Santo De Tu Devoción


Yo fui a colegio católico, me bautizó el padre Luis Farinello cuando era bebé, tomé la comunión a los 9 años pero mi “fe” se cortó abruptamente a los 16 años. Ya venía amagando a los 15 cuando todas las chicas iban al curso de Confirmación pero yo había escuchado a una hermana del colegio decir “si no lo sienten, no lo hagan”, y como no lo sentí, no lo hice.

Lejos de sentirme mal, cortar con las creencias religiosas en mí tuvo un efecto liberador y tranquilizador. Me siento bien desde entonces.

Pero sí noto que en épocas de desesperación, como cuando mi hermana estuvo muy enferma y mi viejo también, yo atino sólo a pedir a las personas que tienen fe, que recen o lo que sea, porque yo no puedo hacerlo, no me sale algo que no creo.

Sí creo en quienes creen y me he sentido muy reconfortada cuando aquellas personas prometieron rezar por mi hermana y mi viejo. Cuando fallecieron yo no sentí acercarme a una iglesia o a los sacramentos. Simplemente, acepté lo que sucedió y algunas veces estaré triste, otras los extrañaré, pero no tengo la necesidad de rezar.

Toda esta introducción, que no quisiera que entristezca el tema de este post, es porque hoy recordaba a una amiga que cada vez que se le perdía algo, ella invocaba o le rezaba (no sé cómo, pero lo hacía) a San Lino. Te puedo asegurar que las cosas aparecían enseguida!

Recuerdo que en el colegio, antes de una prueba, hacíamos un nudo en la corbata y decíamos “San Poncio Pilatos, la cola te ato. Si no me va bien en la prueba, no te desato”.

Y mi compañera de banco, Mónica, reforzaba sus buenas chances desplegando sobre el pupitre pequeñísimas imágenes de la Virgen del Valle, la patrona de Catamarca, de donde es oriunda su mamá.

De todas formas, era una maestra en copiarse y hacerse machetes así que le iba bien siempre, pero ver las imágenes de la Virgen a ella le calmaba un poco los nervios.

Un día mi hermana vino sorprendida contándome que estando en lo de nuestro vecino, uno de sus hijitos se había atragantado con algo y Loli, su papá, le golpeteaba la espalda diciendo: “San Blas, San Blas, si no te morís, te ahogás”, lo cual me dio mucha impresión…

De más grande te enterás que está San Antonio para pedirle un novio; San Ramón Nonato para pedirle un hijo y así debe de haber otros muchos a quien manifestarles la fe por algo en particular.

En tu caso, vos tenés un santo de tu devoción?