Las Apariencias Engañan


Hará un par de meses, cuando todavía estaba Araceli visitándonos, fuimos los tres a un lado alejando del sudeste de Londres a buscar una encomienda que estaba en un depósito del Royal Mail, donde hay muchos otros depósitos gigantes que pertenecen a diferentes compañías postales.

Pero para llegar hasta allí, además de tomarnos un colectivo, tuvimos que caminar bastante atravesando un barrio diría yo, clase media trabajadora (en idioma argentino) o working class (en inglés).

En un momento pasamos por un negocio y había cantidad de gente esperando afuera y cantidad de gente adentro comiendo en mesas largas. Las ventanas a la calle estaban abiertas y ahí mismo se veían las ollas.

Ahí se ven las tapas de las ollas.

Todo era muy rústico y el aroma que salía de allí no era el típico de un restaurante. Cómo describirlo? Era como si estuviesen haciendo sopa.

Me pareció pintoresco pero pensaba que era un lugar donde se le daba de comer a desposeídos, o a homeless

Fuimos a buscar el paquete y luego desayunamos por ahí.

El fin de semana pasado, tuvimos que ir a buscar otra encomienda y volvimos a pasar por este lugar.

Como habíamos ido temprano al mediodía, esta vez no había tanta gente pero sí algunos, tanto afuera como adentro.


Miramos bien y vimos que el menú era solamente pie and mash (tarta o pastel de carne y puré de papas) y stewed and jellied eels (estofado de anguila y anguila en gelatina). Lo crean o no, este es el plato tradicional de (como se dice aquí, aunque suena condescendiente) la clase trabajadora.

Cuando pasamos, Ale preguntó: “Y si vamos?” “No… Es que es un lugar… no sé, las ollas dan a la calle… será muy higiénico? El aroma… Vamos si querés vos, no sé…”, dudaba yo.

Lo que notamos es que el frente del negocio era muy tradicional pero tenía un moderno toldo y vi que tenía un sitio web!

Entonces decidimos buscarlo en el telefonito de Ale, cuando volvíamos de buscar el paquete. Era un lugar con mucha historia! Desde 1902 que está allí, un negocio familiar donde las recetas de su limitado menú siguen siendo las mismas de antaño y donde la décor original ha permanecido prácticamente intacta!

Son afamados por lo delicioso de sus recetas, y ahí fue cuando dijimos “Sí, vamos!”

Y fuimos!

Los precios eran baratísimos! Y la comida se pide en el mostrador, pagás y te sentás. Al ratito viene una de las chicas que atienden y te traen el pedido. Ale pidió “Two pies, one mash” (dos tartas, un puré) y la señora pensó que era un plato solo y así nos lo sirvió.

El mostrador.

Bueno, qué importa! Buscamos los cubiertos y comimos de un solo plato.

Las mesas son de mármol y los asientos son estos bancos donde te sentás con gente, hayas venido con ellos o no.

Riquísimo el pastel, la masa de hojaldre deliciosa y crocante. El relleno de carne era bueno para la calidad de la carne que hay aquí, el puré estaba bien y lo que le agregan a este plato es lo que en este lugar se llama liquor y es una salsa de perejil que dicen ellos, tiene un ingrediente secreto.

Ñam!

Sal, pimienta, vinagre y vinagre picante.

La cantidad de la comida estuvo bien también, no salimos rodando, salimos satisfechos y contentos.

Para la próxima, el guisito de anguila!