Música Para Trabajar

Gracias a una especie de ascenso que tuve en el trabajo, ahora tengo mi propia oficina y es mi cueva. Todavía me falta ordenarla del todo porque es tanto el trabajo y responsabilidad que tengo que no he podido todavía dedicarle un tiempo para darle algún toque personal.

Uno de los placeres máximos que me puedo dar es escuchar música mientras trabajo. Intenté escuchar a Ari Paluch como siempre lo hago a la noche pero me distraen las noticias, este trabajo involucra números, números y números así que me decidí por bajar música al mp3 que usaba cuando iba al gym.

Me he dado cuenta que la música que mejor me acompaña a la mañana es la de los siguientes discos:

Frank Sinatra – The Reprise Collection.

Adoro a Frank Sinatra y comprendo por qué lo llaman “La Voz”. La claridad y perfección con la que canta son únicas y los clásicos incluídos en esta colección tienen la cadencia y ritmo perfecto para que la música te agrade sin distraerte.

Simply Red – 25 The Greatest Hits.

Me encanta él, me encantan las canciones y como el disco anterior, es muy agradable escucharlo como música de fondo. Su voz tan de él me calma. Y como compositor es genial.

Todo bien a la mañana.

A la tarde, después de almorzar, la cosa cambia.

Si no tengo muchos números para controlar y mis tareas tienen que ver con otra clase de control o alguna actividad que no insuma tanta concentración, escucho otros tipos de canciones, aquellas en que seguro, sin darme cuenta, las canto o cuyas letras o melodías me recuerdan a ciertos lugares o acontecimientos.

Por eso las elijo cuando no tengo que razonar tanto. Tener que lidiar con números y a la vez tu mente te trae imágenes de otros tiempos, atentan contra tu normal desempeño. Y una se distrae y prefiere rememorar que pensar. Bueno, a veces.

Empiezo con:

Kiss MTV Unplugged.

Este disco me trae recuerdos de cuando recién empecé a salir con Ale y nos íbamos algún fin de semana a algún lado y poníamos este disco para ir escuchando en la ruta. Se lo regalé yo y no me canso de escucharlo nunca. Para mí tiene el equilibrio perfecto entre rock potente y excelente acústica. Y mucha armonía.

Si estoy muy festiva, escucho a Madonna. El disco elegido es el Immaculate Collection, una recopilación de algunos de sus temas.

The Immaculate Collection.

Pero con estas canciones corro el riesgo de ponerme a cantar y no se puede torturar a la gente en el lugar de trabajo. Así que no lo escucho muy seguido.

Por último, este disco en particular, es el que más me gusta de la carrera solista de Sting y lo escucho cuando me siento relajada o tranquila.

The Dream of the Blue Turtles.

Adoro cada uno de sus temas, recuerdo cuando fue a Argentina a presentarlo, fue increíble. Este es el primer disco que sacó Sting como solista y de todos, el tema que no me cansaría nunca de escuchar es Fortress Around Your Heart. Es genial!

Por ahora, esta es la música que me acompaña. Tengo que bajar al mp3 la discografía de The Beatles y con eso creo que ya estoy.

Una compañera mía escucha música clásica, sinceramente, no he llegado a eso y no sé si realmente a mí me agradaría, para mí es importante escuchar la voz humana.

Y ustedes escuchan música mientras trabajan? O prefieren la radio?

Sueño Por Incumplirse

Siempre fui muy lectora y un sueño que albergo desde chica es tener un cuarto donde poner un sillón, una mesita, una alfombrita, un banquito para los pies y una bruta bibliotecota donde poner MIS libros.

Tengo mi biblioteca de toda la vida en Argentina, esa biblioteca de madera de pino donde están mis libros prolijamente apilados y por la cual cuando me decían “Wow, cuántos libros!” yo contestaba hinchada de cero modestia “Y todos leídos!”.

Mi papá dejó su biblioteca de madera de pino con estantes agregados ad hoc, llenísima de libros apilados no tan prolijamente, pero absolutamente todos leídos. Sé que esos libros me pertencen tanto materialmente como moralmente. Son MÍOS. Y sé que nadie me los reclamará.

Mis libros me dan identidad, cuentan mi historia, hablan de mis estados de ánimo en el momento de leerlos a través de lo que subrayé, no subrayé o por lo que escribía al costado como si estuviese dialogando con los protagonistas o el autor. Hay dibujitos de caritas, signos de admiración, flechas, círculos… de todo.

