Made in Argentina 2

Más propagandas filmadas en Argentina que se ven aquí…

La primera vez que vi esta propaganda pensé que se había filmado acá en Sloane Street. Pero hay un reflejo en la vidriera y es un taxi con techo amarillo! Definitivamente en Argentina!

Esta propaganda está buenísima!

Lo primero que me llamó la atención fue la protagonista tan flaquita! Acá no se ven chicas tan magras en la tele (en la calle ni hablar!), ni siquiera las modelos son así! Esta propaganda en la tele se ve mejor, el colectivo del final es el 148 que va a Quilmes!!!

Y para los que no vieron las otras propagandas filmadas en Argentina, click aquí.

¿Quién fue?

¿Qué ves?
¿Qué ves cuando me ves?

(Qué ves – Divididos)

Viste cuando vos estás pensando en nada, mirando nada y tenés la vista fija en nada? Así estaba yo un día en un avión en San Pablo, esperando que despegara. Venía de vacaciones de Miami, aunque sólo había usado esta ciudad como base para ir a Cuba… A mí sola se me ocurren esas cosas! (Pero igual, volando a Bahamas pude llegar a La Habana, qué tanto!)

Había viajado sola, por consiguiente estaba en el avión sentada sin compañía, en un asiento de tres. El asiento que me había tocado era el del pasillo.

Pues ahí estaba, lo más tranquila y oronda, mirada vacante, mientras subía la gente que de San Pablo viajaba a Buenos Aires. Y noto, por allí a la distancia, que en el pasillo había un hombre rubio, alto, mirándome. Porque se pensó que lo estaba mirando! Y yo, te juro, no había reparado en él! Cuando me dí cuenta, obvio, miré para otro lado.

La cosa se puso un poco incómoda cuando el asiento que le había tocado era el del medio al lado mío. Y más incómodo fue ver que el asiento de la ventana era para su esposa que cargaba con su niño-bebé.

Bueh, lo incómoda que me sentía se esfumó enseguida porque yo no había hecho nada malo, che. Y para mi sorpresa, él se puso a charlar conmigo, me preguntaba de dónde venía, qué tal Cuba, etc. Yo contestaba en stereo, o sea, a él y a la esposa. Muy simpáticos los dos, la verdad.

Pero después ella me dijo, muy amorosa y educada, “No querés sentarte acá al lado de la ventana?” “Ay, bueno, gracias!” contesté toda contenta.

Entonces me paré, ella le dijo a él “vos correte, sentate en el asiento del pasillo” y cuando apoyé mi tushi en el asiento, me avivé (siempre tan lerrrrrrda yo) al verla a ella sentada en el medio, toda triunfante con su niño aúpa.

Claro! Lo había hecho para que el marido no me diera más charla! Y yo toda pajuerana creyendo que la mina, buena onda, me ofrecía el mejor asiento de buena y desprendida nomás que era!

El caso es que, como siempre pasa cada vez que hay niños alrededor, yo me entretuve con el párvulo; jugamos un poquito con un gatito de peluche que tenía en mi mochila y así se pasaron las dos horas de vuelo.

Cuando el avión aterrizó, viste que siempre hay gente apurada que se levanta antes de tiempo, los de atrás vienen como malón mientras una todavía está sentada? Y bueno, imaginate yo arrinconada en el asiento pegado a la ventada, no podía hacer mucho, no?

Y me quedé ahí mirando a la gente parada y veía que muchos, bah, casi todos los del avión, lo saludaban al tipo rubio. Lo saludaban como si lo conocieran. Pero los demás lo conocían, él sólo contestaba los saludos. Yo me preguntaba quién sería…

En eso escuché que un hombre le preguntó “Ah, ése es tu hijo? Va a salir periodista, como el padre?” y ahí yo clavé mi mirada en el tipo… y seguía sin reconocerlooooooooooo!

Llegó el momento de levantarnos, salimos del avión y cuando estábamos por ese pasillo previo a la entrada al freeshop, me despedí con un “Chau, chicos, suerte” “Chau, chau” muy amables se despidieron.

Y hasta el día de hoy no sé quién fue.

Yo empecé a deducir cosas:

– Si lo saludaban muchos, el tipo trabajaba en la tele.

– Si era periodista y trabajaba en la tele, yo lo hubiera reconocido.

