La Contestadora (Historia De Mi Niñez)

Words as weapons, sharper than knives.
(Devil Inside – INXS)

Había un sketch de El Chavo donde se lo retaba por haberle contestado mal al Profesor Jirafales, creo, y le decían “Los niños no deben contestarles a los mayores”. Acto seguido, le preguntaban algo y él ni abría la boca.

Así razonaba yo a los 8 años. Más o menos a esa edad empecé a escuchar de parte de varios adultos (tíos, el dentista, el carnicero, qué se yo) ese reto hacia mí. Y me quedaba pensando qué querrían decir porque cómo se suponía que debíamos entablar una conversación si yo no podía hablar.

Y ahora de grande, cada vez que visito a mis padres, me horrorizo por los diálogos sinceros y sin eufemismos que mantienen y les digo “Pero claro! Con razón todo el mundo me retaba! Mirá qué ejemplos tengo!”

Me hizo ver y rememorar mi infancia y adolescencia: He tenido siempre olímpicas batallas verbales con mis progenitores, sobre todo con mi padre, que, por lo visto, me ha sabido entrenar.

Recuerdo que discutía más con mi papá y mi mamá, mirándonos siempre incómoda y mi hermana, con cara de aburrida.

Pero, debo reconocer, me ha servido en la vida.

Me ha servido para aprender a ver las cosas como son, para ser realista (aunque con cierto dejo de escepticismo) y para defenderme y para no tener vergüenza ni sentir incomodidad al momento de entablar algún tipo de conversación o comunicación con desconocidos. Me sirvió mucho para cuando tuve que hacer mi futuro y, solita mi alma, averiguaba desde dónde comprar materiales para mi trabajo hasta para los viajes que hice por mi cuenta.

En una palabra, me sirvió para ser independiente y no sentirme culpable de ello.

Pero de niña tuve que bancarme los retos de todo el mundo! Creo que si yo fuera una niña hoy, todos dirían sonrientes “Ay, mirá lo que dijo!” y mi mamá lo publicaría en un blog o mis tíos mandarían esas ocurrencias a la Revista Viva de Clarín.

Sinceramente no recuerdo qué contestaba pero seguro decía lo que pensaba sin filtro alguno y éso sería lo que más chocaba. Estaba acostumbrada al “ida y vuelta” con mi papá, ergo, para mí un adulto no era ningún tótem, era un igual.

En mi casa siempre se habló todo y de todo; cuando era adolescente traía dudas de educación sexual (yo también! soy una kamikaze!) y mamá golpeaba suavecito la mesa con la palma de su mano y decía “Por favor, no se hable de esos temas en la mesa!” a lo que papá retrucaba “No, no! Se tiene que hablar de todo, de ésto también!”

Ay, no sé si alguna vez tuviera hijos, sería como mi padre, que puede hablar de todo tan objetivamente y no ponerse ni incómodo ni colorado…

Te quiero, papi, sos un genio. Feliz cumple.