También tengo por costumbre escribir en la primer página la fecha de cuándo terminé de leerlo y en qué lugar me encontraba. Es fácil, en mi caso, tener coartadas!

Pero la vida me ha traído a este país y esta casa donde también hay una biblioteca pero muy pequeña y muchos libros guardados en cajas. Ya llevé unos cuantos a Argentina y estos otros están esperando su turno. Ale no entiende por qué no me deshago de ellos y me compro un Kindle como hizo él.

El Kindle.

Me hizo ver que el libro como artículo ya casi no tiene cabida en esta forma de vivir que todos estamos adoptando. Se vive con menos tiempo, con menos lugar, el futuro no se parece en nada al presente como pasaba con las otras generaciones. Hace 10 años nadie hubiera imaginado todos los juguetes electrónicos que hay hoy. Qué habrá dentro de 10?

Tiene razón con respecto a que el libro está quedando como obsoleto. Lamento reconocerlo, pero es así. De todas formas, todavía me resisto a condensar 1000 libros en un aparato que no tiene la vida propia que tiene un libro, desde el arte de las tapas, pasando por la clase de papel, el formato de letra y el olorcito a hojas amarillas.

El Kindle es práctico y lo llevás a todas partes. Pero una tablita gris y fría no reemplaza la calidez que sentís en tus manos cuando sostenés un libro.

Rebelión En El Placard

Cada vez que empieza una nueva temporada, me gusta ver qué se usa y siempre hay cosas que me agradan, otras que no y termino comprando ropa cuando paso por una vidriera y veo algo que me gusta o cuando digo “necesito algo” y voy a ver qué consigo.

Y cada temporada, cuando tengo que guardar la ropa de verano y sacar la de invierno o viceversa, descarto algunas prendas y las guardo en una bolsa para cuando vaya para Argentina.

Hace poco estuve haciendo eso justamente y descubrí que:

No sé cómo corno guardar los cinturones. Los cuelgo de los ganchitos de las perchas pero cuando quiero sacar uno tengo que sacar todos los anteriores! Y a la mañana estoy apurada, agarro el que necesito, me voy corriendo y dejo todo tirado! Un horror! Pero cuando me pongo a ordenar algo (de vez en cuando) me enoja tener que colgar los cinturones que inevitablemente voy a revolear por el aire cuando necesite alguno en particular.

Hasta ahora no he visto en ningún lado algo que lo solucione!

También descubrí que compro compulsivamente (por la cantidad que tengo) medias can-can (no sé cómo se dicen ahora ni cómo se llaman en otros países, te doy el inglés tights y una foto). Es una debilidad, pareciera. Las compro de color piel o negras, siempre opacas, hasta la rodilla o hasta la cintura y acá no salen caras. Te vienen en cajas de a 5 pares y siempre pareciera que tengo pocas.

En realidad, compro por las dudas, no sea cosa que se rompan y no tenga cómo reemplazarlas. Ese por las dudas ya me llenó un cajón de la mesita de luz y cuesta cerrarlo! Tampoco sé cómo guardarlas, las hago un bollo pero esos bollos ocupan mucho lugar!

El problema con los tops. Tops acá es una palabra que se usa para todo lo que te pongas arriba de la cintura. Camisas o blusas, bien, se planchan, se cuelgan. Con los tops, o sea, camisetas o lo que fuera, una las plancha y en mi caso, las guardo en un cajón. En una mañana me puedo llegar a probar como cuatro si a la noche o mientras me duchaba no decidí qué ponerme.

Para ir eligiendo, voy buscando de arriba hacia abajo y es incómodo! Y así como las medias, todo queda hecho un bollo!

Los zapatos. Me compré un organizador de zapatos para poner en el placard, debajo de lo que cuelga de las perchas. Al costado, puse bolsos y carteras. El problema son las botas. No hay forma de encontrar lugar y obvio que no entran en el organizador. Se me ocurre que la opción es ponerlas en cajas y apilarlas. Creo que hay un rinconcito en mi cuarto que pueda aprovechar.

(Quisiera aclarar que la foto es ilustrativa. Si ése fuera mi placard, no estaría escribiendo esto!)

