Pachucho

El viernes pasado, a las 9 de la mañana, Ale empezó a quejarse de un dolor en el costado derecho de su abdomen. A los 15 minutos ya no sabía cómo sentarse, pararse, moverse, nada.

Llamamos a NHS Direct que es una especie de hotline donde te “atiende” una enfermera, te hace preguntas en particular y te dice qué hacer, algo bueno para un hipocondríaco pero no para mi Ale que se estaba retorciendo de dolor.

Decidimos ir a la clínica más cercana y en la sala de espera, Ale que es tan discreto y callado, estaba quejándose del dolor casi a los gritos.

Fuimos a un consultorio y la doctora pensaba en una apendicitis así que decidió mandarnos al St Thomas’s Hospital de urgencia. Ella, mientras tanto, enviaría un fax con la información sobre Ale.

(Nos recomendó que tomáramos un taxi, si pedíamos una ambulancia podría tardar más).

En el taxi Ale seguía quejándose y cuando llegamos al hospital, en la guardia (“A&E“: Accidents and Emergencies) fui a la recepción y dije que deberían tener un fax con nuestros datos, fueron a buscarlo y sí, ahí estaba e inmediatamente lo llevaron a un pequeño consultorio donde le extrajeron sangre y le tomaron la presión.

Para ésto, Ale parecía que estaba a punto de parir. Nunca lo había visto así! Nos llevaron a otro lugar y ahí le pusieron suero y morfina. Y lo monitoreaban a cada rato. Y venían médicos y lo miraban y lo examinaban y decían que lo más probable era apendicitis y que había que esperar a los cirujanos.

Se le pasó un poco el dolor y decidieron internarlo. Lo llevaron a otra ala del hospital para esperar cirugía.

Vista que tenía Ale desde su cama en el St Thomas’s Hospital.

A eso de las 5.30 de la tarde, llegó un cirujano, leyó la información que había en la carpeta que estaba al pie de la cama y lo tocó un poco y dijo que apendicitis no era, sino una piedra en el riñón.

Ordenó unas radiografías y ver cómo evolucionaba. Ale, para este entonces, se sentía un poquitín mejor.

Al rato apareció la enfermera con un menú para que eligiese qué quería comer. A mí me ofrecieron un té. Y a cada rato venían a ver si teníamos una jarra con agua fresca.

Luego de que Ale cenara, me enteré que no me podía quedar porque las visitas son hasta las ocho. Así que tuve que dejar a mi maridito solo pero bien cuidado, las enfermeras me inspiraron confianza porque ellas trabajaban a la salida de las habitaciones, ahí tenían sus escritorios. O sea, estaban cerca.

Al otro día Ale fue remitido al hospital de al lado, el Guy’s Hospital y ya estaba mucho mucho mejor, no tenía ningún tipo de dolor. Estaba en el ala de urología. Y decidieron dejarlo para ver de qué tamaño era la piedra y para controlarlo mejor.

Esta es la cama que estaba enfrente de la de Ale, igual que la de él.

Al otro día le dieron el alta, unas cajitas con remedios y un amable apretón de manos de parte del enfermero.

Esta es la cama de al lado. Esa tele también era un monitor de PC y tenía internet (había que pagar £2.90 por día). E incluía teléfono (el de la izquierda) y el de la derecha de la pantalla es el control remoto y en la parte de atrás, teclado. Noten también que hay un frasco. Ese frasco contiene alcohol en gel y está en cada cama, a la entrada de cada ala y en los pasillos. Es una nueva medida, es para que la gente se limpie las manos antes de estar en contacto con los internados.

La parte de atrás del control remoto.

Cuando estábamos guardando las cosas, le dije a Ale que me gustaría hacer una donación al hospital, nos habían tratado tan bien, le hicieron un montón de estudios, nos dieron los remedios, etc., todo gratis… Pero recordé que todo esto fue gracias a los altos impuestos que todos, incluso nosotros, pagamos y entonces pensé “No, está bien, es como tiene que ser, uno paga los impuestos y luego es retribuido de esta manera, o sea, cuando uno necesita de un servicio como la salud, pues aquí está”. Entonces no me dió tanta culpa…

Y una grata sorpresa saliendo del Guy’s Hospital…