Fog

Where’s Jack?

Nadie nos cree cuando decimos que en Londres no llueve tanto ni hay tanta niebla como todo el mundo cree…

Pero una semana antes de Navidad empezó a descender una niebla bien espesa, tanto que la mayoría de los vuelos se tuvieron que cancelar. La niebla era bastante durante la madrugada, temprano a la mañana y a la tarde, cuando empezaba a anochecer (o sea, tipo 4 de la tarde).

Mucha gente que se iba de vacaciones para Navidad, tenían que pasar horas y horas y horas, esperando en el aeropuerto a que sus aviones salgan.

Esta foto la sacó Ale una noche, es la vereda al costado de casa. Donde no se ve nada, ése es el Thames.

No tienen la sensación de que en cualquier momento aparece Jack the Ripper?

My birthday

Se me nota feliz? Fuimos a cenar a un restaurante al que yo siempre quise ir (Booxwood Café) y cuando llegaron los postres, noté que un mozo le había puesto una velita a un marshmallow. Yo no desconfié nada ni pensé que era para mí porque yo había hecho la reservación por teléfono. Entonces cómo podían saber los mozos acerca de mi cumple?

Pues Ale, con la excusa de que fue al baño, habló con el maître d’ y le dijo que era mi cumpleaños y me decoraron el platito con un muy británico “Happy Birthday Alicia” de chocolate!!!



Valencia

Paella en Valencia

El domingo llegamos de Valencia, a la noche, casi 1 de la madrugada, Ale con todo el refunfuño (odia esperar y sobre todo en los aeropuertos) pero habiendo pasado un fin de semana con temperatura, compañía y comida agradables.

Alguna vez me dijeron que uno recuerda los lugares por las personas que conoce; yo tendría que agregar que también se recuerda los lugares por la comida! (No puedo creer que cada vez que escribo un mail sobre un viaje, la comida sea casi protagonista!)

Partimos el viernes a la tarde y llegamos a Valencia a la noche, nos estaban esperando Nico, amigo de Ale y su novia Elena, valenciana, flaquita, simpática y muy bonita.

Nos llevaron al depto de Nico y para mi sorpresa, nos lo dejaron a nosotros, ya que Nico se mudó a lo de Elena y está por dejar el departamento a fin de mes. Era un “piso” como dicen allá (pero no “piso” como lo entendemos nosotros) re-grande, habían 3 habitaciones, dos baños, un lavadero, una cocina, un hall grande, y un living grande también con un balcón. Yo me sentía en Buckingham Palace! Porque todos los cuartos daban a un pasillo y si uno estaba en la habitación y otro en el living, o sea, en la otra punta, no nos escuchábamos!

El sábado fuimos a desayunar con Nico a un bar y luego hicimos algunas compras y paseamos por la parte vieja. Hacía una temperatura genial, ni frío ni calor (si, ya sé: “cero grado”) y antes de almorzar, como se acostumbra en España, tomamos un cafecito o algo. Estábamos en una plaza y vimos que enfrente había un local llamado “La Boca”, pintado de azul y amarillo, que venía choripanes con chimichurri. Por supuesto que Ale no me dejó ir a comprar uno. Malo!

El café se pide como en Argentina, o sea, si uno pide un cortado, es eso, pero lo sirven en un vasito de vidrio chiquito, un poco más grande que el que se usa para tomar gin o vodka, el que tenga cultura alcohólica, se da una idea.

Nico pidió un “café del tiempo”, algo que me sonó tan melanco-romántico, pero no, el café viene en un vasito y en otro vaso mediano vienen cubitos de hielo y uno lo que hace es echar el café caliente en el vaso mediano y ya! Así se obtiene un regio café tibio, claro que pedir un “café tibio” no tiene tanto glamour!

Se almuerza muy tarde, alrededor de las 3 de la tarde, incluso los días de semana. Después de ese bar, fuimos a un mercado techado donde se vendía (adivinen qué?) Si, comida! En realidad, eran muchos puestos tipo mercado de abasto (el viejo, eh, no el shopping) donde se vendían frutos, verduras, chorizos, carne, lo que sea, y por supuesto, incontables patas de jamón. Desde ya que nos sacamos una foto con varias patas de jamón detrás.

Fuimos a almorzar a un restaurant muy monono donde también se vendían jamones, salames, quesos y …nos trajimos algunos!! Y luego, helados, yo pedí uno de turrón, Elena pidió uno de piña, pero no ananá, piña, y tenía las semillitas enteras!