La ropa que me saco: Tengo la costumbre que no bien llego de trabajar, me cambio y me pongo ropa y calzado más cómodo. No puedo cocinar ni comer con la ropa que traigo de afuera, siento que no me relajo. Entonces, la camisa o top va al canasto donde pongo la ropa para lavar. El pantalón, si lo usé más de dos días, también va para lavar. Me he acostumbrado a colgar el saco o tapado. Pero si el pantalón no está para lavar, dónde lo pongo!

Me gustaría tener un mueble o algo que suelen tener los hoteles para colgar el traje pero he buscado y no lo consigo! Sé que en inglés se lo llama suit organizer.

En fin, esta rebelión indomable en el placard es la que me inspiró este post. No sé si notaron que no me he quejado de Ale. Ale no tiene estos dramas, él combina pantalón, remera y zapatillas. Su vestuario es simple. No desordena. Dobla y ya.

Menos mal, no?

Crueldad E Indiferencia

Hay dos hechos que estos últimos días están dando vueltas por mi cabeza. Estoy tratando de poder razonar fríamente la naturaleza humana, tratando de entender el por qué de ciertas acciones y si hay alguna justificación para algunas de ellas.

Una fue la noticia sobre la caída y la muerte de Kadafi, sobre todo la forma en que murió, cómo el odio (totalmente justificado) hacia una persona (en este caso, un dictador) puede despertar en un ser humano ir más allá de sus instintos: llegar a torturar, vejar y matar a un semejante.

Estoy describiendo el hecho en sí y con esto no estoy diciendo “pobrecito Kadafi”, quiero que se me entienda.

El otro hecho que me tiene más conmovida es la noticia de la nenita china de dos años que fue atropellada por un camión y pasaron un montón de personas (incluso una madre con su hijo de la mano) delante de ella, mientras agonizaba en un charco de sangre y nadie se conmovió a ayudarla.

Lo peor fue que una segunda camioneta le pasó por encima de sus piernitas y al poco rato pasó una señora juntando cosas de la calle, que sí se conmovió y al tratar de ayudarla, la levantó como pudo.

Al ratito se ve que llegar a la mamá, quien la llevó al hospital. Si sos muy sensible, te adelanto que las imágenes son muy fuertes porque se ve claramente cómo fue el accidente y la no-reacción de los transeúntes. No sé qué duele más.

Yueyue (así se llamaba la nenita) murió en el hospital al otro día.

Y así como no puedo entender estas reacciones de crueldad e indiferencia de la que es capaz de tener un ser humano, prefiero quedarme con la reacción de total gratitud que expresaron los padres de Yueyue a la señora que auxilió a su hijita… Y creer que también es posible que un hecho tremendo despierte en otros sentimientos tan nobles como la gratitud y la comprensión.

Tarta Ganache de Chocolate

Hacía mucho que no cocinaba algo con chocolate y la excusa para retomar fue el viernes pasado cuando fuimos invitados a una cena. Para mí, que me inviten a comer es un doble festejo: no sólo porque me siento halagada sino porque es una oportunidad de cocinar y/o probar algo nuevo y compartirlo.

Me encantaría estar cocinando todo el tiempo pero quién come todo luego? Sobre todo porque lo que me gusta más es lo dulce y a Ale no mucho así que si sobra algo va a mi estómago… y a mis caderas!

Esta receta me gustó mucho porque no lleva manteca lo que significa que no es muy pesada. El sabor es contundente por la concentración de chocolate (semi amargo, mi favorito) y estimo que tiene muchas menos calorías que las tartas tradicionales que se hacen con manteca.

Y además lleva pocos ingredientes.

Ingredientes

1 base de tarta

175ml de crema

175ml de leche

240g de chocolate semi amargo (o el que te guste)

1 huevo

Procedimiento

– Muy importante, cocinar la base de tarta por unos 20 minutos y sacarla todavía estando blanca pero un poco cocida. Dejar que enfríe.

– Trozar el chocolate y dejarlo en un cuenco o bowl.

– Mezclar la crema y la leche en una cacerolita sobre el fuego y cuando rompa el hervor, sacar.

– Verterlo sobre el chocolate trozado y revolver con una espátula hasta que se combine bien y se haga una mezcla aterciopelada. Este método lo aprendí cuando hacíamos la ganache cuando trabajaba en la chocolatería Melt, en Notting Hill. Muchos hacen al revés, le agregan el chocolate a la leche, pero les recomiendo el método que utilizo, me parece mejor.