– Si era periodista y trabajaba en la tele y yo no lo reconcí es porque el tipo era periodista deportivo.

Pero quién?!?!?

No, Fantino no era porque sí sabía quién era Fantino en ese momento!

Quién fue, entonces?!?!?

Portobello Road Market


– Ale, engordamos?
– Bueno, qué comemos? Dónde vamos?
– A comer a Portobello Road, de parados!
– Dale.

No, no tuvimos un diálogo así pero parecido…

Hoy fuimos a pasear por la calle Portobello Road en Notting Hill (Aaaaaaahhhh, a ver chicas, suspiremos todas juntas recordando la película que protagonizan Julia Roberts y Hugh Grant…).


El mercado que se extiende por gran parte de esta calle ofrece de todo, sobre todo antigüedades, comida de varias partes del mundo cocinada in situ, y frutas y verduras a precios de ganga.

A mí particularmente me gusta ver los puestos que venden cerámicas y/o porcelanas como las que suelen encontrarse en las casas de las abuelas:





Cuando llegamos, cerca del mediodía, nos castigamos con una cajita de plástico llena desbordante de croquetas de cangrejo, croquetitas de camarón y camarones gigantes, todo frito. Riquísimo. Pero por prevención, decidí no comer más. Así que de postre comí una ensalada de frutas. Pero Ale, no, enfiló para un puesto de comida alemana y comió un pancho gigante con cebolla rehogada y mostaza.

Hay muchos negocios bonitos, aquí tienen algunos:





En la película Notting Hill, Hugh Grant tenía una librería de libros de viaje. Gracias a este sitio, me enteré de que esta librería de la foto…

…no es! Sin embargo me llamó la atención LA CANTIDAD de gente que se saca fotos delante de este negocio! Uno tras otro! No me dí cuenta de preguntarles por qué. Creerán que ésta es la librería de la peli?

El barrio de Notting Hill es lindo y las residencias son caras. La mayoría son blancas, finitas, de dos o tres pisos pero se pueden ver mansiones.

Timeless

I can’t stop eating,
Your hairline’s receding
Soon there’ll be nothing at all.
So you’ll wear a wig
While I roast a pig
.
Hey! Pass that geritol!
(You’re Timeless To Me – Hairspray)



Hace unos cuantos años yo estaba de novia con alguien que no me hacía feliz (los 1300 novios que tuve estarán diciendo “ah, sí, sí, conmigo”) y no sabía en qué lugar estaba parada. Me iba bien en todo menos en el tema pareja.

Y un día vi algo desde el colectivo, en Quilmes, que fue una revelación para mí. Vi una pareja de unos 50 años, de la mano, ambos viniendo de correr de la plaza. “Éso es lo que quiero! Una pareja! Un compañero! Un amigo!”

Los años pasaron y un día, aburrida, me logueé en ICQ (se acuerdan?) y busqué en perfiles a alguien de mi edad. Y en la lista de gente que había estaba el nombre Alejandro. Pensé “Ay, qué lindo nombre!” y escribí “hola” y clickeé SEND.

Y contestó.

Y noté que no escribía con faltas de ortografía, que leía, que cuando yo dije que mi escritor favorito es Charles Dickens, él retrucó con que David Copperfield era su novela favorita (y no me dijo que era un mago!) y así seguimos un ratito más.

Al otro día seguimos chateando. Y los demás días. Y me mandó una foto y vi un chico con barba candado y pelos revueltos y me encantó.

Y a los meses nos encontramos en Tower Records (se acuerdan?) en la calle Florida y hablamos mucho, me divertían sus comentarios y me cayó muy bien.

Nos seguíamos hablando por teléfono y yo lo escuchaba hablar y escuchaba sus conclusiones, sus reflexiones y siempre pensaba “Ay, si yo alguna vez saliera con este chico viviría enamorada de él!”.

Después por unos meses no nos vimos más pero, eventualmente, retomamos la comunicación. Fuimos un par de veces a ver unas películas y comenzamos a salir y nos dimos cuenta de que nos llevábamos muy bien, que nos habíamos conquistado mutuamente con mostrarnos tal cual somos y a los 6 meses nos fuimos a vivir juntos y al año exacto de empezar a salir nos casamos!

Y aquí estamos.

Es muy cliché decir como el primer día?

Richmond

La High Street.

