Abuelita Dime Tú

Hace muchos años tuve un novio y cuando todavía no habíamos cumplido un año, me invitó a pasar las fiestas con su abuela, a quien quería mucho. La idea era ir unos días antes de navidad y esperar a su mamá y hermana que llegarían unos días después de nosotros.

Llegamos a una ciudad del interior del país muy temprano, a eso de las 7 de la mañana. La puerta de la casa estaba abierta y él entró y encontró a su abuelota (alta y grandota) en el pasillo. Abuela y nieto se saludaron muy afectuosamente y yo me quedé en el umbral mirando, sin saber qué hacer.

Después de demostrarse mucho cariño (era evidente que se adoraban mutuamente) el novio gira, me trae a la abuela y dice “Abuela, esta es Alicia, mi novia”. Nos saludamos y me invita a pasar y mientras entro a la casa, siento una manota que me golpetea la cabeza y a la abuela que dice socarrona “qué chiquita es tu novia…”

Ya empezamos mal. Yo no dije nada, sólo sonreí acomplejada, avergonzada y muy incómoda y nos invitó a desayunar. Inmediatamente después de terminar, la abuela levantó los trastos y le dijo a su nieto “Bueno vos ahora me lavás los platos y vos, nena, vení que te voy a dar un trabajito.”

Me llevó al living enorme que tenía, lleno de adornitos de vieja (perritos de cerámica, jarritos, etc), me dio una franela y me dijo “Vos ahora me limpiás todo el living: los muebles, los adornos, la mesa, las sillas, todo.” Y se fue.

Yo me quedé atónita, miré a mi alrededor y me puse a limpiar no sea cosa que le diga que no y me faje! Notaba que el living estaba impecable y lo que me puso nerviosa de verdad fue tener que limpiar cada condenado adorno porque soy muy torpe, tengo dedos de manteca y todo se me cae y rompe. Fue tal la tensión que me puse a llorar. Se me caían las lágrimas sin parar mientras le sacaba lustre a todo lo que ya estaba limpio. A todo ésto, no hacía media hora que había llegado…

Y mientras limpiaba y lloraba, escuchaba a abuela y nieto en la cocina hablarse, contarse cosas… Ahí entendí: la abuela celosa quería exclusividad, quería al nieto para ella sola. Al rato me calmé un poco, giro para limpiar un sofá y una luz me enceguece: era el simpático del novio sacándome una foto de improviso.

Qué lindo recuerdo de aquel día…

Nunca se dio cuenta de que había estado llorando. Lo supo a los meses cuando se lo dije.

Cuando hube terminado, fuimos al cuarto de huéspedes y mientras sacábamos cosas de los bolsos, la abuela entró, nos sentó en la cama y parada y con los brazos en jarra, nos dijo en tono marcial y desafiante “Yo no estoy de acuerdo con que los novios duerman juntos. Así que vos, nene, vas a dormir en un colchón en el living, y vos nena, vas a dormir acá”. A esta altura, ya me daba igual lo que dijera, yo quería irme de ahí.

Pero no pude. Aunque terminó con la poca tranquilidad que tenía. A partir de ese día, era cuestión de que yo comiera algo y salir al baño de los calambres en el estómago que me daban, de la incomodidad y tensión que sentía de estar conviviendo con ella.

Para peor, como eran todos provenientes de una colonia alemana, pariente al que visitábamos, pariente que preguntaba “Ah, esta es tu novia? Qué apellido tiene?” Qué manera de sentirme bienvenida!

Las cosas se relajaron un poco cuando llegó su mamá (con quien yo me llevaba muy bien) su hermana y sus demás parientes: había más tareas para repartirse y la atención de esta abuela se diversificó más.

De todas formas, juré nunca más ir a visitarla, y así fue. Me quedan de recuerdo de esos días de vacaciones unas cuantas fotos, sobre todo una que no publicaré, donde está ella caminando por el campo y yo atrás: Ahí se la puede ver, marchando a paso de ganso (les juro, no exagero) sobre la tierra y atrás yo, con pasitos inseguros, mirando la cámara un tanto incómoda para una foto que sacaba el novio divertido, contento de tener a su novia y a su abuela juntas…

Foto del día que fuimos al campo: Después de dejar el pollito, noté que había hecho caca en mi mano. Qué vacaciones!