– Al principio de la mezcla, parecerá que nunca se logrará homogeneizar todo bien, pero paciencia y amor, sigan revolviendo suavemente y eventualmente la mezcla quedará así:


– Cuando se llegue a ese punto, seguir revolviendo despacito y suavecito hasta que baje un poco la temperatura, no tiene que estar muy caliente.

– Batir ligeramente el huevo en otro bowl y agregarlo de a poquito a la mezcla de chocolate. Agregarlo diría que de a chorritos finitos mientras se sigue revolviendo. Este paso es importante para que el huevo no coagule.

– Una vez que está todo combinado, verter en la base de tarta y llevar al horno por unos 15 minutos.

A punto de ir al horno pero antes…

Le puse este aro. Un accesorio que compré para que no se quemen los bordes de arriba de la tarta y todo se cocine parejo.

La tarta lista. La pueden servir así…

O así, con cacao en polvo esparcido.

Después me arrepentí, parece sucia… Pero es delicioso sentir el cacao al morder la tarta!

La base que utilicé estaba rica pero se quebraba un poco. Pueden utilizar la de chocolate que di en esta receta para una completa experiencia con chocolate. Eso sí, extiendan la masa por los costados del molde.

Traigan el cafecito!

Pólvora Y Chimangos

Me pregunto si los años te hacen menos gruñona, menos dramática o más estúpida porque a veces no sé si es que tengo mucha paciencia o comprensión o es que no me doy cuenta de lo que realmente significa lo que me dicen.

Pasa que cuando estás en un ambiente de muchos adultos (ya sea en la facu, el laburo, una reunión o… no sé!), tienen que haber ciertas normas de convivencia que hagan que todos se traten más o menos civilizadamente.

Siempre habrá alguno que desbarranque y diga esa frasecita, esa palabrita que te llega al hueso y te astilla y te parte en dos y vos tenés que seguir con cara de póker.

Tenés que seguir con cara de póker?

Muchos años fui muy sensiblera: cualquier cosa que me dijeran que podría sonar a reproche, burla o chanza para mí era un dolor terrible y no paraba de llorar, de sentirme mal, inútil, avergonzada y todos esos sentimientos feos que una tiene cuando no sabe defenderse o no está acostumbrada a ser maltratada.

Porque yo te lo tomaba como un maltrato.

Hoy en día, hay ciertos comentarios ácidos o frasecitas o palabritas que al principio me pueden calentar pero que al segundo, me resbalan! Y no lo puedo creer! No puedo creer que yo, tan llorona, virtualmente me encoja de hombros y encima piense: “Bueh, parece que hoy tiene un mal día…” o el maligno y digno “Lo tomo como de quien viene…”

Leyendo esto hace unos años hubiera pensado que era otra persona. Será que soy más tolerante? Será que los años hacen que no te calientes por nimiedades? (Es que encima eso, las considero “nimiedades”!)

Será la experiencia de haber conocido mucha gente y haber aprendido a tratarlos según su carácter? Será que una es más moldeable o maleable?

O será que una ya no tiene más ganas de perder el tiempo?

Me Chicago En Mr Beef!

Dice “On Orleans” porque está sobre esa calle.

Cuando vamos a algún lugar del mundo, Ale y yo queremos probar lo típico de esa zona o país y leemos algo antes dar con el lugar apropiado o les hacemos caso a amigos que vivan allí o directamente, miramos si algún restaurant está lleno de locales. Si están casi vacíos, señal de que lo que ofrecen no es muy bueno. Si están en lugar turístico lleno de turistas, mmmmh, es muy raro que entremos.

En nuestras últimas horas en Chicago, decidimos ir a un lugar típico llamado Mr Beef, donde lo que ofrecen es el Italian beef, un sandwich de carne cortada en pedacitos con alguna salsa a elección o con ají verde si querés, acompañado de papas fritas.

Cuántos premios, che!

El origen del Italian beef se dio entre los inmigrantes italianos que no podían comprar los cortes tradicionales de carne y al comprar los más baratos (por ende, más duros) los cortaban en tiritas, las asaban y luego las hervían.

Pues fuimos a Mr Beef.

Llegamos.

Al entrar, vimos el mostrador por un lado atendido por dos hombres y sobre la pared de enfrente, un montón de fotos enmarcadas de celebrities y de recortes de diarios y revistas alabando el sabor delicioso de este sandwich. Ya estábamos que se nos hacía agua a la boca.