El mes pasado, cuando todavía hacía un poquito de calor, fuimos a pasear a Richmond. Esta hermosa ciudad está situada a unos 40 minutos en subte desde donde vivimos.

A pesar de que yo ya había estado en más de una oportunidad, esta vez con Ale nos dimos cuenta de la cantidad de negocios y, sobre todo, restaurants que hay. Uno al lado del otro, prácticamente. Cuenta con dos o tres shopping centres y pequeños negocios independientes sobre las callecitas que dan al parque.

Richmond Park.

Pub en calle tranquila frente al Richmond Park.

Lo que más atrae de Richmond es que está sobre el Thames y los pubs que dan al río siempre están llenos, la gente tomando tranquila (parada, obviamente) charlando animadamente o si no, la gente que se sienta en el pasto y come algo o simplemente descansa.

Gente en el pub.

Algo que noté aquí es que la gente suele tomar en la vereda y cuando terminan dejan los vasos de vidrio sobre alguna mesa y se van. Puede pasar que el pub cierra y todavía hay gente tomando afuera. Qué se hace? Los clientes se quedan igual, tomando, y cuando terminan, por supuesto, dejan los vasos sobre la mesa y vos por ahí pasás al otro día, a la mañana, cuando el pub todavía no abrió y los vasos siguen ahí.

Había gente que prefería el pastito y mirar el río.

Acá hay más.

Es más que nada una zona residencial donde se pueden encontrar casas muy señoriales.

Estas casas daban al río.

Lindo atardecer.

Se me antojó un tecito y lo tomé en un lugar donde en su terraza había sillas y, si querías estar bien frente al río, apoyabas tu tacita sobre la pared misma.

Relax.

Después del tecito, decidimos irnos y al subir por el césped, miren lo que nos encontramos: Una estatua de O’Higgins!

General Bernardo O’Higgins (1778-1842) Chilean Stateman Liberator of his country lived and studied in Richmond-upon-Thames (1795-1798)

Qué paquetería esta ciudad, che! Mirá lo que son los baños públicos!

Este es el de hombres. Al lado estaba el de mujeres, igual. Yo fui y era re limpio y tenía papel y jabón!!!!

Esta foto me causa gracia. Más que marido y mujer parecemos hermanitos!!!

Disneyland Paris

When you wish upon a star
Makes no difference who you are
Anything your heart desires
Will come to you.
(When You Wish Upon A Star – De la película ‘Pinocchio’)


Puedo decir que he cumplido un sueño que tengo desde niña. Siempre me fascinaron los largometrajes en dibujo animado de Disney, me parecían y me parecen los más bellos y por más que a veces las historias son muy parecidas, no dejan de ser mágicos.

Y mágico es también este lugar donde me sentí de 5 años otra vez – si es que alguna vez dejé de serlo.


Disfruté mucho de mi paseo, acompañada de mi esposo que por cuarta vez en su vida (y con cara de superado) pisa este lugar. Qué vivo! Él tuvo la suerte de ir de chico y de adolescente, por éso ahora le resultó medio pesado pero cuando una desde chica atesora un sueño, no importa la edad que se tenga cuando se lo cumple. Lo importante es que se cumple.


Recuerdan que el año pasado me gané un viaje gratis en Eurostar? Desde ese momento sabía que lo iba a utilizar para ir a Disneyland Paris. Salimos el sábado a la mañana temprano y volvimos el domingo a la noche.

El tren Eurostar.

La Gare du Nord.

No, es cierto, no es tiempo suficiente para visitarlo todo pero mi prioridad no era subirme a los juegos. A mí me interesaba ir a Disneyland Park (el equivalente a Magic Kingdom en Orlando) y ver a Mickey & Co. Después de éso, si había tiempo de ir a algún juego, iría.


Si quisieran ir con sus niños podría aconsejarles lo siguiente basado en lo que vi:

– Si vuestros niños tienen entre 5 y 6 años aprovechen ahora que no saben leer y no pueden acceder a casi ningún juego. Con ésto se evitan de estar, mínimo, hora y media haciendo cola, asándose bajo el sol de verano o muriéndose de frío en invierno. La zona ideal, para los niñitos, es el Disneyland Park donde están Mickey y todos los b*ludos (como alguna vez escuché decir) desfilando, cantando y bailando.

