Québec Día 3

El día anterior, que vimos al Château Frontenac tan lindo y tan único, decidimos averiguar si se lo podía visitar ya que Rod nos había dicho que hacían tours guíados por el interior del hotel.

Nos dijeron que en octubre último se habían suspendido, que ya no se hacen más. Nos adentramos un poco más y vimos que los domingos ofrecían brunch en el restaurant del hotel, Le Champlain.
Los llamamos a los chicos y a la mañana siguiente fuimos a disfrutar del menú y del lugar.

Los cuatro!

El restaurant es muy señorial y muy marrón y dorado. Me recordó a ese estilo americano de principios del siglo pasado, donde los espacios eran por demás amplios.

Nos sentamos a la mesa que habíamos reservado previamente y nos dijeron que para servirnos del buffet teníamos que ir a otro sector pasando por un pasillo y allí es donde encontrabas para comer lo que quisieras cuantas veces quieras.

Dos mesas dulces, una para niños y otras para grandes y parte del buffet.

La comida era muy rica, bien hecha y había mucha variedad. Si te servís porciones pequeñas de cada cosa, la verdad es que podés degustar de casi todo y no caer desmayado!

Al finalizar el brunch, caminamos por el lobby del hotel, sacando fotos de diferentes rincones.

El salón donde estaba el buffet y diferentes rincones del restaurant.

La entrada, el lobby, una araña y subidos a la escalera.

Luego de volver cada uno a su casa para cambiarse, volvimos a encontrarnos para hacer una excursión a la Île d’Orléans.

Se trata de una isla que se la conoce como “The Garden of Québec” o “El Jardín de Québec”, ya que su suelo es muy fértil y la producción de frutos y vegetales es cuantiosa. También hay tambos y se produce sidra de forma artesanal.

Chloé nos contó que también uno puede adentrarse a diferentes campos y recolectar frutos y luego se lo compra al peso.

Habrá sido el calor o el estar cansados, pero la recorrimos en auto mayormente aunque bajamos un rato.

Subimos a un mirador y pudimos sacar algunas fotos.

El mirador.

Casitas y campo.

Chloé prefirió quedarse remoloneando abajo!

Se pueden ver muchas casas muy bonitas, ideales para sentirse Laura Ingalls!

Después de conocer la isla, volvimos a cruzar el río por el puente que habíamos tomado antes, largo y finito y llegamos a las Montmorency Falls, una especie de mini catarata.

Mini de tamaño por lo ancho pero de alto y caudal es bastante importante. Mide 84 metros de alto y curiosamente, son 30 metros más alta que las Cataratas del Niágara y en invierno el agua se congela y la gente puede escalarla.

 Montmorency Falls.

Rod y Chloé nos dejaron a la entrada y nos tomamos un cablecarril.

El cablecarril.

Cuando llegamos arriba, los chicos ya nos estaban esperando y fuimos por un puente desde donde se tenía una vista espectacular de la catarata.

 Sí, estamos ahí arriba!

Este tercer día fue de más contacto con la naturaleza y la pasamos muy bien… a pesar del calor!