Cordón Umbilical

Siempre fui nena de papá y mamá pero más de papá. En carácter me parezco mucho a mi abuelo paterno pero con los años me he descubierto parecida a mi mamá, sobre todo en actitudes y estoy segura de que si tuviera un hijo lo educaría diciéndole cosas o hablándole como lo hacía mamá.

En algo en que nos parecemos mucho es que somos dos lloronas. Pero se ve que el fallecimiento de papá nos dejó a las dos bastante perplejas.

Conversando con mamá por teléfono, me comentaba que se sorprendía que no podía llorar y descargarse de alguna forma y que quería consultar al médico por eso.

Yo no quería decirle que me pasaba lo mismo para no preocuparla.

Y hace un par de semanas, haciendo una cosa tan trivial como sacar ropa del lavarropas, sentí de repente una angustia tal, un dolor de alma que me puse a llorar y a llorar y si en ese momento me preguntaban el motivo, no hubiera sabido qué responder. Pero sabía que tenía que ver con tanta angustia acumulada. Y me dejé llorar un rato.

Más a la tarde, cuando llamé a mamá, ella me contó que ese día de repente se puso a llorar y que sentía que era algo que necesitaba hacer y se lo permitió. No le quise decir que a mí me había pasado lo mismo pero por lo que me contaba deduje que había sido más o menos al mismo tiempo que me había pasado a mí…

Con 40 años, el término “hijo” cobra otra dimensión porque en muchos casos, pasás a ser como un progenitor de tus progenitores. Pero en realidad, la clase de conexión madre-hijo o padre-hijo está más allá de la edad que puedas tener. Y en mi caso, me reconforta.