Navegando El Nilo Día 2

Vista del templo desde el bote.

Nos levantamos temprano y después de desayunar, tomamos un micro que nos llevó a un muelle donde había infinidad de botes. Nos dirigimos al Templo de Philae.

La entrada impresiona.

Si se fijan bien, este templo presenta columnas de estilo greco-romano. Cuando veas un templo egipcio con esta clase de columnas significa que fueron construidos en el período Ptolomeico. Bajo esta dinastía (la iniciada por Ptolomeo, un general griego), los egipcios tuvieron la libertad de seguir adorando a sus dioses y pudieron, entonces, construir sus templos aunque con influencias, como es evidente.


Es increíble ver los jeroglíficos intactos y después de tantos años tener la posibilidad de admirarlos, de disfrutarlos y, hasta a veces, (bueno, con ayuda de algún guía) entenderlos.

Jeroglíficos en una columna.

Evidencia de que los cristianos se refugiaron en este templo cuando eran perseguidos.

Este es un templo que estaban construyendo los romanos para un emperador pero como murió antes de que fuese terminado, fue abandonado.

Luego fuimos a ver unas represas, la nueva y la vieja. La vieja fue construida por los ingleses que necesitaban que hubiera más cosecha de algodón. La nueva fue construida con ayuda de la Unión Soviética para generar electricidad y controlar el flujo del río.

Un sector de la represa.

De allí fuimos hasta el sitio donde se encuentra un obelisco inconcluso. Había sido cortado de las piedras in situ, como se puede apreciar en la foto, pero como encontraron una falla en la piedra, lo abandonaron. El obelisco iba a ser construido para ser una ofrenda a los dioses y como la piedra tenía una falla, no era perfecta. Y por este motivo, se lo abandonó.

El obelisco inconcluso.

Cuando volvíamos, para llegar a la salida hay que pasar por un pequeño boulevard donde están todos los negocios. Yo quise comprarme una camisa de algodón y después de pelear un poquito el precio, decidimos comprarla, pagamos, y ya no nos quedaba más dinero. En seguida, otro vendedor, que vio que yo señalé su puesto de especias, se acercó y empezó a decirme en perfecto castellano “Qué es esto? Qué es esto?” y empezó a ponerme distintas especias y a hacerme adivinar (a mi juego me llamaron!) y después de acertado todos los montoncitos que me puso en la mano, quiso venderme “1 pound! 1 pound!” o sea, una libra.

El boulevard tan temido.

Yo le pregunté “1 Egyptian pound?” “Yes, 1 pound” y los dos, el que me había vendido la camisa y el de las especias, sin que nos hubiésemos dado cuenta, nos habían estado empujando hasta el fondo del local donde tenían un lugar lleno de especias y de distintos tipos de pimientas y -te ganan por cansancio!- tanto insistió con un té de menta que le dije “OK but one pound” (porque yo tenía nada más que eso en el bolsillo!) “Yes, 1 pound”.

Yo lo veía entusiasmado poniendo té en una bolsita y le dije basta porque eso de “1 pound” no tenía nada! Lo pesó y me dijo “50 pound” “No! 1 pound!” le dije. “1 gram, 1 pound”. Ah qué vivo! Y yo qué ilusa!

Diciéndole que no, nos queríamos ir y cada vez que le quería devolver el paquete, él me lo volvía a dejar en mis manos, no sé cómo hacía pero no había forma de que él lo recibiera.
Con cada intento él iba bajando el precio, pero no llegaba a “1 pound” nunca! Ale tampoco podía ponérselo en sus manos y cada vez que queríamos salir, nos bloqueaban uno u otro.

Al final, creo que lo bajaron a 10 y Ale le dijo que no tenía y el vendedor le dijo “Sí, tenés” y le señaló el bolsillo, le había visto el billete cuando sacó la plata para pagar la camisa que me compré antes. Y éso era lo último que teníamos, pero con tal de irnos de ahí, se lo dimos y el de las especias vino hacia a mí y me señaló mi bolsillo y yo le dije “No money” y … qué me pudo haber dicho!?!? “1 pound!”