Me olvidé de mencionar que probé “horchata”, un jugo muy popular y típico. Se obtiene de procesar unas semillas y mezclarlo con agua. El resultado, una bebida que a mi paladar supo a leche con gusto a madera, pero no me importó nada! Me gustó lo mismo!

El domingo hizo muuuuucho calor, fuimos al oceanario y vimos delfines, peces tropicales y como a mí ver tanta agua me marea (porque no sé nadar), cuando me tocó pasar por el túnel cuyo techo es transparente y le ves la pancita a los tiburones, caminé tan rápido como pude hasta el otro extremo donde lo esperé a Ale.

Luego nos fueron a buscar y paseamos por la parte nueva de Valencia, la ciudad de las ciencias y las artes, donde justamente se encuentra el oceanario. Es un lugar muy blanco, muy futurista, hay piletas, es precioso el lugar, es muy difícil de describir, daba la sensación de estar en el futuro.

Después fuimos a almorzar a la playa a comer paella, por supuesto! Nos enteramos que Elena tuvo que llamar al restaurante y reservar no sólo el lugar sino también el menú. Sabían que queríamos probar la paella a la valenciana pero la comimos sin frutos de mar!!!! Era con pollo y conejo, y la disfrutamos igual, muy rico, me gustó el arroz sobre todo.

Luego volvimos al depto a hacer la valija. Antes de irnos, vino un chico argentino conocido de Ale a vernos. Estuvimos charlando un rato y nos fuimos.

Como leyeron, la pasamos muy bien, lástima que estuvimos poco tiempo, pero estuvo bueno de todas formas. Fue raro, porque generalmente cuando uno viaja vuelve con muchas cosas para contar, pero eso sucede cuando la estadía se extiende por más de 4 días, pero por lo mucho que veo que escribí, pareciera que me fui una semana!

Royal Alice

Qué se sentirá ser la reina de Inglaterra? O un “royal”? Ah, hace pocos días tuve la suerte de experimentarlo.

Mi amigo Jonathan me invitó a un evento que se hacía en la Torre de Londres. Como él es miembro de la Honourable Artillery Company, me dijo que podía ir como invitada; Ale y mi primo Sergio también pero ninguno de los dos tenía traje como demandaba la ocasión, así que no fueron.

“Perdónenme,” les dije “pero yo esto no me lo pierdo”. Y así fue y fui nomás.

El evento consistía en tirar “cañonazos” (qué se yo cómo se dice en español!) al aire, desde la Torre de Londres hacia el Támesis. Se hace cada tanto y ésta vez era para celebrar el aniversario de la coronación de Elizabeth.

Los invitados teníamos que encontrarnos en el cuartel de la Honourable Artillery Company y esperar a que una combi blanca nos lleve, nos deje y nos pase a buscar.

Los soldados estaban vestidos para la ocasión, con trajes azules y rayas rojas y adornitos dorados por aquí y por allá, con guantes blancos, y demás parafernalia.

Me enteré luego de que ser parte de esta ceremonia es todo un honor y que muchos soldados suelen estar bastante nerviosos.

Antes de partir, se formaron, fueron inspeccionados uno por uno dos veces (muy formalmente fue este trámite y duró un montón!) y luego subieron a cuatro jeeps donde llevaban los cañones y municiones.

Partieron y atrás fuimos nosotros. Yo estaba sentada al lado de una chica que era la novia de otro soldado amigo de Jonathan y justo adelante mío se sentó uno de esos soldados que visten el famoso gorro negro hecho con piel de oso, el típico soldado de todas las postales.

(Obviamente no tenía puesto el sombrero adentro porque si no, no entraba, pero su traje tan rojo era muy vistoso.)

Fue increíble cruzar todo el centro de Londres a cierta velocidad mientras que policías en moto iban cortando el tránsito temporariamente hasta que pasaran los cuatro jeeps y la camioneta blanca.

Para mi asombro, vi que mucha gente me miraba y me preguntaba por qué. Y es que, claro, imaginate estar en la calle y que de repente se corta el tránsito, no podés cruzar, pasan policías, cuatro jeeps y una camioneta blanca con un soldado adentro, qué podés pensar!?!?! Ahí viene un royal! Ay, cuando caí me sentí en las nubes! Pensaba “qué fantástico, qué emoción!!!”. Lamenté que no estuviera mi primo Sergio al lado porque seguro éramos capaces de ponernos un guantecito blanco cada uno y saludar por la ventana!