– Cuando ya son más grandecitos saben leer, por lo tanto pueden elegir pero siguen siendo niños y ponerse a hacer colas tan largas los termina cansando y, por consiguiente, terminan de mal humor, llorando, molestando y poniendo nerviosos a los padres. Así que mejor no los lleven hasta los 12 años o cuando son adolescentes.

– Cuando son adolescentes, genial, los dejás ahí adentro del parque, sobre todo el Walt Disney Studios Park y, vos si querés, hacés la tuya mientras ellos se bancan las colas. Vos andá de shopping o a dormir la siesta o a recorrerlo a tu manera. Y todos contentos.

Llegás muy fácil desde la Gare du Nord (la estación donde te deja el Eurostar) y de ahí te tomás un RER (no sé si es subte o tren) hasta la estación Châtelet y de ahí tomamos la línea A hasta la última estación, Gare de Marne la Valée Chessy.

La estación.

Allí te tomás un colectivo que te lleva al hotel donde te hayas hospedado y del hotel, otra vez a la estación ya que los parques están allí.

El parque consiste en tres predios:

El Disneyland Park

A la entrada, con el Disneyland Hotel detrás.

El castillo de La Bella Durmiente.

Pasó el trencito con varios personajes


Y después el desfile



La carroza de Toy Story.

La carroza de Alicia en el País de las Maravillas.

La Sirenita.

Aladdin y Jasmine.

La carroza de El Rey León.

Aquí filmé algo del desfile.

También hubo un espectáculo de canciones y bailes con los villanos más famosos.

Cruella De Vil con Gaston.

Maleficent, la madrastra de La Bella Durmiente.

Captain Hook.

Jaffar y Frollo.

Todo este mes de octubre está dedicado a Halloween, por eso la decoración.




Si te cansabas, con este trencito recorrías el lugar.


Y estos son otros sectores del lugar.




A la noche hubo un hermoso espectáculo de luces.



Otro predio es el Walt Disney Studios Park donde hay mucho más juegos y muchas atracciones tienen que ver con el cine y la televisión. Allí fuimos el domingo a la mañana, después de hacer el check-out.




Y ahí me saqué fotos con

Sully.

Ratatouille.


El otro predio es el Disney Village donde hay restaurantes y una discoteca.


Y al mediodía tomamos el tren y solamente, a una estación de distancia, la estación Val d’Europe, donde hay un shopping al aire libre donde se consigue ropa de marca (Dolce & Gabbana, Burberry, Calvin Klein, Armani, qué se yo) pero se consigue a buenos precios porque es tipo outlet, se consiguen las temporadas pasadas. Ale se compró un saco de hilo muy lindo y un pantalón.

Ale a la entrada, contento.

Una distracción

Un gatito con su bowlcito.

No sé si catalogarme como distraída o despistada, no lo sé realmente. Me puede pasar que voy caminando por la calle, miro para adelante y alguien conocido me puede pasar por al lado y yo no me doy cuenta. Pero tampoco me ocurre tan seguido.

Sí, lo reconozco, me desoriento fácilmente, aún con mapa. Si paseás conmigo y tenemos un mapa y yo te digo “es para allá”, agarrá para el lado contrario, porque es por ahí seguro.

Pero me vino a la memoria algo que me pasó una vez y te demuestra que cuando las mujeres charlamos nos concentramos tanto en lo que decimos y escuchamos, que lo de alrededor se esfuma.

Hace unos años fui a un congreso de profesores de inglés en Capital Federal que duraba todo el día. Fui sola. Pero al rato comencé a hablar con otras dos profesoras, Patricia y Silvia, divinas, e hicimos “click” de inmediato, nos divertíamos y charlábamos como si nos hubiésemos conocido de toda la vida, aunque Patricia y Silvia sí se conocían desde siempre. Pero hubo entre nosotras una comunión instantánea.

Llegó la hora de almorzar y salimos y seguíamos hablando como si nos fuéramos a morir al día siguiente, y sin prestar mucha atención, nos metimos en un bar que encontramos por ahí.

Entramos hablando en voz alta, continuando la charla de afuera, y un mozo se acercó y nos miraba raro, yo noté que tenía una sonrisita en su cara, me pareció que de simpático nomás y nos condujo a una mesa de cuatro, casi al fondo de todo.