Los cuadros de los celebrities.

Uno de los que atendían nos preguntó qué queríamos con un “What’s up, bud?” y Ale pidió uno con alguna salsa (no me acuerdo) y yo pedí otro sin salsa pero con un poco de ají.

Como allí había mesas de las altas, de las incómodas, y vimos que pasando una puerta había más lugar, decidimos ir.

Obviamente que lo de “elegant” me lo tomé con filosofía y humor.

A mí no me interesa cómo está decorado un restaurant mientras sea cómodo, en la medida de lo posible, y limpio. Así que si es un lugar humilde o no, me importa poco.

Una mesa laaaaarga con bancos. Me pareció auténtico.

Había allí poca gente en el comedor comunitario y cuando abro mi sandwich… meh, se veía… sandwich, digamos.

Con el ají.

Sin el ají. Para la foto.

Pero cuando lo probé… el horror!

No soporto, no SO-POR-TO el pan mojado o cualquier otro acompañamiento que esté demasiado húmedo al estar en contacto con los jugos de una carne. Es comida para engordar patos!

Le quise poner onda pero el gusto de la carne era inexistente y me pareció que un hot dog comprado en la calle tenía más dignidad que este sandwich.

Yo quiero que se me entienda: no estoy denostando este sandwich en particular sino que estoy denostando esta forma de preparar o tratar un cacho de carne. Puedo entender el contexto histórico en que fue creado, que no había otra alternativa en ese momento, pero hoy en día no es tan difícil ni tan caro preparar tiritas de carne de forma apetitosa. Se accede a mucha información al respecto.

Hoy en día el paladar medio está un poco más evolucionado y un poco más sofisticado… Ah no, pará, estamos en USA…

Qué mala me pongo cuando como mal!

No terminé el sandwich, las papas fritas estaban horribles y me fui con hambre. Me quejé todo el tiempo, no concibo comer algo mal preparado, me fastidia.

Ni esta estatua de los Blues Brothers me cambió el humor.

Pero él sí estaba conforme!

Serán los años? De lo que sí estoy segura, comer mal me arruina el humor!

Extrañamos…

Cremonas

Sandwiches de miga

Alfajores

Facturas

Galletitas Sonrisas (Ale)

Surtido Terrabusi (yo)

Dulce de leche repostero Sancor (Ale)

Masas finas (yo)

Asado

Pan con gusto a pan

Milanesas

Golosinas

LA pizza

Helados artesanales en cucurucho

El mate.

Hacenos sufrir a los expatriados: Vos que estás en Argentina, con qué te castigás seguido?

A Ver Si Alguien Me Entiende

No tengo nada contra vos.

Cuando recién vinimos a vivir a Londres, encontré que tenía tiempo libre después de trabajar y que si querés tener un hobby, hay para todos los gustos y hay materiales de sobra.

En ese tiempo no tenía blog y traté de reincidir con el tejido. A mí siempre me encantó tejer y en mi adolescencia, sweater que usaba, sweater que había sido tejido por mí.

Traté de comenzar a tejer pero no me sentía cómoda. Yo quería tejer sentada en el sillón mirando la tele o escuchando música pero las agujas pegaban constantemente contra el respaldo. Y no me hacía bien la columna.

Un día descubrí que se vendían unos kits completos para bordar: el pedacito de tela que necesitaras, hilos, agujas, dedal y el diseño.

Aaaaaah!! Qué placer! Me copé con el bordado! Era cosa de volver del trabajo a sentarme y bordar y bordar. Para mí era una terapia, una labor-terapia como escuché decir en ese momento.

El caso es que yo estaba muy contenta y a medida que avanzaba notaba que iba a necesitar ciertos accesorios: Me compré una lupa especial con luz, me compré un aro de madera para estirar mejor la tela cuando bordaba…

Pero lo que yo realmente quería era una estructura de madera parecida a una mesa (como esa que se usa para los telares) para estirar mejor la tela, bordar sentada sin tener que mirar tanto para abajo y sin tener que sostener el bordado con una mano y que al cabo de un tiempo se empiece a dormir.

Añoraba ese catre como yo lo llamaba y le comentaba a Ale que iba a ahorrar, que me quería comprar uno… Hasta un día se lo mostré cuando pasamos por un negocio a comprar hilos.

