Instituto La Providencia

Sometimes I get the feelin’
I was back in the old days – long ago.
When we were kids, when we were young
Things seemed so perfect – you know.
The days were endless, we were crazy, we were young.
The sun was always shinin’ – we just lived for fun.
(These Are The Days Of Our Lives – Queen)

Era cantado. Ibas y te sacaban a bailar, te preguntaban el nombre e inmediatamente: “A qué colegio vas?” y vos decías “A La Providencia” y te preguntaban “Dónde!?!?”.

Quién conocía ese colegio!?! Pues nosotras y nuestras familias aparentemente!

Comencé el secundario en 1983 y cuando estaba en séptimo grado y hubo que elegir colegio, yo quise ir al mismo que había ido mi hermana mayor. No sé, me despertaba curiosidad el hecho de ser un colegio de chicas solamente. Que sea de monjas me tenía sin cuidado.

Tuve que hacer el examen de ingreso, como se estilaba en esa época. Y en marzo de 1983, empecé.

Me acuerdo que formábamos en el patio, una fila para cada año, o sea, cinco. Y como máximo eran como 35 por curso, el más populoso primer año por supuesto.

El primer día, cuando se cantó el himno, casi me desmayo de la risa contenida al escuchar las vocecitas, casi angelicales, de todas nosotras, las chicas, cantando al unísono. La hermana rectora era la Hermana Ceferina, chiquita, algo calentona, quien se subía al escenario todas las mañanas, ponía un cassette de La Aurora tocada al piano, para escuchar mientras se izaba la bandera. No la cantábamos y ella pulsaba STOP cuando la bandera llegaba hasta arriba; no importaba en qué parte estaba la canción, la cortaba abruptamente.

Después rezábamos una oración que entre otras cosas decía “ilumina nuestra inteligencia, dirige nuestra voluntad, a fin de sacar provecho en estas horas de clase”. Luego la monja hablaba por micrófono de esto o aquello, de algún santo, de alguna regla a seguir (“Chicas, no se puede venir a la escuela maquillada.”) y nos despachaba a las aulas.

De allí egresabas con el título Bachiller Mercantil, que en cualquier colegio se cursaba en 6 años. Pues en La Providencia se cursaba en 5. Esto significaba que todos los días teníamos 8va. o 9na. hora. En primer año era 9na. todos los días menos uno que era 8va. En cualquier otro colegio había 6ta. y alguna que otra 7ma.

Teníamos materias que cuando las nombrábamos los que iban a colegios más normales nos miraban raro: Taller de Lengua, donde una monja nos enseñaba a hablar y nos hacía pasar a cada una al frente a hablar de cualquier cosa y luego corregía expresiones, pronunciación, etc.

Los docentes, la verdad, recordándolos a la distancia, no eran tan malos como lo creíamos en ese momento, pero recuerdo a algunos muy excéntricos y, como tengo buena memoria de cosas que hacían o decían, me parece que en muchos casos nos han faltado el respeto. Y mucho. Todo por creerse estrellas o con el poder de jugar con tus sentimientos, sabiendo que con un 1 te podían quebrar.

Con quien yo me divertía más era con la profesora de matemática que tuvimos desde 2do. hasta 5to. Se llamaba María Sara Lata Sánchez y era un show! Era temida pero había días que venía enchufadísima y yo no paraba de reírme al ver las cosas que hacía o cómo hablaba. Era de cambiar mucho el tono de voz, de ser tan gráfica que al explicar que las fracciones equivalentes son infinitas, empezó a escribir una tras otra tras otra hasta pasar del pizarrón a la pared.

La odiamos todo el secundario pero terminamos eligiéndola para que nos entregara los diplomas cuando egresamos.

Araceli, Valeria, Claudia, Ivana, Fabiola y yo. (Año 1986)

En el 86 el colegio festejaba los 50 años, las Bodas de Oro. Se venían preparando desde principio de año, había un acto, un desfile por la calle, vinieron unos policías que hacían piruetas sobre motos, etc. Cuando llegamos al colegio temprano antes de que empezara todo, nos encontramos con un graffiti que una bandita de novios de algunas (que sabíamos quiénes eran) habían escrito con aerosol en la pared del colegio Felices Bolas de Oro.

Nadie del colegio comentó nada, nos habremos reído un poco pero la verdad, che, qué mal tino, qué mala leche, cómo habrán reaccionado las monjas al levantarse temprano y ver semejante cartel!!!

Esto fue un 26 de noviembre, un día como hoy. Seguramente hoy o en algún sábado de éstos se reunirán las ex alumnas como se empezó a hacer desde 1994. Yo fui todos los años hasta que me vine a vivir aquí.

Pero a la distancia, saludo a mi querido colegio que ahora es mixto, debe tener más alumnos pero estoy segura de que todos los egresados de allí llevamos al colegio en un rinconcito de nuestros corazones.

Ara y yo. (Año 1986)

Gracias Ara por las fotos!