Mientras nosotras mirábamos el menú – por favor, imagínennos a las tres hablando, en todo momento, de lo que habíamos visto en el congreso, de libros, de alumnos y a la vez eligiendo qué comer – yo ví que había muchas chicas sentadas solas. Al rato fui al baño y ahí había dos o tres, flaquitas, producidas, mirándose mucho al espejo… No sabía qué pensar, parecía el baño de un boliche.

Cuando volví a la mesa, se me hizo todo más evidente: Todas esas flaquitas sentadas solas, todas con un bowl de ensalada, todas peinadas y producidas iguales, todas, en realidad, eran gatitos! Y en el medio del “restaurant” había mesas con hombres sentados de a dos, tres o cuatro!

Entonces entendí por qué el restaurant tenía vidrios como espejados en la parte de afuera, por qué el menú ofrecía, más que nada, bebidas alcohólicas y por qué el mozo nos había mirado tan raro!

Ya cuando vino a ver qué comíamos, la sonrisita dejaba ver sus dientes porque segúramente no podría creer que siguiéramos ahí!!!

Mientras esperábamos que nos trajera lo que habíamos pedido, empezamos a cuchichear entre nosotras sobre el ambiente donde estábamos y nos empezó a causar gracia, por supuesto que no nos fuimos, comimos nuestros tostados, seguimos hablando sin parar y cuando terminamos, pues volvimos al congreso como si nada!

Perlas de Egipto

El último día en El Cairo fue muy duro, en realidad, el tiempo que estuvimos esperando el vuelo en el aeropuerto fue muy fuerte porque nos tuvimos que levantar a las 4 de la mañana para el vuelo de las 7 de la mañana. Y había cenado tarde la noche anterior. O sea, dormí poco y a una marmota no se le puede pedir éso! Se me cortó la digestión!

Y la espera fue terrible porque temblaba, me dolía todo y vomité por fin. Pero igual no me sentía bien y temía que fuera una especie de pánico a volar, algo que nunca había tenido. Ale pidió un médico y todavía lo estamos esperando. Afortunadamente, el segundo que puse un pie en el avión se me pasó todo. Y viajé bárbara y ni dormí! El que durmió fue Ale!

Tal vez fue que me quería ir de Egipto de una vez? Admito que lo disfruté mucho pero se ve que el calor no me hace bien. Tal vez haya tenido un golpe de calor… En fin.

Como siempre me pasa, de un lugar que me voy recuerdo la comida y la gente.

Y voy a recordar la miseria que me encontré. No pensé que Egipto era un país tan pobre. Ni tampoco que la gente fuera tan tranquila y tan generosa.

Antes de venir Karen nos había prevenido que la gente pide propina por todo, sobre todo quienes trabajan en servicios. A mí me había caído un poco mal. Pero saben qué? Cuando estás ahí te das cuenta de que la propina es una diferencia en sus paupérrimos salarios.

Quiénes esperan una propina? Quienes te levantan una valija, personal del hotel por cualquier preguntita que hagas, algún empleado de un negocio que te ayuda a comprar cosas, porque nos pasó que fuimos a un negocio y una chica nos seguía a todos lados y ella se encargaba de llevar lo que elegíamos, al mostrador. Bueno, es así, tampoco podíamos estar, “No, querida, dejá que lo llevo yo, ” tratamos de seguir sus costumbres

Ni hablar de los taxistas. O los mozos o, también, quienes están a la entrada de diferentes secciones en los lugares históricos.

Pero también hay otros que no deberían: los policías te piden o si no, desarrollan estrategias como uno que nos encontramos: estábamos caminando por una calle camino a nuestro hotel y un policía nos vio y nos seguía a una distancia y nos quería dar conversación pero lo ignoramos educadamente. Pero igual nos seguía. Ale se dio cuenta que era para hacernos ver que nos estaba cuidando y cuando llegamos al hotel Ale le dio una propina, o sea, hay que estar ahí para no darles, es fácil decir de afuera “yo no lo hubiera dado” pero ellos están ahí esperando éso.

Un policía con su uniforme de verano.

Otros que esperan propina es gente que anda dando vueltas por los templos y te llaman bajito, una vez que la guía se va y te deja explorando. Y te llevan a rincones donde no te llevan y te hacen sacar fotos. Y una vez me asusté porque uno, con un arma colgada de su hombro, nos llevó a un lugar y no estuvo conforme con la propina que le dio Ale (no teníamos más! El cambio volaba con tanta propina!) y dije, “vámonos” porque estábamos los tres ahí en un rincón donde nadie nos veía y tenía miedo de que nos apuntara o amenazara. Pero, ahora a la distancia, fue algo exagerado de mi parte.