Llegó diciembre, el mes de las fiestas y de mi cumpleaños. Ale me comentó un día que ya tenía mi regalo, que lo había comprado y que llegaría en unos días y que lo recibiera PERO QUE NO LO ABRIERA hasta el día de mi cumple.

Fue una tortura china ver semejante cajota de cartón sin ningún tipo de inscripción, quieta ahí en el living. Yo la miraba y trataba de adivinar hasta que me dije: “El catre! Es el catre!”

Me imaginaba todas las tardes del invierno, relajada escuchando música y bordando y bordando y bordando.

El día de mi cumpleaños llegó y me lancé a despedazar esa cajota para descubrir contra mi espanto que lo que había ahí adentro era otra caja y otra y adentro… una Mac!

Una Mac, entendés?

No, no entendés. UNA MAC!

“Ya tengo una laptop!”

“Pero estas son las nuevas, las que acaban de salir,” me dijo Ale.

“Y yo para qué la quiero!?!”

“Cómo para qué!?”

“Ya tengo una laptop! No quiero esta! No la quiero!”

O sea, me entendés? A mí no me importaba ese aparatejo y lo que dejó en evidencia es esa queja que a veces tenemos las mujeres con respecto a nuestra pareja, el pero no te das cuenta?

Cuánto tiempo estuve yo soñando en voz alta con el otro aparato?! Todas las noches me ponía a bordar, con la espalda doblada (pero relajada) y era tan evidente lo que yo necesitaba!

“Bueno, entonces no la querés?”

“NO!”

Y bueno, la devolví.

Y yo sigo sin el famoso catre porque nunca más bordé.

Quién Me Mandó?

Yo trabajo desde los 18 años. Al ser docente, paraba solamente durante las vacaciones escolares y de joven, me iba de vacaciones o aprovechaba para estudiar para los exámenes de marzo y cuando ya me recibí y daba clases en la UBA y en empresas, trabajaba en las vacaciones también.

El trabajo dignifica, Juan Domingo tenía razón. Sin embargo, fui criada con la idea de que en algún momento me iba a tener que casar y tener hijos, por lo tanto, iba a ser ama de casa de tiempo completo.

No le podía hacer entender a mi papá que de tener una familia, yo seguiría trabajando igual.

Al acercarme a los 30, cuando empezás a fantasear con que ya es hora de casarte y formar una familia, también te planteás si no estaría bueno quedarte en tu casa criando niños con amor, hacerles el desayuno, llevarlos a la escuela… Todo eso que ves en la tele, que hacen las madres flacas. (Porque encima, además de parir, tenés que ser flaca y radiante)

Pero una vez, una señora me dijo muy tajante: “Trabajá igual. Tené hijos, crialos, pero cuando empiezan la escuela, empezá a trabajar, porque si te quedás en tu casa, te embrutecés.”

Me quedé perpleja cuando me lo dijo. Hasta el momento nadie me había hablado así de lo que puede ser, para algunas mujeres, quedarse en la casa todo el tiempo, limpiando lo que se ensucia al día siguiente, lavando y planchando ropa que inevitablemente hay que volver a poner en el lavarropas, cuidando a los chicos, cocinar aunque no te guste, hacerlos comer…

Pero son puntos de vista, todo depende, me parece, del carácter. Hay mujeres que realmente han nacido con espíritu aventurero y por cosas de su época y de haberse casado en esa época, se han tenido que conformar con ser amas de casa y nada más.

Tengo dos tías que son un ejemplo de éso: Una es aguerrida, con carácter fuerte, leída, racional, discutidora, hubiera sido abogada sin dudas. Su hermana es creativa, artística, alegre… podría haber sido pintora, profesora de Artes Plásticas o actriz.

Sin embargo se casaron y criaron hijos y cuando fueron abuelas, siguieron en sus casas.

Salvando las distancias, cuando vinimos a vivir aquí, conseguí trabajo enseguida pero después de un par de años, decidí tomarme un tiempo y no trabajar. Tenía ganas de quedarme en casa.

Disfrutaba muchísimo de mi día: me levantaba, desayunaba, iba al gimnasio, almorzaba, hacía las compras, miraba tele, leía, escribía, cocinaba, limpiaba… Diría que disfrutaba de ser ama de casa.

Hay veces en que deseo volver. Extraño esa paz solitaria, el sentirme dueña de mi tiempo y no ser tan esclava del reloj y las obligaciones laborales.

Está mal?