Cuando llegamos a la torre, fuimos a un sector VIP che, y de ahí presenciamos una linda ceremonia y que por suerte la pudimos disfrutar porque nos habían dado protectores para los oídos.

El acontecimiento duró algo de 30 minutos o 16 cañonazos, yo nunca llevo reloj, pero fue un tiempito. Luego volvimos al cuartel y almorzamos en un hall de película, con pinturas de la reina y otros monarcas recientes todo alrededor.

Les gustó? Cambiando de tema, el verano llegó y no se imaginan el calor que hace! Nos cocinamos, ayer hicieron 31 grados, hay mucho sol y Londres está cada vez más linda.

Pensar que ahora en agosto, otra vez ponerme el tapado, los sweaters, las bufandas… compensamos con calorcito humano?

Elecciones

– Ay, Alicia, llegaste y con este calor! Qué querés tomar?

– Agua, gracias, Marian.

– Agua?!?! No preferís un jugo de naranja, una gaseosa? Una cerveza?

No, gracias, no tomo alcohol.

Todavía no? Cuándo vas a empezar?!?!

Palabras más, palabras menos, esta es la conversación que siempre tengo con la mamá de Jonathan cada vez que nos vemos.

Como ayer a la tarde no trabajaba, fui a lo de Jonathan porque había elecciones locales y quería ver cómo era, cómo se vota, en vivo y en directo.

“Mirá que no son elecciones nacionales,” me previno. “No importa,” le aseguré. Y ayer, con todo el calor, me acerqué hasta Teddington.

Lo que se votaba sería como una especie de diputados provinciales que tienen representación en el parlamento. Antes de ir, Jonathan me estuvo aleccionando de cada cuánto se eligen, cuántos van por cada localidad, etc. Incluso había localidades que elegían intendentes, otras no – porque directamente no lo tienen! Hubo muchos años antes una especie de referéndum donde se le preguntaba a la gente si querían intendentes y algunos votaron que si, otros que no, y los que votaron afirmativamente, pues eligen su intendente y los que votaron que no, no lo hacen. Así de simple.

También estuve yo contándoles cómo es el sistema en Argentina y Marian pensaba que las boletas tenían las fotos de los candidatos, para la gente analfabeta. Le dije que no, y que de eso se encarga el presidente de mesa.

Bueno, pero mi mail es para contarles curiosidades, desde mi punto de vista argentino, por supuesto. Les paso a describir lo que me llamó la atención:

No existe ni el feriado y tradicionalmente se vota un jueves. Tampoco existe el voto cantado: Uno puede decirlo, puede llegar al lugar con gorro, bandera y vincha, que está todo bien. Tampoco se muestra identificación alguna ni es obligatorio ir.

Cuando se acerca el día de la votación, a todos les llega una tarjeta con su nombre, dirección, fecha y horario de votación (desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche), dónde vota (con un mapita incluido) y un número de registro. Esta tarjeta uno la puede llevar o no.

A Jonathan le tocaba votar en la biblioteca, que está a la vuelta. Cuando llegamos, habían dos personas sentadas en la puerta, una mujer representando al partido Laborista y un hombre representando a los Conservadores, portando sendas escarapelas del color de sus partidos (lo del gorro, bandera y vincha es re-argentino, che). Le pidieron a Jonathan el número de registro, lo anotaron y pasamos. Cabe aclarar que sólo si uno quiere da el número de registro, si no, sigue de largo. Jonathan conocía a la mujer Laborista y me presentó diciendo “Esta es mi amiga Alicia, de Argentina, que viene a supervisar las elecciones y a controlar que ande todo bien”.

Cuando entramos, en un salón de la biblioteca, había una mesa con dos mujeres. Una tomó la tarjeta de Jonathan, dijo su nombre y dirección en voz alta, subrayó sus datos en una hoja (el padrón) y la otra tomó una hoja (la boleta) y le hizo una marca con una especie de sacabocados y se lo entregó.

