Tradición y Familia

Es sorprendente cómo las vivencias o simplemente el camino que una elige te van llevando a las fuentes y un día te das cuenta de que eso que te molestaba que te dijeran cuando eras chica (“Ay, igual que tu mamá!”) a cierta edad es motivo de orgullo.

Cómo se explica que yo, que trabajé y estudié desde los 18 años y que soy un ejemplo perfecto de lo más remotamente lejano a un ama de casa, ahora me encuentre cocinando con placer, llevando tortas y tartas a los cumpleaños y pensando en hacer pastelitos para el 25 de mayo para celebrar la fiesta patria con amigos aquí en Londres?

La respuesta está en el ejemplo que me dio mamá sin saberlo: cocinar algo rico y que te salga bien por la atención y el esfuerzo puesto es la forma perfecta de demostrar que los demás te importan. Y de que querés que te quieran.