Viena Día 2

El día 2 en Viena lo comenzamos in style: fuimos a desayunar al Sacher Café. En realidad, hay un Sacher Café, un Sacher Restaurant, un Sacher Confiserie y un Sacher Hotel.

El restaurant, el hotel, el café, la confiserie…

Leí que en el hotel se han alojado muchas personalidades, incluyendo hasta la reina de Inglaterra. En la confiserie se puede comprar la torta que viene en muchos tamaños y en una caja de madera muy monona. Compré una chica y cuando me la dieron, ya estaba embalada como para regalo y me la pusieron en una bolsa haciendo juego. Me hizo acordar a cuando comprás los alfajores Havanna en la costa y ya está todo listo para que te lo lleves!

Esta es parte de la vidriera de la confitería y se pueden ver los diferentes tamaños a la venta.

Y esta es otra parte de la vidriera donde exhiben la vajilla que también está a la venta!

La fama de esta torta ha sido tal que en sus comienzos el complejo Sacher antes mencionado era sólo una pastelería! Es una torta que fue inventada en 1832 por el pastelero Sacher y ha siempre sido la favorita en las cortes imperiales.

Un detalle: hay muchos lugares que ofrecen la Sacher Torte pero sólo la del hotel es la única que lleva, además del nombre, la palabra “original”.

Por ejemplo:

La cafetería Aïda ofrece la Sachertorte pero no dice “original”.

Verdaderamente, la torta es deliciosa: Es un PERFECTO bizcochuelo de chocolate, aireado, liviano, delicado y sabroso. En el medio tiene una fina capa de mermelada de damascos. El baño de chocolate es perfecto también.

Y la vajilla es preciosa!

Sector de la mononísima cafetería.

Los menúes.

Para leerlos cómodamente:

Como hace Ale!

Si fuera por el gusto de la torta en general, prefiero la del Café Central, la que comí ayer, con el relleno de una fina capa de pasta de almendras. Pero como el bizcochuelo de la Sacher NO PROBÉ NUNCA!

De allí decimos partir para el Palacio Belvedere. Nos tomamos el tram…

Miren qué lindo, hay una revista colgando para leer!

El Palacio Belvedere es un complejo que consiste en dos hermosos edificios separados por un hermoso jardín que en verano debe ser mucho más hermoso todavía pero aún con el día que nos tocó hoy (nada que ver con lo soleado de ayer) pudimos disfrutar lo mismo, sobre todo las fuentes y estatuas que hay diseminadas por todo alrededor.

Estatuas y fuentes en los jardines.

Este es el edificio más grande.

Este, al final del jardín, es el palacio más pequeño.

El mayor atractivo que hay es la exposición permanente en el palacio más grande, de la obra del pintor Klimt e incluye la famosísima obra El Beso.

El palacio más pequeño tiene exposiciones temporarias de arte. Ambos palacios tienen un par de habitaciones muy bellas, muy decoradas al estilo Versalles pero sin mobiliario.

Vimos los precios: € 14.90 para entrar a ambos palacios, €9.59 la entrada para el más grande solamente. Por cuál nos decidimos?

Por ninguna!

Para qué? Ale y yo no somos unos expertos en arte (lo que no quiere decir que lo despreciemos) pero nuestro interés no se centra en pinturas, en este caso. Así que seguimos paseando por afuera y nos volvimos a tomar otro tram para encontrarnos con alguien…

Chicos, conocimos a Paola Vampirolla!!!

Qué lindo fue conocerla! Con ella visitamos unas casas diseñadas por un arquitecto llamado Friedensreich Hundertwasser quien no aceptaba ninguna forma preestalecida. Es por eso que los pisos interiores y exteriores de las casas son ondulados. Salvando las distancias, es un concepto parecido al de la Pedrera de Barcelona.

La Hundertwasser-Haus y la KunstHausWien.

Luego nos fuimos a almozar. Paola ya había almorzado así que nos acompañó con una cerveza mientras nosotros deglutíamos:

Ale, un goulash.

Yo probé un plato típico que es una salchicha como rallada preparada con unas papas que no les puedo explicar lo deliciosa que estaban!

Más un sauerkraut, claro.

Luego nos fuimos al Prater donde hay un complejo con muchos juegos y todo está muy bien conservado y cuidado. La estrella de todo es una noria que fue construida en el año 1896 por el ingeniero británico Walter Basset.

La noria.

Entrada al Prater.

La noria soportó hasta un incendio después de la Segunda Guerra Mundial y ha sido vuelta a la vida con 15 carritos (en sus orígenes tenía 30).

Vista desde la noria.

Después de dar la vuelta, nos despedimos de Paola y nos fuimos a terminar el día como lo empezamos, bien vienés: Fuimos al restaurante Figlmüller, famoso por los schnitzels gigantes que hacen.

El restaurant por dentro y por fuera.

Qué son los schnitzels? Cualquier argentino que ande por el mundo tiene que saber esta palabra importantísima para pedir este plato y hacer entender lo que queremos:

Milanesas!!!!!

Y yo comí otro plato típico, el Taflespitz, carne hervida (esto en Argentina sería un crimen!) con vegetales hervidos

Y una bola de papa a la crema o manteca deliciosa!


Cómo vienen disfrutando Viena hasta ahora? Vendrían? Gracias por los mensajes! No los puedo contestar porque llego súper cansada!