era muy simpático nos quedamos charlando.

Tanto él como el anterior le insistían a Ale de que pasara a una especie de museo donde podía orar por la paz y a la vez le ofrecían la vestimenta y sacarle una foto, cosa que a Ale no le atrajo en lo más mínimo. Así que después de charlar un rato de unas y otras cosas más, nos despedimos y seguimos nuestro camino.
Nos volvimos a perder por las callecitas, a estas horas ya con el sol de la siesta impiadoso sobre nuestras cabezas pero estoicos seguimos aunque Ale ya estaba medio mareado!

Caminando por ahí.

Llegamos a la zona del Ponte di Rialto que es un enjambre de turistas. Ves hordas y hordas, la mayoría siguiendo a un guía o muchos otros escuchando mp3 de visitas guíadas, podés darte cuenta que muchos han bajado de los cruceros por el día.

 Llegando los turistas.

El puente está atravesado por una sucesión de dos filas de negocios de recuerdos y se lo puede caminar a un lado o al otro. A ambos lados del canal hay cantidades de restaurantes, la mayoría te tienta con sus precios pero a las promociones hay que mirarlas con cuidado: no te incluyen el precio del cubierto y muchas veces el precio que ves es si comés adentro, no afuera.

Sobre el puente y los negocios de un lado y del otro.
Ponte di Rialto.

Nosotros almorzamos en un restaurant donde nos pareció lindo comer al costado del agua y pudimos disfrutar de unas milanesas de pollo cuando habíamos pedido de carne. Pero qué importa cuando tenés hambre y son milanesas!

Y el postre! Yo con sweater porque a la sombra siempre tengo frío!!

Después del almuerzo seguimos con la caminata pero a esta altura mi organismo pedía café. Estaba en la tierra correcta pero no quería volver a sentarme. No encontré en ningún lugar un Starbucks, sinónimo de pedir un café para tomarlo mientras caminás.
Hasta que llegamos a un lugar donde milagrosamente encontramos una cafetería muy moderna y donde sí, efectivamente, vendían café to go.

Placer! Y monono! Me dieron esa cucharita y platito para que revolviera el azúcar antes de irme!

Compramos algunas cosas hasta que volvimos a ver que estaba atardeciendo y a Ale se le antojó un helado. En busca de ese helado tan famoso según habíamos leído, caminamos por otros lugares muy bonitos.

 Atardecía.

Veredicto de Ale: muy bueno.

Ale tomó su helado mientras nos sentamos en un banco de la plaza y observamos niños jugando a la pelota, andando en bici y disfruté del momento.

Tranquilos y relajados…

Emprendimos la vuelta, teníamos que ir a buscar las valijas.
Y con la casi noche en mis ojos, me despedí de Venecia.

Ciao Venezia! Ci vediamo presto!

Estoy preparando un segundo post sobre Venecia sobre, entre otros temas, la comida y los souvenirs y dónde y qué comprar porque la diferencia de precios es notoria!