El Cairo Día 3

El mercado Khan-el-Khalil.

Nuestro último día en Luxor en el barco. Hicimos el check-out a las 8 de la mañana y desayunamos. Teníamos ganas de salir a recorrer la ciudad. Lo habíamos hecho a la noche pero queríamos verla de día. Pero desistimos de la idea porque no podíamos volver a ducharnos y del barco teníamos que esperar a que nos fueran a llevar al aeropuerto. Así que nos quedamos adentro, surfeando la internet y leyendo.

A las 11 y media nos vinieron a buscar y fuimos hasta el aeropuerto de Luxor, donde tomamos un vuelo de Egypt Air para volver a El Cairo. Llegamos a las dos horas y nos alojamos en un hotel de la zona del aeropuerto.

A las 7 de la tarde vino Karen y con ella paseamos por el bazaar Khan-el-Khalili, el bazaar más antiguo de todo Egipto, interminable, lleno de pasadizos y callejuelas, negocios que venden de todo, generalmente para el turista. Pero también se consiguen objetos de oro y de plata, desde miniaturas, platos, llaveros, joyas, lo que te imagines.

La universidad Al-Azhar y la mezquita.

Distintos sectores del mercado:



Karen nos ayudó muchísimo porque, como sabe árabe, peleó los precios con tanta gracia y seguridad, que de cada negocio nos terminábamos llevando algo de regalo o hasta algún descuento.

Yo los miraba negociar y me hubiese encantado filmarlos! Es todo un arte! Cómo se tratan (con respeto pero cada uno firme en lo suyo, uno defendiendo su dinero, otro defendiendo la calidad de lo que venden) en fin, Ale y yo mirábamos absortos y lo disfrutamos mucho!

Después fuimos a tomar algo a un café llamado Café de Fishawi, que está abierto en forma continua día y noche desde hace más de 200 años. Sólo cierra durante Ramadán pero abre a la tarde.

Vista desde el café que se extiende desde adentro del local hasta la calle del bazaar.

Mientras estábamos allí se acercó una señora que saludó muy afectuosamente a Karen, se conocían. Me regaló unos collares y pulseras de flores de jazmín enhebradas por ella misma. Y también unas rosas.

Con Karen.

Con Ale.

Eso también es muy común, muchos se acercan a venderte cosas pero también te regalan. De todas formas, igual le dí una propina, me daba cosita quedarme con algo que ella vendía.

Después se acercó un nene de 4 años que muy animadamente empezó a venderle pulseras a Karen, con tanta gracia, que le terminó comprando una. Se acercó a nosotros desde el negocio de su padre.

Aquí lo pueden ver en acción.

No sé el tiempo que estuvimos en el bazaar, lo disfrutamos mucho y luego nos despedimos de Karen, agradeciéndole lo bien que nos había atendido y cuidado y por lo mucho que aprendimos.