5 Días en Hong Kong

Vista desde The Peak

Maravillados, sorprendidos gratamente y muy contentos: así volvimos de Hong Kong, China. Fue un viaje placentero por donde lo recordemos.

Cuando Ale me dijo que para regalo de cumpleaños de sus jóvenes 40 quería conocer Hong Kong, yo lo miré extrañada. Pero, obvio, era su cumpleaños, y me pareció interesante aunque no me despertaba curiosidad.

Pero superó todas mis expectativas, esta ciudad es hermosa, vibrante y muy moderna! Los rascacielos son imponentes y me gustaron mucho más que los de New York.


Hong Kong tiene mucho movimiento, mucha gente… y mucha humedad! Yo me miraba las piernas, las rodillas, la panza y era un globo! Ahora que volví me miro al espejo y debo afirmar que la humedad… me cae mal! Pero por suerte no me desalentó y recorrimos la ciudad todo lo que pudimos.


Es también una ciudad que no descansa, los negocios están abiertos hasta las 11 de la noche y hay un mercado que está abierto hasta la mañana siguiente. Se puede salir a cualquier hora, por lo menos en la zona donde nos hospedamos, Mongkok, era segura, había gente en las calles todo el tiempo.

Salimos el día 30 de mayo a las 10 de la noche hora Londres. Fue gracioso, cenamos y después de dormir, en el avión nos sirvieron el desayuno antes de aterrizar pero… ya eran las 6 de la tarde en Hong Kong!

Tomamos un tren desde el aeropuerto que nos llevó a otra estación donde tomamos el subte hasta la estación Mongkok.

El hotel

El tren, modernísimo, con aire acondicionado, veloz y silencioso. El subte amplio, fresco del aire acondicionado y con barras a nuestra altura! Qué divino! Me sentía re alta, llegaba sin esfuerzo!

Cuando bajamos en la estación subimos por unas escaleras mecánicas que daban a un shopping y desde el cual, a través de un puente peatonal corto, llegamos al hotel mismo.

Al otro día fuimos a un shopping porque Ale quería comprar unas cosas y notamos que shoppings enormes y lujosos hay muchísimos y muy cerca unos de otros. Además hay que agregar que todo hotel lujoso cuenta con un shopping propio donde lo mínimo que encontrás es Prada, Louis Vuitton, Chanel, Valentino, Fendi, blah blah blah blah.


Para llegar a ese lugar tomamos un ferry para cruzar a la isla.

Vista desde el ferry llegando a la isla.

Luego visitamos el distrito financiero, donde concluí que verdaderamente lo que a mí más me gusta es explorar ciudades, conocer la gente local y degustar la comida. Los edificios son preciosos (digo, no conozco otra palabra?!?!) y además de la limpieza reinante hay muchos árboles y parques por aquí y por allá.


Después de pasear por parques tan prolijos y limpios fuimos a The Peak (El Pico), o sea, el pico más alto de Hong Kong. Subimos por un cable carril que está desde la época de la colonia, obviamente que a través de los años han ido reparando y cambiando los vagones pero ya desde esa época se podía acceder al punto más alto.

El cable carril

Allí vivían los ingleses de la high society ya que allí arriba no hace ese calor aplastante, la temperatura baja unos grados y corre viento. Pero también puede pasar que te baja una nube y veas muy poco, como nos pasó entrada la tarde mientras tomábamos un cafecito.

Yo dije: Estamos en Hong Kong, hay que ver a los pandas! Así que al día siguiente fuimos a conocerlos. Se encuentran en un lugar especialmente acondicionado en un parque que se llama Ocean Park, una mezcla de Temaikén con Mundo Marino: hay focas, delfines, flamencos, una pecera como de no sé cuántos pisos que vas bajando los niveles y te encontrás con peces del tamaño de un auto o tiburones o lo que se te ocurraaaaaaaaaa!!!


También cuenta con una montaña rusa, y otras clases de juegos para niños, muchas, muchas escaleras mecánicas porque este lugar no se encuentra en una planicie, todo va hacia arriba así que para lo que quieras visitar, tenés que subirte a las escaleras.

