Desde El Exilio Voluntario

Una nace, vive con la familia que le toca, va a la escuela; crece, estudia, trabaja, elige una profesión, se relaciona con muchas personas, va a bailar, viaja, se enamora, se pone de novia, se casa; está contenta, vive, se hace adulta, toma decisiones…

Qué tan distinta puede ser mi vida de la de otro ser humano?

Muchos como yo han decidido, por diferentes motivos, vivir en el exterior. En mi caso, fue una oportunidad laboral de Alejandro. Tuvimos la bendición de nuestros padres, contentos ellos de que nosotros decidamos lo que decidamos, ellos nos iban a apoyar.

Papá siempre decía que ellos ya habían hecho su vida y ahora les tocaba a los hijos y que así es la ley de la vida.

Alicia, mi suegra, también nos apoyó con alegría. Y sé (no soy madre pero no soy tonta) que por más que nos hayan apoyado con todo su amor, nos extrañaron siempre, les hemos hecho falta… Como ellos a nosotros, por supuesto.

Pero así como hay gente que se pone contenta o les da igual que estemos allí o acá, hay quienes que no ven con buenos ojos que alguien abandone su país para trabajar y vivir en otro, ya que lo consideran como un acto de traición a las raíces, al país, a la cultura, a la lucha, etc.

La decisión de exiliarse voluntariamente es una decisión que uno toma como toma cualquier otra en la vida: Algunos eligen quedarse, otros eligen irse. Algunos deciden estudiar, otros deciden trabajar. Algunos eligen vivir de una manera, otros eligen vivir de otra.

Es razón, entonces, para que unos se enojen con otros? Es razón suficiente para que afloren reproches sin sustento?

Hay que pedir disculpas por la vida que uno elige vivir?

 Así en Tandil como en Londres: Yo te sigo a todas partes, mi amor.