Jonathan quería saber qué pasaba si yo iba con la tarjeta de su mamá y decía que era Mrs Ivey. Entonces llamaron a una especie de supervisor que andaba por ahí y se puso a charlar con nosotros. Para esto, Jonathan estaba todavía con la boleta en la mano, como si nada. TODOS como si nada!!! Todo relajado, todo cool. Este oficial nos explicó que si una persona se hace pasar por otra, y se desconfía, puede llegar a llamárselo aparte y hacerle unas preguntas particulares (cuánto hace que vive ahí, si paga impuestos, cuáles, qué se yo, ellos ya saben qué preguntar!) y si así y todo esa persona contesta bien, vota. El sistema está diseñado así, confía en las personas, en que quien quiera votar lo haga y responsablemente. Si se llegaran a dar cuenta de que esa persona no es quien dice ser, se anula el voto. También a este oficial Jonathan me presentó como la amiga de Argentina y yo ya estaba de todos colores.

Llegó el momento de votar y no hay cuarto oscuro. Enfrente de la mesa habían unas especies de mostradorcitos donde uno apoyaba la boleta y marcaba con una cruz hasta tres candidatos de una lista de 8, más o menos. Estaba detallado nombre y apellido del candidato Y LA DIRECCIÓN DE SU CASA!!!!!!!! Yo no lo podía creer. Tampoco podía creer que yo, extranjera, extraña, estuviera al lado de Jonathan mirando cómo marcaba con una cruz sus preferencias!

Marcar con una cruz es la norma, pero uno puede hacer un “tick”, o aun cualquier tipo de marca mientras que se encuentre dentro del cuadro. Incluso, uno puede dibujar una carita que se toma como válido, todo igual dependiendo del criterio de quien sea el presidente de mesa.

Cuando ya estuvo marcada la boleta, Jonathan la puso dentro de una caja de plástico, a través de una ranura y nos fuimos y yo tengo su tarjeta como sourvenir.

Qué tal, eh? Qué distinto. Todo el tiempo en que Jonathan hablaba, preguntaba, me presentaba, y etc., yo me sentía re-incómoda, sentía que estaba en falta, que no estaba bien, por estar tan acostumbrada a las formalidades del sistema de Argentina. En fin, estuvo interesante y divertido.

Cuando llegamos, Marian nos estaba esperando para tomar el clásico e inglés té de las cuatro de la tarde.

Galicia

Elvira y sus ovejas

Ayer llegué de Galicia, España, por supuesto, donde la pasé genial con mi amiga Mariana, su esposo Horacio y su hijo Rodrigo.

Llegué disfónica, dejé a Mariana en el mismo estado, es que hablamos “hasta por o cu” como dice ella en gallego. Me llevaron a pasear por un montón de pueblitos, yo un día me tomé para ir a Santiago de Compostela y luego visitamos castillos (o castelos) y hasta un parque nacional.

Mariana vive en un aldea llamada Salvaterra, muy cerquita de Portugal, donde también fuimos el primer día que llegué. Hay muchos pueblitos, o aldeas, una al lado de la otra, pero no tan cerca y hay que acceder en auto.

También mi amiga me había prevenido de que el lugar era pequeño y que iba a encontrar a “Heidi, Pedro y todas las ovejas”, y es verdad! En esa aldea no pasa el tiempo, se ven los hombres con sus boinas, las mujeres con sus batoncitos y sombreros, trabajando la tierra y cuidando de sus animales.

Horacio me contaba que es verdad eso que se dice de Argentina, que tirás una semilla y crece sola. En Galicia el terreno es muy rocoso, uno cava un pequeño hoyo y saca piedras y más piedras. A todo lo que se siembra se lo cuida y se lo riega constantemente.

Todas, todas las fincas tienen su propio viñedo, cada casa consume su propio vino. Y si uno se pregunta por qué tanto trabajo, es que están tan acostumbrados a vivir así que no se plantean vivir de otro modo. Por ejemplo, la vecina de Mariana, Elvira, tiene con su esposo una jubilación, un lindo auto, los hijos viven lejos y a ellos no se les ocurre comprar un kilo de papas (“Cuánto puede llegar a salir?” se preguntaba Horacio). Ellos la siembran. Y así con todo lo que consumen. Sólo pueden llegar a ir al “mercadillo” cuando necesitan comida para sus animales, ropa u otras cosas.

