Navegando El Nilo Día 1

El día 26 a la noche fuimos hasta la estación a tomar el tren hacia Aswan. Lo tomamos a las 8.45 de la noche y llegaríamos a las 9.00 de la mañana del otro día.

Un tren en acción.

En la estación había mucha gente esperando, tanto locales como turistas porque de allí partían muchos trenes para diferentes destinos.

Esperando el tren.

Teníamos que viajar en camarote con cena y desayuno incluido. El camarote era pequeño pero cada espacio estaba bien aprovechado. Luego de cenar (yo ni toqué la comida porque me dolía la panza) vino el mozo y con una llave abrió un respaldo que estaba encima del cabezal de los asientos y vimos que eso era la cama de arriba (ya hecha, con frazada y todo) y a los asientos los bajó por el respaldo y voilà, otra cama! Las almohadas estaban en un estante más arriba.

Los dos asientos.

Las dos camas.

Yo nunca había dormido en una cama en un tren y, la verdad, la cama era cómoda pero era tanto el ruido y cómo se movía el tren que me despertaba a cada momento. El tren era muy parecido en apariencia y movimiento al tren que solía tomar cuando iba a Olavarría.

A la mañana siguiente Ale desayunó y yo, por las dudas, aunque me sentía bien, opté por tomar agua, nada más.

El pasillo en el tren.

El baño, toda una aventura. No bien entramos al tren quise “ir” y cuando entro, veo un cartel que decía, en árabe y en inglés, que no había que utilizar el baño si el tren estaba detenido. Como lo mío urgía, llamé a un mozo que andaba por ahí y le señalé el cartel y me dijo “No problem, no problem.” “No problem? Flush no problem?” le pregunté “Yes, no problem,” me aseguró.

El caso es que yo después apreté el pedal que estaba abajo y en vez de salir agua se abrió una puertita en el inodoro! Nada más! Como creo que si un cartel está ahí por algo es, yo, prevenida, había traído un vaso así que desagoté todo tirando agua y manteniendo el pedal apretado. Luego, cual Mónica Geller, limpié todo con toallitas húmedas y el inodoro quedó todo primoroso otra vez.

El inodoro, el pedal y el cartel.

No llegamos a Aswan hasta el mediodía así que la mayor parte de la mañana la pasé mirando por la ventana. Ahí pude observar que hay pequeños lotes cultivados con maíz y con otros vegetales que no alcancé a reconocer.

Las condiciones en que trabajan los campesinos son muy precarias, a sus cosechas las llevan sobre el lomo de sus burros. Puede que alguno tenga un tractor pero muy pequeño y desvencijado. Vi a unos tres hombres regando con agua que sacaban de un balde que habían transportado hasta allí. Se ven cabras y vacas muy flacas. Muchos niños y hombres, algunos pescando, otros bañándose en el río o lago.

También vi cómo son las casas. Como suelen vivir 3, o hasta a veces, 4 familias juntas, las casas tienden a construirse hacia arriba. Y ves a la mayoría de uno o dos pisos con las columnas listas para agregar otro más. Pero también se ven casitas muy precarias, taperas y mezquitas humildes.

Cuando llegamos a la estación, nos estaban esperando y nos llevaron al barco. Dejamos las cosas en el camarote y fuimos a almorzar. Luego fuimos en felucca (un pequeño bote a vela, sin motor) al Jardín Botánico. Hermoso. Muchas variedades de plantas, árboles y palmeras y muchos gatitos famélicos.

Nuestro felucca se llamaba Love Boat.

Entrada al Jardín Botánico.

Palmeras.

Gatito famélico.

También había un grupo de chicos y chicas de unos 12 o 13 años, no sé si estaban de excursión con la escuela o qué, pero había un grupito de chicas que nos miraban mucho y pasaban a nuestro lado y nos decían “hello” y se reían muy tímidas entre ellas. Nosotros seguimos caminando pero volvieron a cruzarnos y una de ellas me regaló unas florcitas que habían arrancado por ahí y me decían “hello”. Qué divinas! Yo no sabía qué decirles y sólo me salió decirles “shákran” que es gracias. Ni sé si lo pronuncié bien pero me entendieron.

A la vuelta unos chicos sentados sobre unas tablas muy precarias de madera, a modo de balsa, se acercaban a las embarcaciones y preguntaban “England? America? España? Italia?” y si uno respondía que sí a algún país que mencionaran, empezaban a cantar una canción tradicional de ese país para ganarse una propina.

Un niño cantando.

Cerca de las 5 de la tarde llegamos al barco. Tomamos el té (que sólo consistía en eso, té con un par de bocaditos) y a las 7 y media de la tarde, la cena. De todas formas, un ratito antes hubo un “cocktail” para todos los pasajeros y el manager del barco nos presentó al capitán, al chef, al recepcionista, y otras personas más.

Y luego sí, a cenar!