De Repente, Diez Años

Como indica el excelente informe multimedia de Clarín, después de asesorarlo sobre el discurso del estado de sitio, Antonito se tomó un avión hacia Miami para encontrarse con Shakira.

Era el año 2001. Hacía calor y, como todas las noches, ya habíamos cenado y estábamos viendo tele. Estábamos esperando el inicio del programa Después de Hora, que veíamos todas las medianoches, ese programa con el cual no comulgábamos ni ideológica ni políticamente pero lo veíamos lo mismo, tenía cosas interesantes y a esa hora venía bien un buen resumen de noticias más humor.

Las ventanas estaban abiertas, yo estaba desparramada sobre el sofá, Ale chequeando algo en la computadora y de repente, comenzó la transmisión del discurso presidencial donde De La Rúa anunciaba el estado de sitio.

No recuerdo qué habré dicho en ese momento pero la frase “estado de sitio” me dio cierta incomodidad, por no decir miedo. También me había parecido ridículo tomar semejante decisión.

Luego del discurso, seguimos mirando tele pero al instante empezamos a escuchar ruidos. Ruidos irreconocibles. Ruidos que nunca habíamos escuchado antes y que no podíamos clasificar. Y cuando empezó el programa, supimos de qué se trataban: Cacerolazos.


Mirá, creo que todavía en ese momento no se usaba esa palabra. Pero los cacerolazos se multiplicaron esa noche y el programa se extendió más allá de su hora habitual y los demás canales comenzaron a transmitir en cadena todo lo que sucedía en Plaza de Mayo, en los barrios, en todos lados.

Nos fuimos a dormir y al otro día fui a Constitución a tomarme el tren para Quilmes. Gendarmes, policías…

El 20 a la tarde tenía la fiestita de fin de año con mis alumnos en casa. Vinieron poquitísimos. Las calles del barrio estaban vacías, los negocios, almacenes y supermercados pequeños estaban cerrados, se corrían rumores que venía una horda a saquear, que cuidado, que ésto, que aquello…

Por la tele vi los enfrentamientos, el humo, el gas lacrimógeno… Por la tele vi el siguiente discurso, el último, el casi desesperado llamado de unidad.

Por la tele vi al Mingo saludando que se iba del gobierno y de la vida de los argentinos.

Por la tele vi el helicóptero.

Pero en los días siguientes, en vivo y en directo, en carne propia y no por la tele, vi cómo el país se había estado deteriorando tan rápido!

De repente aparecieron los cartoneros por las calles; de repente veía nenitos descalzos y sucios por todos lados, pidiendo dinero.

De repente comenzaron a desaparecer las placas de bronce; de repente… se me cayó una noventosa venda de los ojos y dejó al descubierto el país en esqueleto.

El sueño había terminado.

Y vos qué te acordás?