Johnny Depp


Ni se imaginan!

El viernes pasado fuimos a las 12 de la noche a una librería a comprar el nuevo Harry Potter. Creo que fuimos más para chusmear cómo es un acontecimiento de esa naturaleza. Había bastante gente haciendo cola, luego cuando se hacía la hora empezaban a corear “Harry! Harry!” y a las 12.01 abrieron las puertas y dejaban pasar de a pocos.

PERO…

El sábado fuimos a pasear y paramos un ratito en Leicester Square a tomar un helado y noto que la placita que está en el medio estaba siendo decorada con golosinas gigantes (de plástico, obvio) y estaban poniendo un escenario…y se me prendió la lamparita: “Claro! se está por estrenar Charlie and the Chocolate Factory! Con Johnny Depp!”, Ah, me dije, ésta vez no me lo pierdo.

Me perdí a Tom Cruise en la premiere ahora para el Johnny vengo como sea!

Les pregunté a los de seguridad y me dijeron que la premiere era el domingo, o sea, al otro día a las 4 y media de la tarde.

Por supuesto que fui, me fui metiendo de a poquito entre toda la gente y chicas que estaban ansiosas, gritaban algo, pedían por favor a los actores que les firmaran…hasta que apareció EL y fue un revuelo bárbaro. Gritaban como locas pero cuando él comenzó a firmar autógrafos se calmaron un poco. Y así se fue acercando hasta donde estaba yo, sin lapicera ni papel pero con mi cámara y con el zoom a tope. Estaba bien ubicada, solamente había dos chicas adelante mío y ahí se acercó… flaquito, no tan alto, recontra bronceado con un traje celeste y una boina y anteojos oscuros. Simpático y tranquilo, mientras les firmaba a las chicas de adelante yo lo ametrallaba con mi cámara.

La verdad, en persona no es tan guau pero es Johnny Depp y tendría que tener una conversación con él como para que se me borre esa imagen que tengo de cuando sonrió y mostró como cuatro dientes cubiertos de oro… Qué desilusioncita…

Atentado

Les cuento que hasta ayer yo estaba como sedada pero, no sé, pareciera que ahora me estoy dando cuenta de lo que sucedió. De todas formas e increíblemente, no tengo miedo y sigo viajando a trabajar como siempre.

Ayer en la escuela ni se mencionó lo que sucedió. Quién sabe si está bien, pero les digo la verdad, sirve. Una cosa es estar lejos viendo el horror y otra es tener que estar acá y seguir viviendo.

Así que mi manera de enfrentar esta tragedia es muy inglesa: seguir adelante, seguir trabajando, seguir viviendo.

En las calles sigue todo normal. Está como implícito que si uno se queda en su casa, tiene miedo y no sale es de alguna manera una falta de respeto para quien haya sido víctima del atentado.

Me enteré del ataque en el primer recreo de la mañana, en la escuela donde trabajo. Fue por mis alumnos (niños italianos de 10 a 11 años), que recibieron mensajes en sus celulares de sus padres en Italia, que supe lo que había sucedido. Qué irónico, pensé, en la primer hora les había pedido que dibujaran las cosas que más les gustaba de Londres, y muchos dibujaron el Big Ben, el Parlamento, y al volver del recreo, decidí que continuaran dibujando ya que se los veía bastante tensos.

Yo pensaba: qué hago, cómo hago, cómo se reacciona en situaciones como ésta. Y tuve la respuesta en la calle. En la calle se ve que la vida sigue y que la peor reacción que uno pueda tener es mostrar miedo y pánico: ahí se ve la vulnerabilidad que tanto se aborrece en esta parte del mundo. La gente en las calles sigue tranquila, civilizada, digna. La procesión seguirá por dentro, pero al miedo no se sucumbe.

Y Ale y yo no pensamos tener miedo. Es más, hablamos de cualquier cosa menos de lo que pasó.