¿Quién fue?

¿Qué ves?
¿Qué ves cuando me ves?

(Qué ves – Divididos)

Viste cuando vos estás pensando en nada, mirando nada y tenés la vista fija en nada? Así estaba yo un día en un avión en San Pablo, esperando que despegara. Venía de vacaciones de Miami, aunque sólo había usado esta ciudad como base para ir a Cuba… A mí sola se me ocurren esas cosas! (Pero igual, volando a Bahamas pude llegar a La Habana, qué tanto!)

Había viajado sola, por consiguiente estaba en el avión sentada sin compañía, en un asiento de tres. El asiento que me había tocado era el del pasillo.

Pues ahí estaba, lo más tranquila y oronda, mirada vacante, mientras subía la gente que de San Pablo viajaba a Buenos Aires. Y noto, por allí a la distancia, que en el pasillo había un hombre rubio, alto, mirándome. Porque se pensó que lo estaba mirando! Y yo, te juro, no había reparado en él! Cuando me dí cuenta, obvio, miré para otro lado.

La cosa se puso un poco incómoda cuando el asiento que le había tocado era el del medio al lado mío. Y más incómodo fue ver que el asiento de la ventana era para su esposa que cargaba con su niño-bebé.

Bueh, lo incómoda que me sentía se esfumó enseguida porque yo no había hecho nada malo, che. Y para mi sorpresa, él se puso a charlar conmigo, me preguntaba de dónde venía, qué tal Cuba, etc. Yo contestaba en stereo, o sea, a él y a la esposa. Muy simpáticos los dos, la verdad.

Pero después ella me dijo, muy amorosa y educada, “No querés sentarte acá al lado de la ventana?” “Ay, bueno, gracias!” contesté toda contenta.

Entonces me paré, ella le dijo a él “vos correte, sentate en el asiento del pasillo” y cuando apoyé mi tushi en el asiento, me avivé (siempre tan lerrrrrrda yo) al verla a ella sentada en el medio, toda triunfante con su niño aúpa.

Claro! Lo había hecho para que el marido no me diera más charla! Y yo toda pajuerana creyendo que la mina, buena onda, me ofrecía el mejor asiento de buena y desprendida nomás que era!

El caso es que, como siempre pasa cada vez que hay niños alrededor, yo me entretuve con el párvulo; jugamos un poquito con un gatito de peluche que tenía en mi mochila y así se pasaron las dos horas de vuelo.

Cuando el avión aterrizó, viste que siempre hay gente apurada que se levanta antes de tiempo, los de atrás vienen como malón mientras una todavía está sentada? Y bueno, imaginate yo arrinconada en el asiento pegado a la ventada, no podía hacer mucho, no?

Y me quedé ahí mirando a la gente parada y veía que muchos, bah, casi todos los del avión, lo saludaban al tipo rubio. Lo saludaban como si lo conocieran. Pero los demás lo conocían, él sólo contestaba los saludos. Yo me preguntaba quién sería…

En eso escuché que un hombre le preguntó “Ah, ése es tu hijo? Va a salir periodista, como el padre?” y ahí yo clavé mi mirada en el tipo… y seguía sin reconocerlooooooooooo!

Llegó el momento de levantarnos, salimos del avión y cuando estábamos por ese pasillo previo a la entrada al freeshop, me despedí con un “Chau, chicos, suerte” “Chau, chau” muy amables se despidieron.

Y hasta el día de hoy no sé quién fue.

Yo empecé a deducir cosas:

– Si lo saludaban muchos, el tipo trabajaba en la tele.

– Si era periodista y trabajaba en la tele, yo lo hubiera reconocido.

– Si era periodista y trabajaba en la tele y yo no lo reconcí es porque el tipo era periodista deportivo.

Pero quién?!?!?

No, Fantino no era porque sí sabía quién era Fantino en ese momento!

Quién fue, entonces?!?!?