Otras cosas que mis amigos me contaron es que esa fama que tienen los gallegos es verdad, pero no de burros o ignorantes o poco inteligentes, sino la forma de tratar y tratarse, y se toma de lo más normal. Sorprendentemente, ellos dicen que los argentinos somos muy educados! Sucedió que estábamos en un pueblo un poco más grande y queríamos tener la tarjeta de un taxista por si me hacía falta tomar un taxi más adelante y vimos uno y el taxista estaba afuera hablando con un hombre. Nosotras nos paramos al lado, esperando que terminaran de hablar, así le preguntábamos. El tipo nos mira y nos espeta “Quieres un taxi o qué?”. Menos mal que ya sabía cómo era el trato pero me daban ganas de contestarle “non quero un caraio!” y pese a esto, yo después lo llamé y muy contento me llevó al aeropuerto, muy atento se despidió dándome la mano y esperando que volviera a Galicia. O sea, a nosotros nos pueden resultar chocante ciertas actitudes: No dicen ni gracias ni por favor ni disculpe. Si te chocan, pues es como si nada.

Comí chorizos (yo diría salamines) y quesos de los más variados. Por primera vez le sentí el gusto a cerdo a los salamines, eran deliciosos. A Ale le traje no sé cuántas variedades, y también jamón crudo. Y le dije “tendríamos que invitar a alguien, es mucho para nosotros dos.” Ale estuvo de acuerdo, pero empezó a probar algunos y dijo “no invitamos a nadie, esto es todo para nosotros!”.

Cuando fui a Santiago de Compostela compré una torta que se llama “tarta de Santiago” muy rica, de almendras y también un queso típico de Galicia, queso “tetilla”. Tiene una historia y me la contó la guía cuando visité la catedral: Ni bien entra uno, se ven unas esculturas de los apóstoles y demás protagonistas bíblicos. Y hay una estatua de San Juan y es la única que está sonriente. Justo enfrente de San Juan hay una estatua de la reina Ester y se empezó a decir que la cara de felicidad de San Juan era en realidad de lujuria ya que la reina Ester había sido esculpida con unos pechos muy prominentes. Entonces, un obispo mandó a limárselos y quedó chatita pero la gente del pueblo no se olvidó y comenzó a hacer un queso con forma de teta! Entonces por eso se llama queso “tetilla”.

Qué finos.

Bueno, esto es todo por ahora. Les comento que Mariana me enseñó un montón de malas palabras en gallego pero me despido con un versito que se dice cuando uno estornuda:

Salud, forza no cu

Leite nas tetas

E muitas pesetas.

Buen Ayre en Londres



Hoy salimos a
almorzar con Ale y un amigo de él con quien había trabajado antes, Sergio, argentino también. Ale nos “invitó” a ir a un restaurante argentino, una parrilla, para comer asado. Se llama Buen Ayre.


Nos encontramos en el restaurant con Sergio y el lugar era chico y no había mucha gente. Creo que había tres mesas ocupadas, contando la nuestra. Pero poco a poco se empezó a llenar y prácticamente eran más los ingleses que los argentinos.

Los mozos eran argentinos. Comimos bien, primero unas empanadas y yo pedí un churrasco con ensalada y Ale pidió un churrasco de cuadril con papas fritas y Sergio un bife de chorizo.

Estuvo muy rico todo, notamos que en el menú no figuraba el asado de tira ni tampoco chinchulines pero sí había chorizo, morcilla, cerveza Quilmes y hasta mate cocido.

Cuando terminamos de comer, los chicos le preguntaron al mozo si había postres con dulce de leche. “Si”, contestó y los chicos dijeron “Bueno, traé el tarro!”.

Ellos pidieron flan con dulce de leche y yo queso y dulce de batata! Cuánto tiempo hacía que no comía eso!!! Y mientras estábamos terminando el postre, noté que los mozos, en la barra, estaban tomando mate. Y ahí se me cayeron las medias. Le pedí al mozo que nos atendía si no me daba un mate y me trajo el mate con una tetera chiquita con agua caliente y Sergio y yo estuvimos tomando unos mates, amargos pero deliciosos! En casa tomo mate cocido, pero no es lo mismo!

Fue gracioso, raro, no sé, ver dos ingleses con un paquete de yerba Rosamonte haciéndose un mate cocido. Notamos también que el restaurante estaba lleno y así y todo, seguían llegando gente pero les tenían que decir que no. Y en dos oportunidades vinieron dos parejas que habían reservado de antemano. O sea, parece que es un lugar conocido. Los precios eran un poco más altos que el promedio, pero, claro, la diferencia está en la carne, che.

Al salir, el frío, la lluvia finita y el cielo nublado nos recordó que estábamos en Londres… pero la pancita llena nos hacía sentir un poquito más cerca de Argentina.

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