La Comida, La Dieta, La Locura

Ya tengo 40 años, ya no soy una adolescente y todavía me preocupa el peso, cuánto como, cómo me queda un pantalón, cómo NO ME ENTRA un jean de cuando tenía 28 años y que todavía conservo para torturarme cada tanto…

Si tomo distancia y me miro objetivamente, me digo, “Tengo 40!!! El cuerpo cambia, puedo hasta pesar lo mismo que a los 20 pero el cuerpo es otro, se cae, se deforma… Es la ley de gravedad!”

Pienso así y no digo que me conformo pero sí que tendría que adoptarlo con resignación y dejarme de hinchar con que estoy gorda aunque todo el mundo me dice que estoy flaca. Mi complejo son las caderas italianas que supe heredar… de quién?!? La tía a la que más me parezco es un palito…

Si somos más de tres mujeres juntas (y argentinas) una no hace más que hablar de comida y flacura, cola y panza. No podemos hablar de otra cosa!??! No, NO PODEMOS! Ni siquiera acá en Londres donde la forma de tu cuerpo no interesa en absoluto!

Soy una chica grande y tengo preocupaciones de adolescente. Y lo más irónico es que cuando era adolescente jamás me pesé, jamás hice dieta, jamás me miré al espejo y me ví gorda!!!

Una sola vez, en los treinta, me cuidé en lo que comía y por más de un mes seguí un régimen estricto de comidas. Comía bien pero solamente ESO. Y bajé de peso y me veo en esas fotos y tengo unos bracitos finitos y una cabeza grande!!! Viste como las modelos flacas que son pura cabeza! Y me veo con la cara un poco cambiada, como cansada…

Y de qué me sirvió haber bajado tanto peso si después lo recuperé? Hasta cuándo tengo que cuidarme en las comidas para ser flaca? Dieta para siempre!? No, gracias! Me gusta mucho comer! Pero soy mujer argentina, no puedo evitar sentirme culpable o mal chica cuando como de más…

No quisiera, en el futuro (tan cercano!) ser como esas señoras flaquitas flaquitas con cuerpo de jovencita pero con la cara que delata haber pasado la década de los 50 y con un dejo de tristeza por vivir a dieta crónica. La falta de cierta redondez a cierta edad, me parece, te saca gracia. Te amarga, te envejece, te saca la alegría de vivir.

Ahí es cuando me digo que aceptarse el cuerpo es crecer y madurar. Aceptar que por más que te sientas joven y vital, el cuerpo no acompaña, el envase se deteriora y verdaderamente, como el cliché que bien lo expresa, lo que importa es lo interior y cómo te sientas.

Flaca y triste?

Pasame la fuente de los fideos…