Quién Me Mandó?

Yo trabajo desde los 18 años. Al ser docente, paraba solamente durante las vacaciones escolares y de joven, me iba de vacaciones o aprovechaba para estudiar para los exámenes de marzo y cuando ya me recibí y daba clases en la UBA y en empresas, trabajaba en las vacaciones también.

El trabajo dignifica, Juan Domingo tenía razón. Sin embargo, fui criada con la idea de que en algún momento me iba a tener que casar y tener hijos, por lo tanto, iba a ser ama de casa de tiempo completo.

No le podía hacer entender a mi papá que de tener una familia, yo seguiría trabajando igual.

Al acercarme a los 30, cuando empezás a fantasear con que ya es hora de casarte y formar una familia, también te planteás si no estaría bueno quedarte en tu casa criando niños con amor, hacerles el desayuno, llevarlos a la escuela… Todo eso que ves en la tele, que hacen las madres flacas. (Porque encima, además de parir, tenés que ser flaca y radiante)

Pero una vez, una señora me dijo muy tajante: “Trabajá igual. Tené hijos, crialos, pero cuando empiezan la escuela, empezá a trabajar, porque si te quedás en tu casa, te embrutecés.”

Me quedé perpleja cuando me lo dijo. Hasta el momento nadie me había hablado así de lo que puede ser, para algunas mujeres, quedarse en la casa todo el tiempo, limpiando lo que se ensucia al día siguiente, lavando y planchando ropa que inevitablemente hay que volver a poner en el lavarropas, cuidando a los chicos, cocinar aunque no te guste, hacerlos comer…

Pero son puntos de vista, todo depende, me parece, del carácter. Hay mujeres que realmente han nacido con espíritu aventurero y por cosas de su época y de haberse casado en esa época, se han tenido que conformar con ser amas de casa y nada más.

Tengo dos tías que son un ejemplo de éso: Una es aguerrida, con carácter fuerte, leída, racional, discutidora, hubiera sido abogada sin dudas. Su hermana es creativa, artística, alegre… podría haber sido pintora, profesora de Artes Plásticas o actriz.

Sin embargo se casaron y criaron hijos y cuando fueron abuelas, siguieron en sus casas.

Salvando las distancias, cuando vinimos a vivir aquí, conseguí trabajo enseguida pero después de un par de años, decidí tomarme un tiempo y no trabajar. Tenía ganas de quedarme en casa.

Disfrutaba muchísimo de mi día: me levantaba, desayunaba, iba al gimnasio, almorzaba, hacía las compras, miraba tele, leía, escribía, cocinaba, limpiaba… Diría que disfrutaba de ser ama de casa.

Hay veces en que deseo volver. Extraño esa paz solitaria, el sentirme dueña de mi tiempo y no ser tan esclava del reloj y las obligaciones laborales.

Está mal?