Cuando Se Pierde La Magia

El sábado a la noche.

Los que venimos de zonas de Argentina donde no nieva nunca, nos fascinamos cuando cae nieve y, sobre todo, cuando vemos el paisaje nevado.

Idealizamos Bariloche, ciudad ícono de la nieve, a donde acudimos afónicos de tanto cantar y gritar en el micro cuando vamos de Viaje de Egresados.
La verdad es que la nieve da al paisaje más encanto. Tapa el césped mal cortado o los senderos de piedras irregulares. Contrasta lindo con los colectivos colorados y con los árboles verdes y los chicos con sus padres hacen muñecos de nieve.

Todos contentos y felices.

Pero la nieve cansa. Cansa cuando deja de nevar y queda todo blanco. Se va la magia al diablo cuando esa nieve tan pompona se endurece y da paso al hielo y a la escarcha en los senderos.
Tenés que tener cuidado cuando caminás para no irte de jeta al piso. Tenés que estar atento a que anden los trenes y los subtes y rezás que no se largue a nevar cuando estás trabajando porque no sabés si volvés!

Es lindo que caiga nieve cuando estás de vacaciones y fuiste para esquiar. No es tan lindo cuando vivís en un lugar donde cae nieve regularmente aunque en Londres suele nevar una vez por año bien fuerte y por ahí nieva dos o tres veces pero suavecito.
Por eso por ahora festejo que haya nevado el sábado a la noche solamente. Porque, bueno, convengamos que ese día no viaja tanta gente a trabajar. El domingo, ayer no nevó. Hoy y esta semana espero que tampoco.

Que siga la magia… pero para el que le guste!

El domingo a la mañana.