Galicia

Elvira y sus ovejas

Ayer llegué de Galicia, España, por supuesto, donde la pasé genial con mi amiga Mariana, su esposo Horacio y su hijo Rodrigo.

Llegué disfónica, dejé a Mariana en el mismo estado, es que hablamos “hasta por o cu” como dice ella en gallego. Me llevaron a pasear por un montón de pueblitos, yo un día me tomé para ir a Santiago de Compostela y luego visitamos castillos (o castelos) y hasta un parque nacional.

Mariana vive en un aldea llamada Salvaterra, muy cerquita de Portugal, donde también fuimos el primer día que llegué. Hay muchos pueblitos, o aldeas, una al lado de la otra, pero no tan cerca y hay que acceder en auto.

También mi amiga me había prevenido de que el lugar era pequeño y que iba a encontrar a “Heidi, Pedro y todas las ovejas”, y es verdad! En esa aldea no pasa el tiempo, se ven los hombres con sus boinas, las mujeres con sus batoncitos y sombreros, trabajando la tierra y cuidando de sus animales.

Horacio me contaba que es verdad eso que se dice de Argentina, que tirás una semilla y crece sola. En Galicia el terreno es muy rocoso, uno cava un pequeño hoyo y saca piedras y más piedras. A todo lo que se siembra se lo cuida y se lo riega constantemente.

Todas, todas las fincas tienen su propio viñedo, cada casa consume su propio vino. Y si uno se pregunta por qué tanto trabajo, es que están tan acostumbrados a vivir así que no se plantean vivir de otro modo. Por ejemplo, la vecina de Mariana, Elvira, tiene con su esposo una jubilación, un lindo auto, los hijos viven lejos y a ellos no se les ocurre comprar un kilo de papas (“Cuánto puede llegar a salir?” se preguntaba Horacio). Ellos la siembran. Y así con todo lo que consumen. Sólo pueden llegar a ir al “mercadillo” cuando necesitan comida para sus animales, ropa u otras cosas.

Otras cosas que mis amigos me contaron es que esa fama que tienen los gallegos es verdad, pero no de burros o ignorantes o poco inteligentes, sino la forma de tratar y tratarse, y se toma de lo más normal. Sorprendentemente, ellos dicen que los argentinos somos muy educados! Sucedió que estábamos en un pueblo un poco más grande y queríamos tener la tarjeta de un taxista por si me hacía falta tomar un taxi más adelante y vimos uno y el taxista estaba afuera hablando con un hombre. Nosotras nos paramos al lado, esperando que terminaran de hablar, así le preguntábamos. El tipo nos mira y nos espeta “Quieres un taxi o qué?”. Menos mal que ya sabía cómo era el trato pero me daban ganas de contestarle “non quero un caraio!” y pese a esto, yo después lo llamé y muy contento me llevó al aeropuerto, muy atento se despidió dándome la mano y esperando que volviera a Galicia. O sea, a nosotros nos pueden resultar chocante ciertas actitudes: No dicen ni gracias ni por favor ni disculpe. Si te chocan, pues es como si nada.

Comí chorizos (yo diría salamines) y quesos de los más variados. Por primera vez le sentí el gusto a cerdo a los salamines, eran deliciosos. A Ale le traje no sé cuántas variedades, y también jamón crudo. Y le dije “tendríamos que invitar a alguien, es mucho para nosotros dos.” Ale estuvo de acuerdo, pero empezó a probar algunos y dijo “no invitamos a nadie, esto es todo para nosotros!”.

Cuando fui a Santiago de Compostela compré una torta que se llama “tarta de Santiago” muy rica, de almendras y también un queso típico de Galicia, queso “tetilla”. Tiene una historia y me la contó la guía cuando visité la catedral: Ni bien entra uno, se ven unas esculturas de los apóstoles y demás protagonistas bíblicos. Y hay una estatua de San Juan y es la única que está sonriente. Justo enfrente de San Juan hay una estatua de la reina Ester y se empezó a decir que la cara de felicidad de San Juan era en realidad de lujuria ya que la reina Ester había sido esculpida con unos pechos muy prominentes. Entonces, un obispo mandó a limárselos y quedó chatita pero la gente del pueblo no se olvidó y comenzó a hacer un queso con forma de teta! Entonces por eso se llama queso “tetilla”.

Qué finos.

Bueno, esto es todo por ahora. Les comento que Mariana me enseñó un montón de malas palabras en gallego pero me despido con un versito que se dice cuando uno estornuda:

Salud, forza no cu

Leite nas tetas

E muitas pesetas.