El Cairo Día 1

Vista desde el balcón de nuestra habitación.

Salimos de Londres hacia El Cairo el día 24 de setiembre y llegamos a la 1 de la mañana. Al salir del avión y pasar por un pasillo, encontramos a varias personas con carteles con nombres y allí ubicamos al “nuestro”. Nos saludó muy cordialmente este joven egipcio, alto, esbelto, de traje, y nos ayudó con la valija de mano, nos pidió nuestros pasaportes y ahí, al lado de la casilla de migraciones, pegó una visa en cada documento y él mismo se encargó de dárselos a las autoridades.

Sí, así como lo leen! Luego nos esperó mientras buscábamos las valijas grandes y él mismo se encargó de levantarlas y ponerlas en el carro y nos llevó afuera a esperar el taxi.

Como no estoy acostumbrada a que alguien me lleve el equipaje (algo que agradezco haber aprendido pero me costó mis buenas… lágrimas), me sentía un poco rara, una inútil, bah, yo siempre llevé mi equipaje encima y soy de la idea de que si vos no sos capaz de hacerte cargo de lo que llevás, pues no salgas de tu casa (Sí, sí, aprendí bien mi lección).

Mientras íbamos en el taxi por la autopista de calles lisitas, no dejé de deslumbrarme con todo lo que veía a mi alrededor: empezamos a divisar mezquitas hermosas y enormes y todo era más bello todavía por la iluminación.

Como es Ramadán (período en que los musulmanes realizan un ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol) había mucha gente por las calles como si fueran las cuatro de la tarde, gente comiendo, haciendo picnics (les recuerdo, eran como la 1 y media de la mañana), hasta vimos un embotellamiento en una de las calles de la autopista, no sé si se pueden dar una idea de la cantidad de gente y del movimiento alrededor a esas horas!

Llegamos al hotel y cuando ingresamos a la habitación, el señor que nos trajo las valijas (oh, sí, las trajo él, sí, me volví a sentir horrible) corrió las cortinas y qué vimos?!?! Las pirámides! El balcón de nuestra habitación da a las pirámides!

A pesar de la oscuridad se alcanzaban a divisar las tres perfectamente.

Este viaje se pergeñó hace un tiempo ya, cuando Ale decidió regalarse para sus 40 años ir a Hong Kong. “Ah, bueno,” dije yo “entonces yo también quiero ir a un lado para mi cumple!” “A dónde?” me preguntó Ale. “A Egipto!” se me ocurrió y yo pensé que iba a quedar ahí. Pero no, Ale empezó a averiguar y un día me contó de Karen, una inglesa que vive en El Cairo desde hace mucho y se especializa en guiar viajeros y la tiene clara dónde llevarte pero a la vez es lo bastante flexible para adaptar las visitas a tu gusto e interés.

Y nos pareció una buena idea porque estar en una ciudad donde, para los occidentales, es todo tan diferente (les juro, es muy diferente) es bueno estar con alguien que te tiene de acá para allá, va a lo concreto y no perdés el tiempo buscando ya sea un colectivo (que hay de muchas clases y precios – y no tienen carteles a dónde van y si los tienen, están en árabe) o un taxi o lo que sea.

Así que hoy a la mañana, después de desayunar nos encontramos con Karen, nos presentó el manager del hotel y nos llevó en una camioneta hasta la estación de subtes porque Ale tiene la costumbre de viajar en subte en cada ciudad que vamos. Antes de ingresar a la plataforma tuvimos que pasar por un detector de metales, al igual –me olvidé de mencionarlo – que cuando entramos al hotel. Y en el hotel me sonó por mis pulseras y no me dijeron nada, pero en el de la estación no sonó…

Tomamos el subte caluroso como todo subte pero aquí se sufre más. Yo le comenté a Karen que no tuve tiempo de comprarme unas camisolas un poquito largas y nada más tenía una camisa que me llegaba hasta debajo de la cintura y me sentía un poco incómoda porque no quería transgredir ni ofender (recuerden, estamos en un país musulmán donde una mujer no puede mirar un hombre a los ojos ni aunque estén hablando y no se puede abrazar o dar besitos a tu marido en público) pero me dijo que estaba bien y que nos miraban mucho porque se notaba que éramos turistas y a pesar de que desde tiempos inmemoriales en El Cairo hay turistas, todavía son una atracción para los locales y más en el subte, que no lo toma casi ninguno.

Saliendo del subte.

Después de seis estaciones llegamos al Museo Egipcio. Este museo por fuera es de color rosa oscuro y muy parecido a la Casa Rosada. Karen nos contó que a instancias de un arqueólogo francés, los egipcios levantaron este edificio para preservar sus tesoros porque hasta ese momento todo era un descontrol total. Nos dijo que hay tantos objetos que si estuviéramos mirando cada uno por un minuto, recién saldríamos del museo 9 meses después!

Entrada al museo.

Entonces decidió darnos un pantallazo general de la historia de Egipto y nos mostró muchas estatuas, esfinges, etc., y dos platos fuertes: uno, las momias, donde se exhiben fuera de sus sarcófagos y, como las que hay en La Plata, se ven los cabellos, los dientes, las uñas…

Y el otro plato fuerte fue ver a la máscara de Tutankamon, esa que se conoce mundialmente, la color azul y de oro y sus diferentes sarcófagos, ya que Tutankamon estuvo bien escondido hasta principios del siglo XX cuando fue descubierto.

Todo esto que yo cuento en dos párrafos nos llevó HORAS recorrerlo, aprenderlo, disfrutarlo y hay miles de detalles que no menciono porque estaríamos hasta mañana pero quedamos fascinados con este poquito de historia que Karen nos contó y que llevó tanto tiempo!

Después del museo fuimos a almorzar como a las cuatro de la tarde, comimos una entrada de diversos platos pequeños de comida egipcia que es parecida a la árabe y la cual a Ale y a mí nos gusta mucho.

En el restaurant.

Cuando estábamos por salir, notamos que ya empezaba a venir mucha gente a cenar, eran las 5 y media de la tarde y cuando salimos… Literalmente, me quedé con la boca abierta! La calle había sido invadida por mesas largas donde comían muchas personas! Karen nos dijo que como es la hora de comer, de terminar con el ayuno, la gente que es muy pobre o que se encuentra en tránsito porque acaba de salir del trabajo, se sienta a comer y gratis! Es el período de Ramadán, todo se comparte y se da también, como caridad, a gente humilde.

Al regreso, desde la camioneta pasamos por un montón de lugares donde vimos gente comiendo en las calles, bajo los puentes, sentados a mesas largas y todos comiendo en armonía. Una vista muy linda.

Y llegamos al hotel, donde estamos ahora, yo con cansancio pero contenta y sobre todo ansiosa, ya que mañana temprano iremos a ver las pirámides…

Ampliaremos…