Valencia

Paella en Valencia

El domingo llegamos de Valencia, a la noche, casi 1 de la madrugada, Ale con todo el refunfuño (odia esperar y sobre todo en los aeropuertos) pero habiendo pasado un fin de semana con temperatura, compañía y comida agradables.

Alguna vez me dijeron que uno recuerda los lugares por las personas que conoce; yo tendría que agregar que también se recuerda los lugares por la comida! (No puedo creer que cada vez que escribo un mail sobre un viaje, la comida sea casi protagonista!)

Partimos el viernes a la tarde y llegamos a Valencia a la noche, nos estaban esperando Nico, amigo de Ale y su novia Elena, valenciana, flaquita, simpática y muy bonita.

Nos llevaron al depto de Nico y para mi sorpresa, nos lo dejaron a nosotros, ya que Nico se mudó a lo de Elena y está por dejar el departamento a fin de mes. Era un “piso” como dicen allá (pero no “piso” como lo entendemos nosotros) re-grande, habían 3 habitaciones, dos baños, un lavadero, una cocina, un hall grande, y un living grande también con un balcón. Yo me sentía en Buckingham Palace! Porque todos los cuartos daban a un pasillo y si uno estaba en la habitación y otro en el living, o sea, en la otra punta, no nos escuchábamos!

El sábado fuimos a desayunar con Nico a un bar y luego hicimos algunas compras y paseamos por la parte vieja. Hacía una temperatura genial, ni frío ni calor (si, ya sé: “cero grado”) y antes de almorzar, como se acostumbra en España, tomamos un cafecito o algo. Estábamos en una plaza y vimos que enfrente había un local llamado “La Boca”, pintado de azul y amarillo, que venía choripanes con chimichurri. Por supuesto que Ale no me dejó ir a comprar uno. Malo!

El café se pide como en Argentina, o sea, si uno pide un cortado, es eso, pero lo sirven en un vasito de vidrio chiquito, un poco más grande que el que se usa para tomar gin o vodka, el que tenga cultura alcohólica, se da una idea.

Nico pidió un “café del tiempo”, algo que me sonó tan melanco-romántico, pero no, el café viene en un vasito y en otro vaso mediano vienen cubitos de hielo y uno lo que hace es echar el café caliente en el vaso mediano y ya! Así se obtiene un regio café tibio, claro que pedir un “café tibio” no tiene tanto glamour!

Se almuerza muy tarde, alrededor de las 3 de la tarde, incluso los días de semana. Después de ese bar, fuimos a un mercado techado donde se vendía (adivinen qué?) Si, comida! En realidad, eran muchos puestos tipo mercado de abasto (el viejo, eh, no el shopping) donde se vendían frutos, verduras, chorizos, carne, lo que sea, y por supuesto, incontables patas de jamón. Desde ya que nos sacamos una foto con varias patas de jamón detrás.

Fuimos a almorzar a un restaurant muy monono donde también se vendían jamones, salames, quesos y …nos trajimos algunos!! Y luego, helados, yo pedí uno de turrón, Elena pidió uno de piña, pero no ananá, piña, y tenía las semillitas enteras!

Me olvidé de mencionar que probé “horchata”, un jugo muy popular y típico. Se obtiene de procesar unas semillas y mezclarlo con agua. El resultado, una bebida que a mi paladar supo a leche con gusto a madera, pero no me importó nada! Me gustó lo mismo!

El domingo hizo muuuuucho calor, fuimos al oceanario y vimos delfines, peces tropicales y como a mí ver tanta agua me marea (porque no sé nadar), cuando me tocó pasar por el túnel cuyo techo es transparente y le ves la pancita a los tiburones, caminé tan rápido como pude hasta el otro extremo donde lo esperé a Ale.

Luego nos fueron a buscar y paseamos por la parte nueva de Valencia, la ciudad de las ciencias y las artes, donde justamente se encuentra el oceanario. Es un lugar muy blanco, muy futurista, hay piletas, es precioso el lugar, es muy difícil de describir, daba la sensación de estar en el futuro.

Después fuimos a almorzar a la playa a comer paella, por supuesto! Nos enteramos que Elena tuvo que llamar al restaurante y reservar no sólo el lugar sino también el menú. Sabían que queríamos probar la paella a la valenciana pero la comimos sin frutos de mar!!!! Era con pollo y conejo, y la disfrutamos igual, muy rico, me gustó el arroz sobre todo.

Luego volvimos al depto a hacer la valija. Antes de irnos, vino un chico argentino conocido de Ale a vernos. Estuvimos charlando un rato y nos fuimos.

Como leyeron, la pasamos muy bien, lástima que estuvimos poco tiempo, pero estuvo bueno de todas formas. Fue raro, porque generalmente cuando uno viaja vuelve con muchas cosas para contar, pero eso sucede cuando la estadía se extiende por más de 4 días, pero por lo mucho que veo que escribí, pareciera que me fui una semana!