Él sabía que yo tenía ese billete porque también me lo había visto cuando yo lo saqué antes para mostrarle que era lo único que tenía.

Mah, si, ya no me importaba nada, le dí el 1 pound y nos fuimos de ahí. Nos dimos cuenta que éramos los únicos, los demás habían estado esperándonos en el micro como 15 minutos!

Volvimos al barco a almorzar y de allí volvimos a partir. Esta vez fue para visitar el Templo de Sobek en Komombo.

Un sector del templo.

Aquí se ve una mujer pariendo.

Aquí se puede apreciar diferentes instrumentos quirúrgicos, tijeras, sopapas como las que usan los chinos, ganchos, esponjas, cuchillos, etc.

Todavía se pueden apreciar algunos cielorrasos pintados.

Esa noche había que vestirse con algo típico de Egipto y nos dijeron que podíamos comprar los vestidos tanto en el negocio del barco o en algún puesto cuando bajáramos.

Cuando bajamos en Komombo, los vendedores ya nos estaban esperando porque sabían que ese día teníamos que vestirnos con las ropas que ellos venden. Le preguntamos a la guía hasta cuánto deberíamos pagar por los dos vestidos y nos dijo 150 libras egipcias los dos, no más.

Después de pasear por el templo, fuimos hacia los puestos aunque en el camino se te acercan de a uno, niños, viejos, hombres de todas las edades, vendiéndote collares, chales, postales, posters, de todo. Cuando llegamos a un puesto, elegimos dos, y cuando le preguntamos el precio, el puestero nos dijo “250”. “No, no,” decía Ale. Y el puestero iba bajando el precio de a poquito pero Ale seguía diciendo que no y nos queríamos ir y se le acerca a Ale y le dice en voz baja “Tenés que decir una cifra”. Le estaba enseñando a regatear! Entonces Ale decía una cifra, él decía una más alta. Al fin Ale dijo “140” “170!”

En fin, éste también nos ganó por cansancio, habíamos estado como 5 minutos dale que dale así que pagamos 170 y nos fuimos antes de que nos vendiera otras cosas porque un minuto que te detenés a ver algo más, te lo ponen en las manos, te dicen cualquier precio y el regateo puede no tener fin! Bah, tiene fin cuando terminás comprando más de lo que tenías pensado!

A la noche comimos platos egipcios deliciosos y disfruté aún más la mesa dulce. La pastelería egipcia es muy parecida a la turca y a la armenia, así se dan una idea, por supuesto, mucha masa filo, almíbar y pistachos.

A qué le saca foto la gorda? A la mesa dulce!

De repente de la cocina vinieron varios mozos y con Hassan, el maître al frente, tocando una especie de tamboril, y otro llevando una torta, se acercaron cantando a una mesa de una pareja. Pensábamos que era el cumpleaños de uno de ellos pero después nos enteramos que estaban de luna de miel y la canción que cantaban era una canción de amor del novio a la novia. Y les hicieron cortar la torta a los dos, como lo hacen los novios.

Aquí pueden verlos y escucharlos.

Como el día anterior el manager había dicho que cualquiera que quisiera podía entrar a la cocina o a la cabina donde está el capitán, yo pedí permiso y entramos a la cocina. Estuve hablando con los pasteleros, me mostraron lo que estaban preparando para el día siguiente y Ale les dijo que yo era chef pâtissiѐre, me pusieron un gorro y me dieron un bowl donde estaban preparando un postre y me sacaban fotos con su celular! Ah, entonces Ale también sacó la cámara y me sacó fotos con ellos! Nos despedimos y nos fuimos a lo siguiente…

Con los chefs pasteleros.

Después de cenar venía el baile! Fuimos a la pista, al otro piso, y allí estaba Hassan. Allí lo encontrabas a él, en el medio, divertido, enseñando pasitos de danzas egipcias. Vieron esas personas que no importa de qué nacionalidad son, uno se da cuenta al instante que son simpáticos, buena onda? Así es Hassan.

Bailando con Hassan y una señora que andaba bailando por ahí también.

Los dejo con una escenita filmada desde el barco mientras navegábamos . Se ve desierto, gente sobre burritos y luego, palmeras.