Reflexiones Sobre Dos Días Tristes

Y con ésto, termino con ambos temas.

Ayer estuve viendo por internet la despedida a Alfonsín. Comprendo ahora el por qué de tanto post con loas hacia él. La música lacrimógena, hasta a veces morbosa, que se escuchaba de fondo mientras se transmitía la marcha a La Recoleta, era insoportable. Y se me humedecieron los ojos.

A la distancia y un día después, sé que lo que me conmovió fue ver el sepelio, las coronas, cosas que me traen recuerdos emocionales de otros sepelios y otras coronas que alguna otra vez viví. O sea, no lloré por Alfonsín.

Pero comprendo a quien sí lloró por admiración al político y al que lloró porque se conmovió, nomás.

Tuve la sensación de que la gente que se acercó al Congreso demostró (y quería demostrar) que es posible una movilización tranquila, espontánea, gratuita y en paz y sin violencia. Esas personas quisieron hacer ver que hay una gran porción de argentinos que no viven del vino, del choripán, de los 100 pesos. Son argentinos que la luchan día a día, con su trabajo, con su dignidad, con su honestidad. Muy lejos de los grupos de apoyo que se juntan para vivar sin escuchar los discursos, para tocar el bombo y la corneta condicionados, en el momento justo cuando el orador o la oradora levantan la voz.

Se fijaron? Quién escucha los discursos hoy en día?

Y con respecto a Malvinas, es un tema que, por lo menos a mí, me toca muy fuerte. Será que tenía 12 años cuando sucedió e, influída por la marchita, la inocencia de creer en una victoria o por empatía con los soldados, Malvinas sí ocupa un lugarcito en mi corazón.

Para colmo, miren dónde vivo!

Acá nadie se acuerda de Las Malvinas, bah, sí, los de mi edad para atrás sí, pero no me lo mencionan jamás. Nunca nunca me preguntaron por este tema y yo asumo que es por respeto.

Una sola vez un chico que vino con el pedido del super me preguntó de dónde era y cuando le dije me empezó a hablar de Malvinas. Me chocó porque no es muy políticamente correcto entablar esa clase de conversación con un extraño. No le dí calce. Después vi que era pelado. A lo mejor era un skinhead en sus ratos libres.

Pero sí tengo debates interesantes con mi amigo Jonathan que lo tiene muy presente porque él es militar. A veces se hace el canchero y otras, me carga (es difícil de explicar cómo porque no se burla) aunque sabe que éso me enoja así que ya no hincha tanto. Si vamos al caso, él también tiene el cerebro tan lavado como el mío con respecto a Malvinas y a todas las guerras e invasiones en las que este reino tuvo y tiene participación.

Ah, pero cuando yo lo quiero hacer enojar saco el tema de La Mano de Dios. Y ahí se pone rojo de bronca!!!

Y no es que yo crea que Maradona nos reivindicó frente a los ingleses con ese gol. Nada más lejano. Es para callarlo y que no hinche más. 😉