La gente es tranquila, en general, pero el tránsito es caótico! Nadie respeta nada, casi que no hay semáforos y la gente cruza metiéndose entre los autos que nunca frenan, apenas desaceleran un poco si ven que alguien se acerca. Familias enteras cruzan así.

Acá hay un ejemplo, el sol me daba de frente, pero creo que es claro cómo cruzan las calles aunque todavía no había tanto caos. Estaba poniéndose el sol y todos estaban apurados para llegar a sus casas para cenar en familia, por Ramadán.

No me voy a olvidar de la nena que nos quería vender unos señaladores y Ale aceptó pero Karen le pidió un precio especial. Lo concedió y le preguntamos si le podíamos sacar una foto. Accedió y Ale le dio una propina. Pero, tan amorosa, se ve que se sintió contenta que quisiéramos tener una foto con ella que insisitió e insistió y a Ale le regaló un sobre con postales. Karen le preguntó si nos lo iba a cobrar pero muy enfática dijo que no.

No me voy a olvidar de la amabilidad de los mozos y tripulación del barco. Y del sentido del humor de los mucamos! (porque no había mujeres) y siempre nos dejaban algo gracioso en el cuarto, por ejemplo, este muñeco que armaron con nuestras batas, las toallas, mis anteojos de sol y la gorrita de Ale!!!!

El Cairo Día 3

El mercado Khan-el-Khalil.

Nuestro último día en Luxor en el barco. Hicimos el check-out a las 8 de la mañana y desayunamos. Teníamos ganas de salir a recorrer la ciudad. Lo habíamos hecho a la noche pero queríamos verla de día. Pero desistimos de la idea porque no podíamos volver a ducharnos y del barco teníamos que esperar a que nos fueran a llevar al aeropuerto. Así que nos quedamos adentro, surfeando la internet y leyendo.

A las 11 y media nos vinieron a buscar y fuimos hasta el aeropuerto de Luxor, donde tomamos un vuelo de Egypt Air para volver a El Cairo. Llegamos a las dos horas y nos alojamos en un hotel de la zona del aeropuerto.

A las 7 de la tarde vino Karen y con ella paseamos por el bazaar Khan-el-Khalili, el bazaar más antiguo de todo Egipto, interminable, lleno de pasadizos y callejuelas, negocios que venden de todo, generalmente para el turista. Pero también se consiguen objetos de oro y de plata, desde miniaturas, platos, llaveros, joyas, lo que te imagines.

La universidad Al-Azhar y la mezquita.

Distintos sectores del mercado:



Karen nos ayudó muchísimo porque, como sabe árabe, peleó los precios con tanta gracia y seguridad, que de cada negocio nos terminábamos llevando algo de regalo o hasta algún descuento.

Yo los miraba negociar y me hubiese encantado filmarlos! Es todo un arte! Cómo se tratan (con respeto pero cada uno firme en lo suyo, uno defendiendo su dinero, otro defendiendo la calidad de lo que venden) en fin, Ale y yo mirábamos absortos y lo disfrutamos mucho!

Después fuimos a tomar algo a un café llamado Café de Fishawi, que está abierto en forma continua día y noche desde hace más de 200 años. Sólo cierra durante Ramadán pero abre a la tarde.

Vista desde el café que se extiende desde adentro del local hasta la calle del bazaar.

Mientras estábamos allí se acercó una señora que saludó muy afectuosamente a Karen, se conocían. Me regaló unos collares y pulseras de flores de jazmín enhebradas por ella misma. Y también unas rosas.

Con Karen.

Con Ale.

Eso también es muy común, muchos se acercan a venderte cosas pero también te regalan. De todas formas, igual le dí una propina, me daba cosita quedarme con algo que ella vendía.

Después se acercó un nene de 4 años que muy animadamente empezó a venderle pulseras a Karen, con tanta gracia, que le terminó comprando una. Se acercó a nosotros desde el negocio de su padre.

Aquí lo pueden ver en acción.

No sé el tiempo que estuvimos en el bazaar, lo disfrutamos mucho y luego nos despedimos de Karen, agradeciéndole lo bien que nos había atendido y cuidado y por lo mucho que aprendimos.