Pero están ellos y después de recorrer el parque y subirnos a uno que otro juego, dejamos para el final, el plato fuerte: los pandas.


Ay, fue una conmoción-emoción-alegría verlos, tan gorditos y amorosos, con esas caras de cancheros y tiernos, preciosos, la verdad, daba ganas de darles un abrazo.


Los vimos comer, caminar, meditar, recostarse, rascarse la orejita… No me quería ir de allí!


Yo quisiera que miraran con atención el panda metódico de la izquierda: con la boca junta unas cuantas hojas de bambú, las sujeta de un extremo con los dientes y a la vez, con la mano las retuerce un poco para hacer un rollito. El otro panda no, directamente las arranca con la boca.

Al día siguiente era el cumple de Ale, salimos a recorrer los mercados en la calle y cuando volvimos al hotel para dejar un par de cosas que compré, nos encontramos con ésto:

Una torta para Ale! Con una tarjeta de felicitación y velita, cortesía del hotel.

Después de probarla, fuimos a recorrer el mercado de peces, el de flores y el de pajaritos.

Miren cómo tenían a los peces!!!!

Volvimos para prepararnos, había que festejar el cumple y Ale ya había reservado en Felix, un restaurant que quería conocer porque está en el último piso del Peninsula Hotel y se tiene una vista de los rascacielos increíble! Y a las 8 de la noche la iluminación de los edificios se sincroniza para dar un lindo espectáculo, incluyendo rayos láser.

A punto de cenar.

Parecido a lo que Ale hizo hace algún tiempo, esta vez, fui yo quien fue a avisarle al maître d’ que era su cumple y con su postre, aparecieron con una velita y uno a uno los mozos lo saludaron.


De allí salimos a dar una vuelta por la Avenida de las Estrellas, como lo que hay en Los Angeles, donde están impresas las manos de varias celebridades, en este caso, chinas. Los únicos que reconocí fue Jackie Chan y una estatua de Bruce Lee.

En la Avenida de las Estrellas, con esa hermosa vista noctura de Hong Kong.

Ya en nuestro último día decidimos ir a uno que otro shopping y a recorrerlos. Luego fuimos a unas escaleras mecánicas que se utilizan como medio de transporte ya que mucha gente que vive arriba, bien arriba y necesita bajar para trabajar. Son 20 escaleras, tiene 800 metros de largo. Es la escalera mecánica más larga del mundo.


Como quise explicar acá:

Toma 1

Y como expliqué, finalmente, aquí:

Toma 2

Las perlitas (algunas):

– Esta vez, comí joroba de camello (de sabor muy parecido a la ubre de vaca) y anguila.

– Ufa! Pedíamos, por ejemplo, una entrada para compartir y un plato principal cada uno. Pues te traían de a plato, o sea, te terminabas el primero que traían y después el otro y el otro. La primera vez que nos pasó pensábamos que se habían equivocado o que el servicio era malo, pero no, es así. Y te traen platito, bowlcito, tacita, palitos… Y, eso sí, té como bebida.


– Yo nunca había regateado pero regatear en Hong Kong no es tan difícil… Por ejemplo, yo vi una carterita con motivos chinos y le pregunté a la vendedora “How much?”. Me dijo “150 dólares (de Hong Kong)”. Yo la volví a mirar y me dijo “130… 120”. “No, no, gracias”. Me estaba yendo y me gritó “100!” y yo seguía, me agarró de un brazo y me dijo “50”. Ahí me pareció bien. Y la compré. Ya, envalentonada como pocas veces, me quise hacer la canchera con un adornito muy lindo. Pregunté cuánto y me dijeron “200”. Me pareció caro. Me iban bajando el precio de a 10 dólares (de Hong Kong) hasta que se pararon en 150. Como no me convencían, me dijeron cuánto quería pagar. “50” les dije. Las chinas se empezaron a matar de risa y no me dieron más bolilla, así que derrotada y humillada me fui sin el adorno!


– La ciudad me pareció muy bien diseñada y por el tráfico que hay se construyeron muchos puentes peatonales como el que ven más abajo. Conectan estaciones con shoppings, con oficinas… Muy inteligente, no?